Isabel Preysler y Julio Iglesias: giras en autobuses, malas carreteras y un final previsible

Hoy se cumplen 50 años de su boda. Él se llevó «lo mejor de su vida» y ella atesoró tres hijos en los que centró toda su atención. «A Isabel se la culpó de la separación, pero no fue justo, es él quien no estuvo a su lado». Esta es la verdadera historia contada por sus íntimos de la época

Boda de Julio Iglesias e Isabel Preysler
Boda de Julio Iglesias e Isabel Preysler FOTO: Gtresonline Gtresonline

Isabel Preysler tiene una escritura elegante, como un pendolista, producto de su educación en un colegio de monjas. Le gusta el chocolate negro. El viernes se da el día libre para comer lo prohibido: hamburguesas o sándwiches. Termina el día con una dosis fija de pastillas, junto a una tortilla francesa, y añade una pastilla de calcio de color rosa –“La tomo porque a mi edad es muy bueno para los huesos”–, más una de colágeno, que es de color beige clarito –“y es necesaria para la piel porque el colágeno lo vamos perdiendo, así ayudo a regenerarla, ganar masa y tono muscular y, de paso, fortalezco los huesos, articulaciones y arterias”–. Completa el pastillero con una redonda y blanca de magnesio “que ayuda a fijar el calcio en los huesos, además de ser un antiácido y laxante”.

El escritor Mario Vargas Llosa e Isabel Preysler en Marbella.
31/08/2017
En la foto paseando de la mano
El escritor Mario Vargas Llosa e Isabel Preysler en Marbella. 31/08/2017 En la foto paseando de la mano FOTO: KMJ/KMA GTRES

Por último, le da las buenas noches a Mario y se retira para hablar con alguno de sus hijos que viven en Estados Unidos. Estas particularidades de Preysler las hemos ido conociendo a lo largo de los cincuenta años que han pasado desde que llegara a nuestras vidas a raíz de su boda con Julio Iglesias.

El cantante, diez años mayor que Preysler, había ganado Eurovisión con “Gwendolyne”, la canción que le dedicó a Isabel el día que comenzó a cortejarla. Un encuentro del que fue testigo Tomás Terry: “Ellos se habían visto en casa de los Olmedilla, los padres de la actual condesa de Terranova, pero donde se hablaron por primera vez fue en la fiesta que organicé en el stand de los vinos de mi familia del Puerto de Santa María, en la Feria del Campo. Invité al marqués de Cubas, Paco de Lucía, Jaime de Mora, Julio Ayesa, que vino acompañado por Julio Iglesias, Camarón y Lola Flores. Y en un momento dado, Julio cogió el micrófono y le cantó ‘Gwendolyne’ a Isabel, pero el momento estrella no fue ese, sino cuando Lola Flores se levantó y le dijo: ‘Ahora voy yo’, y se arrancó con un ‘Gwendolyne’ a su manera”, recuerda Terry.

El cantante dedicó canciones como Gwendolyne a Preysler. EFE ///Sólo uso editorial///
El cantante dedicó canciones como Gwendolyne a Preysler. EFE ///Sólo uso editorial/// FOTO: Editorial EFE

Según Julio Ayesa, “fueron novios un par de meses, enseguida se casaron pero a la familia de Isabel no les gustaba Julio”. Con Isabel el refrán de “novia mojada, novia afortunada” no se cumplió porque aunque jarreaba en Illescas, Toledo, el día del enlace, el matrimonio solo duró siete años. Luego supimos que el efímero noviazgo entre la joven filipina y el cantante fue tan corto porque ella estaba embarazada. Una boda “de penalti”, las cosas de la época, pero también “debió de ser una cosa de pasión, porque los niños vinieron muy seguidos”, cuenta Tomás Terry.

