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El divorcio con Rivera abre paso a un partido de Valls

Ediles del francés y el presidente de Sociedad Civil Catalana abanderarían la nueva marca.

  • Manuel Valls y Albert Rivera durante la manifestación del 18 de marzo de 2018 convocada por Sociedad Civil Catalana
    Manuel Valls y Albert Rivera durante la manifestación del 18 de marzo de 2018 convocada por Sociedad Civil Catalana

Tiempo de lectura 4 min.

18 de junio de 2019. 09:37h

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Toni Bolaño 18/6/2019

La relación entre Manuel Valls y Albert Rivera no era buena. Era un secreto a voces. De hecho, el «habla con Villegas», era un mantra que contaban los miembros de Ciudadanos, siempre en privado. Empezó a resquebrajarse ante la alianza de Vox, PP y Cs en Andalucía. También se fraguó en la confección de la lista electoral liderada por el ex primer ministro francés en Barcelona y acabó rompiendo todos los puentes este sábado, cuando Valls hizo posible que Ada Colau se volviera a hacer con el cetro de mando de la capital catalana gracias a los votos de tres regidores de Ciudadanos, los no militantes del partido: Manuel Valls, Celestino Corbacho y Eva Parera.

Tras la constitución de los Ayuntamientos, Ciudadanos ha dado el paso y ha roto con Valls bajo el argumento de que «hay muy poca diferencia entre Colau y Maragall». Ahora Cs liderará un grupo de tres concejales en el Ayuntamiento de Barcelona, lo que en consecuencia dará más protagonismo a Manuel Valls y menos a Ciudadanos, porque al menos en los primeros meses Colau tendrá muchos problemas para aprobar proyectos porque ERC está instalada en el rencor, sobre todo, el líder barcelonés Ernest Maragall.

Este movimiento de la cúpula naranja parece instalarse en su «no es no», que mantendrá a pesar de las críticas internas, de los artículos de sus fundadores como el de Francesc de Carreras, o de las presiones de Emmanuel Macron, nada satisfecho con los pactos de Ciudadanos con el populismo de extrema derecha de Vox. Sin embargo, este movimiento abre dos escenarios que adelantó LA RAZÓN en pasadas semanas: las críticas internas a los métodos de Rivera y Arrimadas y la posibilidad de que aparezca un nuevo partido.

La situación de Ciudadanos es endiablada. En apenas un año y medio, ha perdido casi todo su capital político. Ganó las autonómicas, pero en este proceso electoral –generales, municipales y europeas– los resultados son malos sin paliativos. En las municipales, Ciudadanos se ha convertido en una fuerza irrelevante. No ostenta ninguna alcaldía y sólo ha sido necesario para consolidar gobiernos socialistas en Sant Vicens dels Horts –pueblo del que fue alcalde Oriol Junqueras–, Cervelló y Sant Andreu de la Barca. En el resto de Cataluña, sus resultados han sido residuales. Tampoco les sonrieron los resultados de las europeas, ni de las generales, a pesar de presentar a Inés Arrimadas en la lista al Congreso de los Diputados por Barcelona.

La portavoz de la ejecutiva naranja y portavoz parlamentaria se lleva todas las críticas. «Nos ha dejado tirados y sin ninguna dirección», afirman militantes del partido. En estos momentos, Carlos Carrizosa y Lorena Roldán han asumido una dirección provisional pendiente de ratificación en unas primarias. Un posible adelanto electoral tiene en ascuas a la militancia naranja, que ha visto cómo en poco más de dos años, los líderes del partido se han ido a Madrid. Primero, se fueron Albert Rivera, José Manuel Villegas y Juan Carlos Girauta. Más tarde, José María Espejo Saavedra, Fernando de Páramo, Jordi Cañas, y, sobre todo, Inés Arrimadas. «Estamos en un escenario de precariedad sin solución a corto plazo», añaden fuentes del partido naranja, que sospechan que Valls está formando su propio partido.

El guía necesario

El entorno de Manuel Valls lo niega por activa y por pasiva, aunque el partido se está formando en torno a un ideario «catalanista, liberal y antiindependentista», volviendo al catalanismo orgulloso de Cataluña y con incidencia en España y en la política española. A pesar del desmentido oficial, Manuel Valls «está informado» del proceso de formación de este nuevo partido. Un grupo formado por Eva Parera –la número cuatro de Ciudadanos por Barcelona– y Josep Ramón Bosch, el artífice de la llegada de Valls a Barcelona y hasta el próximo día 26 presidente de Sociedad Civil Catalana, lideran un grupo «transversal» de entre 20 y 30 personas que están «cocinando» la nueva formación que pretenden presentar en sociedad antes del 11 de septiembre. Este grupo ha entrado en contacto con este espacio político «huérfano» de representantes por la deriva de Convergència, primero, y más tarde del PDeCAT. Sus interlocutores han sido Units per Avançar, hoy con un pacto con el PSC, liderados por Ramón Espadaler; Convergentes, una escisión de la ex conseller de CDC, Germà Gordó; y Lliures, una plataforma liderada por Antoni Fernández Teixidó, también ex conseller en los gobiernos de Pujol, y dejan abiertas las puertas a los nuevos «damnificados» del partido de Puigdemont, aunque también hay quien se opone: «Han abandonado el barco demasiado tarde».

Según estos promotores, el espacio existe y conseguir entre 300.000 y 500.000 votos daría un peso específico en el Parlament –de tres a seis diputados– que pudiera romper «la dinámica de bloques». Su posición política se situaría entre Ciudadanos y PP, por un lado, y PDeCAT por otro. Sin embargo, el gran problema es la ausencia de un líder que bien podría ser Manuel Valls, que en esta campaña ha centrado su discurso en un catalanismo moderado, centrado, liberal y combativo con el discurso oficial del independentismo. Sin Valls en este proyecto, su éxito es más bien dudoso. Las experiencias anteriores han sido un total fracaso y sólo Units per Avançar tiene un cierto papel político por su alianza con los socialistas.

El paso adelante dado por la ejecutiva de Ciudadanos de romper con Valls abre un escenario político y se lo pone más fácil a Valls en el Ayuntamiento y le deja las manos libres para tomar decisiones a corto plazo. De momento, se mantiene en silencio aunque conoce todos los pasos que se están dando. No en vano, Parera es concejal en Barcelona y una de las que le ha secundado en favor de la opción menos mala, Colau, en la capital de Cataluña, que no es «la capital independentista como pretendía Maragall», apuntan fuentes de su entorno.

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