La tensión con Argelia dispara la inmigración: un 45% más de llegadas

Tras el giro de Sánchez con el Sáhara, crece el número de pateras que cubren la ruta balear desde las costas argelinas

Si se cierra una ruta, se abre otra. Los expertos en inmigración aseveran que los movimientos migratorios hacia Europa es la historia de puertas abiertas y cerradas, de decisiones políticas que influyen en el aumento o descenso de los flujos irregulares. Este axioma explica el cambio de tendencia de la inmigración irregular en nuestro país. Mientras que la ruta canaria se contiene, la argelina se toma vuelo, tal y como los expertos advirtieron.

Así se desprende de los datos del Ministerio de Interior que reflejan una tendencia a la baja continuada del diferencial de llegadas irregulares a España, al pasar del incremento del 79% registrado el pasado 15 de febrero al incremento del 3,3% a 31 de julio. Este incremento es ligeramente superior al registrado en la quincena anterior, pero está muy lejos de los registros de los primeros meses del año. Lo mismo ocurre en las llegadas específicas a Canarias, que han pasado de un incremento del 134% el 28 de febrero a una subida del 27,3% a fecha 31 de julio, levemente inferior al diferencial registrado en la quincena anterior (+27,49%). Sin embargo, el temor a un repunte de la inmigración a Baleares –uno de los destinos de llegada de los argelinos a Europa– se ha cumplido a tenor de los datos. Prueba de ello es que este martes, en solo 24 horas, llegaron seis embarcaciones con 98 inmigrantes, entre ellos cinco mujeres, a bordo. En lo que va de 2022 han arribado a las Islas 49 embarcaciones con 838 inmigrantes. A estas alturas del año pasado lo habían hecho 40 con 578. Es decir, el ritmo ha crecido un 45 por ciento y eso qué 2021 rompió todos los registros previos de la ruta, que vive un despegue sostenido desde 2019 y que marca hitos desde entonces.

El foco migratorio está variando. Si hace unos meses preocupaba la avalancha migratoria en las Islas Canarias, ahora la preocupación se sitúa en el oriente del país. En este sentido, si la presión migratoria fue el factor más relevante para Pedro Sánchez en su decisión de apoyar a Marruecos y resolver el desencuentro con Rabat, este mismo problema promete convertirse en el principal quebradero de cabeza tras el desplante de Argel.

Varios factores explican la reactivación de esta ruta. En primer lugar, la suspensión del Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación suscrito con España en 2002, que en su artículo 12 establece que Argel y Madrid «proseguirá su cooperación en materia de control de los flujos migratorios y de lucha contra el tráfico de seres humanos». Su interrupción incide directamente en el intercambio de información en este área y, además, desde su suspensión no se han producido más repatriaciones de migrantes irregulares llegados a España por mar. Además, implica que los llegados desde Argelia a las costas españolas son dejados en libertad inmediatamente, puesto que las normas españolas impiden la retención si la devolución es imposible. Supone, por tanto, un marco de oportunidades para la inmigración irregular que ya se está traduciendo en un aumento de las llegadas hacia el territorio español más cercano a Argelia, como Almería, Murcia o las Baleares. Por otro lado, la precaria situación que atraviesa Argelia desde el punto de vista económico anima a la población joven a salir del país. Durante los dos años anteriores, coincidiendo con la pandemia, Argelia se convirtió en uno de los principales emisores de inmigración irregular, una tendencia al alza, todavía más si cabe al reducirse los controles en el país de origen. Por otro lado, otro factor que explicaría este aumento está relacionado con la instrumentalización de la inmigración, tal y como se dejó claro en el nuevo concepto estratégico de la OTAN que señaló que la situó como una de las amenazas híbridas de los aliados. Un concepto que impulsó España a raíz de la avalancha migratoria orquestada por Marruecos en mayo de 2021. España no ha sido hasta ahora un destino importante para la migración argelina, que ha estado siempre orientada hacia Francia debido a la relación colonial y el conocimiento del francés entre su población. Sin embargo, en los últimos años se ha producido un continuo aumento de las llegadas irregulares de argelinos a través del Mediterráneo a las costas españolas hasta superar las cifras de marroquíes. En concreto, según Frontex, en 2021 y lo que va de 2022 han llegado por esta vía mediterránea a España 13.000 argelinos y 6.000 marroquíes, en un contexto general de aumento de la inmigración irregular argelina hacia Europa.

Ceuta y Melilla

El otro punto problemático de la inmigración irregular se sitúa en las fronteras terrestres de Ceuta y Melilla. Por vía terrestre han entrado en Ceuta y Melilla de forma irregular 1.722 personas, un 38,8 por ciento más que en el mismo período de 2021. Estos datos incluyen a los 133 hombres de origen subsahariano que saltaron la valla de Melilla en junio que, según las autoridades marroquíes, murieron 23 personas. Los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad marroquíes acabaron en tragedia, como mostraron las dramáticas imágenes que mostraron a los inmigrantes apilados en la frontera marroquí. Además, los saltos en ambas ciudades autónomas registran los mayores incrementos de llegadas en comparación con otras rutas como la canaria que se cierra mientras se abre la argelina.

Pese a este incremento de saltos irregulares, las fuentes consultadas por LA RAZÓN describen la situación como «normal» y «lejos del colapso», pese a la reactivación de sendas rutas en el último año. Desde Delegación de Gobierno de Melilla y Ceuta aseguran a este medio que la capacidad de los Centros de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) está por debajo de la media de su capacidad y que, por el momento, no se registran incidentes ni problemas. En este sentido, el CETI de Melilla tiene una capacidad de 782 plazas y a día de hoy están ocupadas unas 300. En el caso de Melilla cuentan con 480 plazas y, a día de hoy, están ocupadas unas 350. Unos datos que no preocupan por el momento.