El sueño incumplido de Álex Lequio

El proyecto más ilusionante era su boda con Carola Monje, que tenían prevista para el próximo año. La joven se convirtió, junto a los padres del joven, en su gran apoyo

Sus proyectos profesionales quedaron eclipsados por uno personal que iba a cambiar su vida. Álex Lequio, me recuerda una persona de su entorno, “soñaba con casarse con su pareja, la empresaria Carolina Monje, a la que todos conocemos familiarmente como Carola. Llevaban juntos casi dos años, pero los avatares de su enfermedad rompieron sus planes de convertirse en marido y mujer en 2021. No hablaban del tema, porque se lo reservaban para ellos, y preferían esperar a que el mal evolucionara para bien y les permitiera pensar seriamente en cumplir esos planes de futuro”.

Carola devolvió la ilusión al hijo de Ana Obregón, muy tocado tras romper con su anterior novia en pleno periodo de tratamiento oncológico en Estados Unidos. Supuso un soplo de aire fresco en su existencia. Les unía el amor y el optimismo y la enfermedad no fue un obstáculo para que compartieran ideas y proyectos. Álex fue además el mejor consejero para Carola cuando hace unos meses se estrenó como empresaria del mundo de la moda con una firma que lleva su nombre y que ha sido acogida con los brazos abiertos por la clase media alta catalana.

En la lista de los proyectos incumplidos queda también la intención de la pareja de reeditar aquellas visitas a los parajes más significativos de Cataluña, sobre todo, de la Costa Brava, que descubrieron el año pasado en un romántico periplo inolvidable. Carola no se separó en ningún momento de Álex desde su ingreso en Barcelona. Y le colmó siempre de mimos y caricias. Sabía que la situación era dramática, pero guardaba las lágrimas en el fondo de su corazón, ocultando en presencia del enfermo una realidad inevitable. Junto a ella ha estado en todo momento Ana Obregón y hasta ayer se las vio salir abrazadas y rotas por el dolor del tanatorio Sancho de Ávila, en Barcelona, donde acudieron a darle el último adiós antes de que la actriz y Alessandro Lequio pusieran rumbo a Madrid.

Unidos también por los animales

Monje y Lequio compartían también una vena solidaria. Ambos colaboraban con diversas oenegés y disfrutaban de todo lo relacionado con el mundo animal. Adoptaron un perro, Boby Puchùm, al que, en un gesto divertido, abrieron su propia cuenta en Instagram, en la que colgaban asiduamente fotografías de ellos con el can.

Casi hasta el último momento, Álex siguió trabajando para su agencia Polar Marketing, que se mueve en el mundo de la organización de eventos y la promoción de marcas e influencers con gran éxito. Era un trabajador incansable. Desde su empresa aseguran que “estaba al tanto de todo, aunque fuera desde una habitación de hospital”, y destacan “su entusiasmo ilimitado. Nunca le escuchamos quejarse ni hablar en negativo del cáncer, que él asociaba con la vida más que con la muerte. Nos decía que pronto estaría de vuelta en su despacho... Pero desde hace un par de meses, parece ser que todo se torció. Sacaba fuerzas de flaqueza y de donde, en ocasiones, no tenía. En los últimos días sus fuerzas disminuyeron”. Fue el momento en el que pasó a cuidados paliativos del hospital Quirón de Barcelona. Todos sabían que el final estaba cada vez más cerca.

El miércoles, los restos mortales de eran trasladados al Tanatorio Sancho de Ávila de la Ciudad Condal, donde ayer viernes fueron incinerados. Desde hace quince días, los médicos informaron a los padres del paciente que ya no podían hacer nada más y, según revela uno de sus amigos, “Álex empezó a ser consciente de que el final podía estar cercano”. Y ni su fortaleza ni su optimismo de siempre consiguieron que apartara de su mente el temor a la muerte.

El que Alessandro abandonara su trabajo en Madrid para trasladarse de inmediato a Barcelona despertó todas las alarmas. Algo iba mal. Me vino a la cabeza una frase de Ana: “Álex es mi vida. Por encima de todo nos une una gran amistad. Es un hijo extraordinario. Le quiero con toda mi alma”. Sí, se notaba en su cara y en su sonrisa que le amaba profundamente.

Su larga enfermedad le impidió también cultivar el contacto con sus hermanos paternos, Clemente y Ginevra. Adoraba a los dos, pero tenía especial predilección por la pequeña, con la que compartía horas de juego según él mismo relataba en las redes. Con Clemente, viajero incansable, se comunicaba todas las semanas telefónicamente o por Instagram. La pandemia, y las normas sanitarias restrictivas, impidieron la presencia de familiares y amigos para darle el último adiós. Solo Celia y Amalia, hermana de Ana Obregón, viajaron hasta la Ciudad Condal para acompañarla en estos duros momentos. Pero el tanatorio tan solo permitió el acceso a tres familiares. Finalmente, fueron los padres de Álex, y Carola Monje, los únicos que pudieron despedirse de él.

Álvaro, uno de los amigos de la infancia, le recuerda como “una persona cariñosa, buena, sensible y muy amigo de sus amigos, lo hemos pasado bien juntos y nunca vi desaparecer la sonrisa de su rostro. Era un chico solidario, entregado a los demás. Siempre decía que la fe mueve montañas y que nunca había que perder la esperanza de vivir. No utilizó jamás palabras relacionadas con la muerte y solo hablaba de sus ansias de vivir. Carola era la mujer a la que más ha amado, se entendían a la perfección y quería casarse con ella. Cuando me llamaron para comunicarme su fallecimiento, sentí que perdía a un amigo extraordinario”.