El emocionante regreso de Paz Padilla a la televisión: “La muerte de mi marido no me ha quitado las ganas de vivir”

La presentadora y actriz ha contado cómo vivió la enfermedad de su pareja y cómo se enfrentó a su muerte

El regreso de Paz Padilla a la televisión supone un rayo de luz en una vida de sombras. A base de yoga, sesiones de meditación y fortaleza contra el sufrimiento está saliendo del profundo abismo psicológico en el que le fueron sumiendo las muertes de tres de sus seres más queridos, su madre, su marido y su suegra, fallecidos en este 2020 tan aciago para la popular presentadora.

Un confidencial publicaba el pasado viernes que la gaditana no deseaba regresar tan pronto a la pequeña pantalla y que en Tele 5 corría el rumor de que podría ser despedida por su desplante, pero ese tipo de rumores infundados lo único que logran es agravar aún más si cabe el estado emocional de una Paz que intenta guardarse dentro el inmenso dolor que siente por fuera.

La noche de este sábado el plató del “Deluxe” fue un cúmulo de cariño y emociones, incluso alguno de los presentes fue incapaz de aguantar las lágrimas. Volvía una mujer muy querida, la entrañable juerguista y la presentadora más divertida y “payasa” de la pequeña pantalla. Todo corazón y sentimientos.

Aflora la sensibilidad extrema al recordar a los que se fueron, a los que nunca volverán, a la madre que fue amiga, al gran amor de su vida y a la suegra que resultó ser una segunda madre. Tanto dolor puede convertir a quien lo sufre en un muerto en vida, pero Padilla, a base de coraje y resignación supo resucitar a tiempo. Una de sus últimas imágenes en su Instagram lo dice todo: “Encontrando paz en mi interior”.

Dentro de unos días regresará a su labor como conductora del “Salvame” diario, allí se la espera con los brazos abiertos. Su trabajo como actriz acabó tras el rodaje de la nueva, y posiblemente última, temporada de la serie “La que se avecina”, donde ha dejado un poso de cariño extraordinario.

En el “Deluxe” encontramos a una Paz muy tranquila, filosófica incluso, asumiendo que “la muerte forma parte de la vida” y sin querer enfrentarse en directo a las imágenes de su vida en común con su marido Antonio. “Le amaba, le amo y le amaré siempre, cuando miro su imagen sale todo el amor que necesito, estoy triste, en el comienzo de un nuevo camino, Antonio ha muerto, si, pero no se me han quitado las ganas de vivir”.

Durante la enfermedad de su pareja, confiesa, “salía al jardín a llorar para que él no me viera. Le hicieron una resonancia y detectaron un tumor, y sin la menor delicadeza me dijeron que le quedaba poco tiempo de vida...”.

Ha necesitado ayuda psicológica: “se ha muerto mi alma gemela, el amor de mi vida, he llegado a pensar que llegue a su vida para ayudarle a morir”.

Nunca quiso desvelar el cáncer de Antonio a sus compañeros de televisión, para “protegerle de todo”. Antonio “reaccionó con dos cojones al enterarse de su enfermedad. Y me entregó unos últimos ocho meses maravillosos. Él aprendió a conocerse y a llevarse amor, sabía que se estaba muriendo, no se le ocultó nada. Al principio tuvo miedo, después no.”

Paz quiso “que fuera una muerte bonita y una despedida preciosa. Algo que me dejará un buen recuerdo. Le dije a Antonio: cariño, espérame, que luego iré yo”. Y viajaron juntos a Bora-Bora en un viaje postrero lleno de emociones.

“El día del adiós definitivo, yo quise que muriera en casa, acompañado por mi, por su hermana... se fue yendo y entendí que había pasado a otra dimensión. Yo se que volveremos a encontrarnos algún día, siento todavía su amor”. El tanatorio se llenó de flores, coronas de familiares y amigos y otras muchas anónimas.

A Antonio “no le gustaría verme triste, me ayudo a tener paz y serenidad, y quiero reír, aunque todavía no he dejado de llorar. Como me enamoré de mi Antonio no volveré a enamorarme jamás”.

Sueña con él, “que le amo con locura, se me borraron las imágenes de la muerte y me quedan las del hombre guapo y fuerte. Su esencia está ahí”. En el recuerdo quedan largas charlas de pareja, la aceptación de la muerte como continuación de la vida, los momentos cargados de cariño y un sentimiento, el amor, que será eterno. Ella sabe en su fuero interno que “Antonio quiere verme feliz”.