Opinión

Tomás Gómez

Con Bildu llegó la puntilla

Sánchez llegó a Moncloa con 84 diputados pactando con el diablo, ahora es demasiado tarde para desdecirse

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez
El presidente del Gobierno, Pedro SánchezEP

Otegi ha retirado de las candidaturas a los condenados por delitos de sangre. Pero no es un gesto, ni tampoco resultado de la presión mediática y social. Las listas de Bildu le han estallado a Sánchez en medio de la campaña electoral y los planes abertzales pasan por la permanencia del socialista en la Moncloa.

El último movimiento de Bildu difícilmente va a apaciguar los ánimos, porque hay un malestar de fondo en la sociedad. No es solo que se haya entregado a los independentistas o a Podemos, sino que la presidencia de Sánchez se ha sustentado sobre una amalgama de intereses, todos contrarios a la Constitución de 1978.

Bildu no ha transitado todo el camino que debe para su normalización democrática y la presencia en sus candidaturas de quienes participaron en crímenes es dolorosa para la sociedad española en su conjunto, no solo para la derecha política.

Los ministros socialistas han querido pasar de puntillas, tan solo alguno ha defendido que no existe un pacto del PSOE con los herederos de ETA. Pero numerosas leyes han salido adelante con el voto de Bildu, está demasiado reciente la imagen, junto a ERC, presentando la nueva ley de vivienda.

Sánchez, dándoles focos y protagonismo, contribuyó a crear una idea bastante clara de quién es socio necesario y, por tanto, prioritario. La reforma del Código Penal o los indultos son el resultado de confundir lo que necesita uno con lo que requiere el país.

Muchos dirigentes socialistas están preocupados por las consecuencias que pueda tener el 28 M, pero el daño en términos de país es mucho mayor que el impacto en unas elecciones. En España hace falta que el PSOE vuelva a ser el partido socialdemócrata y de Estado que siempre fue.

Para eso, Sánchez debe cambiar el rumbo, romper con independentistas, populistas y, por supuesto, quitar la llave de la gobernabilidad a los herederos de ETA. El problema es que, aunque prometiese que después de diciembre, si gobierna, no repetirá la política de pactos, le serviría de poco porque su imagen de un líder tal dúctil como su necesidad requiera, está demasiado interiorizada.

Sánchez llegó a Moncloa con 84 diputados pactando con el diablo, ahora es demasiado tarde para desdecirse. Pero no todo lo que ocurre es responsabilidad del líder socialista. Los cuadros y responsables políticos del PSOE, critican en privado pero callan en público, excepto honrosas excepciones. Nadie le dice a Sánchez lo que piensa y eso es un problema.