Santiago Pedraz, el pintor daltónico bajo el influjo del amor

Una vez más, el juez vuelve a sorprender descubriendo una faceta inédita en su vida: la de artista

Esther Doña y Santiago Pedraz asisten a la fiesta que organiza Moët&Chandon Effervescence para celebrar la Navidad en el Teatro Real, a 2 de diciembre de 2021, en Madrid, España.
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Raúl Terrel / Europa Press
02/12/2021
Esther Doña y Santiago Pedraz asisten a la fiesta que organiza Moët&Chandon Effervescence para celebrar la Navidad en el Teatro Real, a 2 de diciembre de 2021, en Madrid, España. PHOTOCALL;GALA;EVENTO;NAVIDAD;GENTE Raúl Terrel / Europa Press 02/12/2021 FOTO: Raúl Terrel Europa Press

El juez Santiago Pedraz acostumbra a romper con lo convencional, también en el modo de declarar su amor. Donde otros colocan unos versos, él ha combinado líneas y colores sobre un lienzo enmarcado que titula «Sueño infinito. Locura pulmonar». La destinataria es su pareja, Esther Doña, que lo luce «tremendamente orgullosa» sobre una de las paredes de su casa y comparte su contento con los 11.300 seguidores en su cuenta de Instagram. Como arte abstracto que es, tiene su propio significado y un lenguaje autónomo. Es de suponer que el instructor de la Audiencia Nacional despliega en ella su personalidad más volcánica y pasional.

Aunque la mayoría descubre ahora su faceta artística gracias a las respectivas cuentas de Instagram de la pareja, esta no es su opera prima. Su afición viene de lejos y siempre tiene a mano un lienzo con el que entretenerse mientras ve la tele, toma un café o disfruta de una cerveza. Entre rato y rato, compone su arte. Para sus amigos, esta faceta artística no era ningún secreto y, de hecho, más de uno ha sido obsequiado con alguna de sus obras. No están a la venta y tampoco tiene intención de exponer en ninguna galería. Pinta por puro deleite.

En Instagram ha mostrado otras de sus creaciones, como «Sobre la elocuencia de una cruz vulgar. Filomena 2021» o «La impostura del universo interior». El primero fue pintado durante la gran nevada en Madrid, en enero de 2020. El otro es un regalo para la familia Doña, según comenta ella. Son obras en las que a veces invierte unos días, otras veces meses, según explican a LA RAZÓN fuentes cercanas. En cualquier caso, es un «hobby» que usa como antídoto contra el estrés y se considera «tremendamente tímido para presentarlos en una galería», a pesar de haberse decidido a publicarlos en Instagram.

La respuesta del público ha sido de asombro, pero un artista abstracto no busca una reacción universal o inequívoca, sino que deja su obra abierta a la interpretación y ahí está, en parte, el encanto de estas pinturas. El autor se libra en ellas del peso de los objetos. No hay flores, edificios, personas o paisajes. Precisamente el arte abstracto tiene como peculiaridad su indefinición. El artista se involucra más en el color, las líneas, las formas y la textura. El contenido de Pedraz puede parecer confuso e incomodar al espectador, pero tanto la intención como el mensaje implícito es un asunto exclusivamente íntimo y privado.

El rasgo que más ha sorprendido en esta faceta del juez es el juego cromático. La explosión de color escapa a los umbrales de la normalidad y existe un motivo: su daltonismo. Se trata de una alteración que impide ver los colores de manera normal y afecta, en diferentes grados, a unos 350 millones de personas en el mundo. En su versión más extrema, la paleta se reduce a blanco y negro. Esta afección en el mundo del arte suele reflejarse en el uso de contrastes, texturas, sombras y brillos con los que los autores intentan compensar la excitación que deberían dar el manejo corriente de colores.

Para cualquier cerebro humano, capaz de distinguir miles de tonalidades si tiene una visión normal, resulta muy complejo entender cómo ve una persona daltónica o qué criterios sigue en su elección. ¿El juez Santiago Pedraz usa los colores de forma arbitraria o ha preferido limitar la paleta cromática a unos cuantos que le resultan más familiares? No ha dado aún demasiados detalles de su proceso creativo, pero sería interesante saber de qué modo entiende el color. Tal vez ahí está la razón de por qué prefiere ser autodidacta a dar unas clases para mejorar su técnica. De paso, se permite el privilegio de que nadie más verá su arte con sus mismos ojos.

Muchas de las pinturas más conocidas se atribuyen a esta condición u otro defecto en la visión en sus autores. En los rostros alargados de El Greco pudo influir su severo astigmatismo sin corregir. Las cataratas de Claude Monet también marcaron una etapa de su impresionismo, igual que la degeneración macular de Edgar Degas, también impresionista. Y según algunos estudios, la peculiar percepción del color y de la luz de Van Gogh se explicaría por su daltonismo. Así de esta forma tan artística, Santiago Pedraz arranca el 2022.

La mayoría de los daltónicos perciben el mundo con un espectro lumínico más amplio, con una gama de tonalidades mayor. Es lo primero que se aprecia en la obra pictórica de Pedraz. Durante la Segunda Guerra Mundial, se decía que las personas con esta visión detectaban mejor el camuflaje porque captaban el contraste de luces y sombras. Décadas después, científicos de Cambridge confirmaron que la anécdota podría ser verídica, pues descubrieron en estas personas una mayor sensibilidad para detectar ciertas combinaciones de colores.

Todo ello ayuda a comprender la osadía de Pedraz en el uso del color y su habilidad para crear efectos cromáticos de tal intensidad, a pesar de utilizar una paleta más limitada. Visto así, su daltonismo jugaría a su favor, sin perder de vista que el arte es siempre es una expresión muy individual.