Que te vote Txapote

La gente no votó a Sánchez para que se abrazara a los egoístas y delincuentes que quieren romper el orden constitucional

El presidente del Gobierno de España y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, rodeado de personas durante primer acto de la campaña 'El Gobierno de la Gente' en el barrio de Pino Montano.
El presidente del Gobierno de España y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, rodeado de personas durante primer acto de la campaña 'El Gobierno de la Gente' en el barrio de Pino Montano. FOTO: Joaquin Corchero Europa Press

Al paso de Sánchez por un barrio sevillano salió una persona con un cartel que decía: «Que te vote Txapote». No fue un acto épico, ni heróico, ojo, sino el trasfondo de una realidad política. La gente no votó a Sánchez para que se abrazara a los egoístas y delincuentes que quieren romper el orden constitucional, mientras el país se hunde en la peor crisis de los últimos cuarenta años. Las rectificaciones del presidente aceptando propuestas del PP demuestran que no hacía falta para gobernar un sistema de cesión constante a Bildu y ERC. Era posible otra forma de hacer política, incluso de mantenerse en el poder, que pasaba por la dignidad y la sinceridad, por el patriotismo y el sentido de Estado.

Sánchez prefirió lo fácil para la izquierda, que es el sectarismo. Ahora se da cuenta de que no funciona bien y programa un tour. Una vez que Sánchez decide salir del Palacio, de los halagos y genuflexiones pagadas, para estar piel con piel con la gente la tarea es prestar atención y aguantar el chaparrón. Es normal que se presenten personas enfadadas por las decisiones políticas y los errores del Gobierno. Su deber es atenderlas. Lo contrario es de mal presidente.

Alguien incapaz de escuchar a la oposición y a la gente que opina de otra manera no es recomendable. Una persona que responde a las críticas con insultos y desprecios no merece gobernar una democracia. Es indigno soltar que los pitos son «el ruido de la derecha y la ultraderecha política, económica y mediática», que son llevadas del «ronzal» por «las grandes empresas energéticas». Es triste decir esto, insisto, a las puertas de una gravísima crisis. En el mejor de los casos la reacción del presidente fue espontánea. El peor es que los insultos y la degradación del adversario forman parte de su estrategia. Significa que a Sánchez no le interesa gobernar, sino calentar la vida política para esconder sus negligencias y conseguir el aplauso de sus feligreses.

Una vez que ha sacado a Vox de la ecuación retórica porque ya no asusta a nadie, solo queda referirse a una conspiración derechista de los poderes fácticos. Huele a naftalina, ¿verdad? Es curioso que el «progresismo» esté tan anticuado. Todo apunta a que el plan sanchista es apretar las filas tirando de manual peronista.

La base es mostrar siempre una dicotomía. Frente al gobernante magnánimo está el malvado «señor me’opongo», que dice la ministra. A la izquierda está el representante de la sabiduría y la clarividencia, y a la derecha la burricie. A un lado está el portavoz de la «clase media y trabajadora», y al otro el de los «fachapobres», que decía el paniaguado del PSOE. Es de manual, insisto. En su discurso Sánchez preside un esforzado gobierno de la gente contra los poderosos, los ricos y las eléctricas, mientras que Feijóo habla para que ganen «los de siempre». El presidente es el sentido común y la responsabilidad, mientras que la oposición solo hace ruido. Sánchez es el defensor de «este país», y el PP de las grandes corporaciones.

No falta en ese peronismo de Sánchez el toque patriótico. Porque el presidente es la encarnación de la España presente y futura, de esa que trabaja y sufre, de la olvidada por la derecha, de la que mira al porvenir pensando en un mundo ecofeminista y colectivizado. Eso es lo español, dice, la defensa del ciudadano solidario y progresista, del trabajador que se esfuerza por el país, no como la derecha, que no es ni ha sido nunca patriota. Y todo esto para esconder que cede siempre a Bildu y ERC, o que asume como propias algunas de las propuestas que hizo el PP, como la rebaja fiscal del IVA del gas. ¿No sería más fácil que en lugar de hacer una gira para exhibir peronismo, se sentara con el PP a pensar cómo afrontar la crisis?