Madrina

Carolina Molas: la otra protagonista de la boda de Tamara que huye de exclusivas

La empresaria, madre de Íñigo Onieva, desea mantener un perfil discreto en un enlace que será vendido a una revista

Iñigo Onieva y su madre Carolina Molas
Iñigo Onieva y su madre Carolina MolasGtres

Después de la debacle del vestido de Tamara Falcó, su futura suegra sí que apuesta por el diseño español y como ya adelantó «La mañana de Federico» irá vestida de Lorenzo Caprile en el día más importante de su hijo, Íñigo Onieva. Una apuesta por la moda nacional para una mujer que nunca hace intercambios con ninguna casa y que lo que lleva es porque ella lo paga, algo que es cada vez más inusual cuando se trata de personajes con una mínima proyección pública.

La futura madrina de la boda del año no va a llevar mantilla –como suele mandar la tradición en este tipo de bodas–, pero seguro que acierta, y mucho, con el que se autodenomina «costurero» y que es uno de los diseñadores más prolíficos y deseados por la alta alcurnia. En la retina de todos están las imágenes de Letizia Ortiz en su momento, nuestra Reina ahora, con un fabuloso vestido rojo, en la boda del heredero al reino de Noruega, antes de protagonizar la suya propia.

O el bombazo del vestido que le hizo a la Infanta Elena para la boda de Victoria de Suecia con su entrenador personal hace ya más de una década. Fue sin ningún tipo de dudas la reina de la fiesta, y se hicieron eco de ello todos los medios nacionales e internacionales. ¿Cómo olvidar ese espectacular vestido rosa fucsia y esa chaqueta torera de inspiración goyesca?

Seguro que Carolina Molas dará mucho de qué hablar, y bien, de su vestido. Es un acierto estupendo, ya que Lorenzo Caprile es costura, es buen hacer, es patronaje, es cuidado al detalle, es control de tejidos y es diseño «Made in Spain». Recordemos que va a ser una suegra muy joven, tiene apenas diez años más que su futura nuera, por lo que será sencillo robarle (siempre involuntariamente) protagonismo a la novia y a su consuegra, la socialité Isabel Preysler, que es dos décadas mayor que ella.

Sin retoques

Y a sus cincuenta y cuatro años, Carolina Molas luce espectacular. Es una mujer muy estilosa, que sabe vestirse bien y con mucho gusto. Es una belleza natural, de las que tanto escasean en tiempos de bótox y demás agujas e infiltraciones, ella no se ha retocado nada. Tiene además un tipo muy bueno, delgada por naturaleza, pero fibrosa y en forma. Recordemos que en la fiesta de pedida de los novios fue espectacular de Giambatista Valli, y fue la única invitada que no se dejó ver ante los curiosos y fotógrafos que se agolpaban ante su puerta. Molas es empresaria y no tiene ninguna intención de dar el salto al «cuore» patrio.

Carolina Molas durante su cumpleaños
Carolina Molas durante su cumpleañosInstagram

Eso sí, naturalidad al poder. Tanto que prefiere que se vea cómo sale de su casa, que posar en las revistas. Es natural, muy discreta y desde luego, no le gustan nada los excesos. Sufrió mucho cuando se rompió el «engagement» y sobre todo supo lo que es el acoso mediático en sus carnes y en las de su familia, pero con una educación exquisita y la discreción por bandera, ha sabido sortear todos los baches; acompañar a su hijo en el peculiar vía crucis que padeció, y, ahora, será la persona que esté a su lado apoyándole, y mostrando la cara más orgullosa de una madre viendo como su retoño se casa con el amor de su vida.

Ella ha visto también cómo la prensa publicaba informaciones erróneas sobre su persona y no se ha molestado en desmentirlas. Hablamos del bulo que habla de que la casa de La Moraleja es propiedad de su exmarido, cuando es suya, o de que el padre de sus hijos es un empresario que vive en México, cuando reside desde hace años en Palma de Mallorca.

Lo que nadie duda es que la madre de la novia, que ahora se ha lanzado más que nunca y da el salto al «streamming» abriendo su mansión del madrielño barrio de Puerta de Hierro, va a tener una competencia espectacular ese día, porque Carolina es muy elegante, y de esa manera que tanto gusta, al estilo de las francesas, con ese «je ne sais quoi» o como dicen en Estados Unidos, «effortless».

De madre rabiosamente guapa, retoños muy guapos, porque sus hijos, que son su orgullo, también tienen muy buena facha, desde el futuro novio, al discreto Jaime pasando por su hija actriz, Alejandra Onieva, que es un auténtico bellezón. Pero lo que más le importa es que sean felices. Que viva el amor y el diseño español en el que será uno de los eventos más esperados de este 2023.