Otra vida, además de Julio

Ese 29 de enero de 1971 fue el principio del despegue mediático. No fueron comienzos fáciles. Iglesias era apuesto y tenía éxito con las mujeres, pero necesitaba un empujón, por eso le pidieron a Julio Ayesa que hiciera de embajador e introdujese en los salones de la buena sociedad al cantante. “Yo llevaba a Julio a las casas de mis amigos ricos, que hacían fiestas estupendas, y ahí cantaba o se quedaba dormido en el sofá”, revela Ayesa. Isabel le acompañaba en las giras en autobuses y por carreteras malas, pero cuando tuvo los tres hijos, empezó a quedarse en casa.

Preysler sabía que había otra vida que le estaba esperando con sus amigas Chata López, María Calleja o Carmen Martínez-Bordiú. Mientras el matrimonio hacía aguas, las fanes oían a Julio cantar “me olvidé de vivir…” y a sus fans gritarle “pues déjala”. Así que Manuel Alejandro le puso letra a la separación, pero dejando que Julio se despachase con un “lo mejor de tu vida me lo he llevado yo”. Tomás Terry fue testigo de la historia: “Julio basó mucho su éxito en esas canciones. A ella se la culpó de la separación, pero no fue justo. Estuvo a su lado y es él quien no estaba”.

El marqués de Griñón consiguió la nulidad eclesiástica para casarse con Isabel Preysler
El marqués de Griñón consiguió la nulidad eclesiástica para casarse con Isabel Preysler

Aunque ella no era muy religiosa, solo le pidió una cosa antes de casarse al que sería su segundo marido, Carlos Falcó: que le ayudase a conseguir la anulación eclesiástica de Julio. Eso hizo el marqués de Griñón y luego se trasladó a vivir a casa de Preysler. “Era complicado”, me contaba Griñón hace un par de años. “Tuvimos que levantar un piso para vivir todos. En la primera planta, a la izquierda, vivían los dos mayores míos, y a la izquierda, los tres pequeños de Isabel y el bebé, Tamara. Un día, el padre de Julio Iglesias quiso pasar una tarde en casa y estuvo allí observando todo. Cuando se fue me dio un abrazo y me dijo que la casa era el hogar de una familia. Julio quiso conocerme. Cuando nos presentaron en Miami, recuerdo que me abrazó y me dijo que sus hijos me querían mucho, él consideraba que había sido un buen padre para ellos. Julio compartía mesa con Don Juan Carlos y le comentó al Rey que le gustaría conocerme. Su Majestad me llamó y nos presentó, es cuando me dio un larguísimo abrazo”.

“El despertar de su carne”

Como nos dijo a LA RAZÓN Manuel Alejandro: “Julio se llevó su experiencia primera, el despertar de su carne, y eso fue así, dada su edad y su juventud. Isabel descubrió el amor por Julio. Él le canta a Isabel y le dice ‘fuiste mía, sólo mía, cuando tu piel era fresca como la hierba mojada, fuiste mía cuando temblaban tus manos cuando me acercaba’. Era la salida de la niñez de Isabel y refleja que Julio disfrutó de todo aquello que empezaba a vivir. No lo puede decir de otra manera porque fue verdad”.

A partir de esa relación con Julio Iglesias, nació la leyenda de Isabel Preysler. Ya es historia la competición de ambos por acaparar portadas o los fichajes publicitarios. El más sonado fue cuando la empresa cerámica líder, Zirconio, fichó a Julio y una casi desconocida Porcelanosa contrató a su ex mujer. Cuarenta años después, Zirconio es historia y Preysler se mantiene como reina del azulejo. Ella, que no tiene manager, negocia directamente sus contratos y fue la comidilla de la sociedad madrileña. Apodada como “la filipina”, a la que temían las señoras bien, sigue siendo la número uno del mundo “influencer vintage” y, como dice Tomás Terry, “siempre ha sido muy civilizada con sus maridos, ha sabido inculcar eso a sus hijos. Tiene una habilidad maravillosa porque los hijos de sus tres maridos se adoran y se han llevado divinamente con las nuevas parejas de Isabel”.