Los presos facilitan el plan de alianza PSOE-Bildu

Los socialistas conocían el gesto que preparaban vía Otegi. Para que el pacto madure debe darse el relevo generacional en el partido abertzale

Nada de lo que se está moviendo en el entorno de EH Bildu pilla por sorpresa al Gobierno y al PSOE. Oficialmente, la dirección socialista niega pactos encubiertos, pero sí tiene vías indirectas, o directas, y disfrazadas de indirectas, de comunicación, Uno de los ejemplos más recientes fue la declaración que realizó Arnaldo Otegi con motivo del 10 aniversario del fin de ETA. La información que circuló en ámbitos socialistas era que esta declaración iría acompañada del movimiento que, justamente, el lunes hicieron desde el colectivo de presos etarras, en el sentido de desmarcarse de los homenajes a los terroristas que salen de la cárcel después de haber cumplido su condena. Un gesto que llega tarde, y con ese lenguaje manipulador de lo ha sido y el daño que ha dejado la realidad etarra, pero que tiene su significado y que EH Bildu quiere rentabilizar políticamente.

Esta información, y los canales abiertos en la sombra, es lo que hizo que el Gobierno midiera mal, en un primer momento, el exagerado entusiasmo con el que recibió las palabras de Otegi, en la misma línea, por cierto, que históricos dirigentes del PSE. El Ejecutivo rectificó por la presión social y mediática. Pero el guiño que esperaban llegó este lunes, y forma parte de una estrategia política de EH Bildu que tiene un recorrido a medio plazo, con la vista puesta tanto en el País Vasco como en el Congreso de los Diputados: quieren sustituir al PNV en la alianza con el PSOE.

Los socialistas vascos todavía no están preparados para formalizar esa alianza, aunque sí estén a favor de ir abonando el camino. Necesitan más tiempo para que se limpie más la imagen de las siglas abertzales y un cambio generacional, en el que ya están trabajando en EH Bildu. A día de hoy, el obstáculo es Otegi, prácticamente la principal línea roja que obstaculiza formalizar de manera más evidente un entendimiento que se presentará como de izquierdas, pero que carga con toda la mochila de EH Bildu. Para este próximo ciclo electoral, municipales y generales, es muy posible que esta estrategia no esté madura, pero en la política vasca, donde todos se tienen muy medido el paso, nadie pone en duda la operación. Si bien, oficialmente, se desmiente.

El PNV trabaja ya con ese escenario, y los feos que han recibido por parte de Pedro Sánchez los tiene apuntados como hechos que confirman sus temores respecto al doble juego y ese deseo del socialismo vasco de sustituirles por la vía del pacto con los herederos de Batasuna. Ahora bien, el pragmatismo es la línea que les dirige y ahí se mantendrán.

Si hay oportunidad de traición, llegará, pero, entre tanto, el PNV no tiene alternativa a seguir sosteniendo al Gobierno de Sánchez. No hay alternativa, y mantendrán el pulso con los de Otegi, con movimientos que, como ocurrió en el citado aniversario del fin de ETA, dejen en mal lugar al PSOE porque son ellos, los nacionalistas vascos, los que lideran un discurso más firme en el tema terrorista y la normalización de los de Bildu. El lendakari, Íñigo Urkullu, ya sacó los colores a varios miembros del Gobierno cuando valoró el alcance de las declaraciones de Otegi y desnudó la operación de blanqueamiento de Bildu en la que se han instalado sectores socialistas.

El PNV no tiene otra opción que mantener a Sánchez porque en la ecuación de la derecha entra Vox. No hay ninguna encuesta que abra a Pablo Casado el camino de La Moncloa sin la ayuda del partido de Santiago Abascal, y PNV y Vox son dos términos totalmente incompatibles en esa esquema de gobierno alternativo al de Sánchez. Ni siquiera con apoyo externo y puntual puede ser viable, y no ya tanto por el PNV como por el veto que Vox plantearía al PP respecto a cualquier entendimiento con este partido.

Por tanto, al PNV no le queda más que aguantar e implementar desde el Gobierno vasco una estrategia que le permita recortar el mayor espacio posible a la operación de trasladar al País Vasco modelos como el del tripartito catalán.

Sánchez necesita de un acuerdo con Cataluña, ERC, y con el País Vasco, PNV/EH-Bildu para mantener el Gobierno. Con ERC tiene la mesa bilateral, que volverá a reunirse a partir de febrero. En el PSOE están convencidos de que cuanto más lo dejen enfriar mejor será para sus intereses porque tendrán más fácil manejarlo. Y en el País Vasco, la iniciativa del acuerdo la lleva el PNV. Hasta ahora ha jugado en el terreno económico, pero en la segunda parte de la Legislatura incluirá su vía propia de la llamada «realidad nacional vasca». El modelo catalán no es una opción a seguir, pero sí que pasarán a mover el balón en este terreno. En el juego de malabarismo, el reto de Sánchez será mantener todas las bolas en movimiento sin que se le caiga la que representa el voto no nacionalista ni independentista que necesita el PSOE para mantener el control de La Moncloa.