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Las joyas de los Franco, a la venta sin subasta

Descubrimos el collar, valorado en 250.000 euros, de la marquesa de Villaverde. ¿Logrará venderse?

Carmen Polo, en la reapertura del Teatro Real en 1966
Carmen Polo, en la reapertura del Teatro Real en 1966 FOTO: FDM/APPS /Leemage ©FDM/APPS/Leemage

Hace unos días, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, afirmaba que él pasaría a la historia, entre otras cosas, por haber sacado al dictador Francisco Franco del Valle de los Caídos (renombrado Valle de Cuelgamuros). Será la propia Historia y los historiadores quienes decidan los motivos por los que el líder socialista deberá aparecer en los libros de texto, pero lo que sí que está claro es que todo lo que atañe a los Franco, al menos hasta el día de hoy, asegura más de una página de periódico. Es el caso, por ejemplo, de las joyas de la familia.Transformados los Franco en «la familia real» española durante los años de la dictadura, tanto Carmen Polo como su hija, Carmen Franco, se convirtieron en la cara «amable» del Palacio de El Pardo, y para ello no tuvieron problema en recurrir a los más exquisitos diseñadores, como es el caso de Cristóbal Balenciaga, amigo personal de la mujer del Generalísimo, o lucir grandes fantasías de joyería, que según aseguraba Jimmy Giménez-Arnau, se custodiaban en un cuarto de unos 40 metros cuadrados.

Cada cierto tiempo, estas piezas vuelven a salir a la luz (o unas sospechosamente idénticas), como es el caso de uno de los collares más espectaculares que lucieron muchas de las mujeres de la familia y que está actualmente en la repisa de una conocida joyería de Madrid. Se trata de una pieza que, como informa el experto en joyería, Pablo Milstein, se realizó en 1920 con 18 perlas naturales y diamantes: «Se trata de una pieza en la que destaca su elegancia y equilibrio», asegura este gran conocedor del joyero de la familia.

Una de las primeras imágenes de las que tenemos constancia de esta joya data de octubre de 1966, cuando la lució Carmen Polo para la reapertura del Teatro Real. Con posterioridad, y en versión tiara, la llevaría su hija para la boda de la elegantísima vizcondesa Jacqueline de Ribes, y hasta la propia Audrey Hepburn pudo contemplar la belleza de esta pieza, ya que compartió mesa y mantel con la marquesa de Villaverde. Una estimación de su precio actual son 250.000 euros.

La pieza sería luego también protagonista de las bodas de Mariola con Jaime Ardid Villoslada (el último casamiento al que asistió Franco) y la de «Francis» Franco con María Suelves. Según se comentó, el collar acabaría en manos de Mariola, que se desprendió con el tiempo de ella, motivo por el cual ha acabado en manos del anticuario Martin du Daffoy, que presentó el diseño hace unos días en la feria Fine Arts París & La Biennale. Unos meses antes, en Ginebra, se había vuelto a ver el espectacular conjunto de cinco esmeraldas colombianas y diamantes de corte art decó, que se relaciona con Cartier, que es, posiblemente, la joya más conocida de todas las que atesoraba Carmen Franco. En este caso era el joyero suizo Ernst Färber quien ofrece el collar a la venta.

«La colección de los Franco no tiene piezas históricas como las de Imelda Marcos o espectaculares y de firma como la de Eva Perón», asegura Milstein, que también reconoce que «Carmen Franco dejó unos 283 lotes de joyas más dos enormes cajas de bisutería montada en plata pensadas para viajar».

La tiara de Carmencita

De hecho, él fue recientemente noticia por descubrir que la famosa tiara que lució Carmen Martínez-Bordiú en su boda no era todo lo lujosa que pensábamos, ya que aquellas famosas esmeraldas eran en realidad de pasta con fondo verde: «La historia de la tiara de la duquesa de Cádiz me la contó hace unos 20 años a mí su madre. Una noble que hacía vida de corte se veía obligada a cambiar constantemente de joyas, lo que suponía un gasto muy importante. Por eso se optó por la opción de pasta». En esa misma boda, Carmen Franco lució el collar de perlas en versión corsage, pendido de su escote.

Suele ocurrir que los grandes apellidos incrementen el valor de las piezas que salen a la venta. Eso sucedió con la espectacular subasta de las joyas de Wallis Simpson o con los vestidos de actrices como Audrey Hepburn, Marilyn Monroe o el que saldrá en la casa Kerry Taylor de Londres, el Dior para Elizabeth Taylor con el que la actriz recogió su Oscar por «Una mujer marcada», en 1962. Pero no es el caso, al parecer, con los Franco: «No creo que se revaloricen debido a quien pertenecieron. Pasó con las esmeraldas que se sacaron a subasta y cuando la prensa descubrió que eran de Franco se perdió el interés». Desde su punto de vista, de hecho, la que podría ser la pieza más interesante todavía no la hemos visto: «Yo creo que sería el brazalete de diamantes que solía lucir como diadema y que llevó la marquesa a la boda de Fabiola de Bélgica». Lo cierto es que la venta de joyas de grandes familias no es algo extraño, aunque siempre acapara titulares. Lo hemos visto con los Franco, pero también con los diversos diseños parecidos a los de algunos miembros de la Casa Real, entre los que destaca, por su vinculación con el régimen, el broche de Sterlé de la Reina Sofía, que nunca llegó a venderse. ¿Quizás la familia Franco tiene una maldición en las subastas?