
Ostentación
Donald Trump traslada la fiebre del oro al Despacho Oval
Su gusto estético preocupa especialmente ante el anuncio de un gran salón de baile en la Casa Blanca

La obsesión por el dorado de Donald Trump deja intuir, al menos en parte, su expansiva y ambiciosa personalidad. Más que una estética con la que baña el Despacho Oval de la Casa Blanca, es un lenguaje cargado de simbolismo. El oro, tradicionalmente el signo del lujo, transmite grandeza. Es el sello de identidad que ya estampó en la Trump Tower y también en sus jets y resorts. Era lógico de esperar que llevase su marca a este despacho, el espacio donde se funde lo político con lo personal.
Cada vez más recargado
Desde que asumió su segundo mandato presidencial, Trump ha ido transformó el Despacho Oval en un espacio cada vez más recargado y opulento, con el dorado como protagonista tanto en la decoración como en los elementos arquitectónicos.
El 28 de febrero, cuando reprendió al presidente ucraniano Volodímir Zelenski, el brillo se limitaba a algunos adornos en la repisa de la chimenea.

El 7 de abril, cuando el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, visitó la Casa Blanca, la chimenea tenía una ligera incrustación de adornos brillantes que parecían crecer lateralmente sobre su superficie de piedra. A mediados del verano, el presidente filipino, Ferdinand Marcos Jr., llegó a la Casa Blanca y ya se vio que había adornos por todas partes, horizontales y verticales en las paredes, puertas y prácticamente cualquier superficie plana.

Fotografías recientes muestran que toda la oficina ha sido bañada en oro, incluyendo las puertas con paneles y los frisos sobre las entradas principales. Trump ha recibido críticas en las redes sociales por la profusión de ornamentos y los excesos barrocos del pan de oro, pero no las recibe bien. El músico Jack White recibió una advertencia de la Casa Blanca por sugerir que es de mal gusto: "Ahora es un vulgar camerino de luchador profesional, bañado en oro y ostentoso", escribió en una publicación de Instagram el 19 de agosto.
Lo peor está por llegar. Trump pretende añadir un enorme salón de baile a la Casa Blanca y, al parecer, también estará revestido de oro. El dorado de la Casa Blanca, tanto en los detalles arquitectónicos existentes como en los ornamentos recién aplicados, parecen superficiales y podrían eliminarse. Sin embargo, otros cambios en el Despacho Oval, junto con alteraciones más sustanciales, como dos nuevos mástiles monumentales para banderas y la pavimentación del Jardín de Rosas, están generando gran incertidumbre de cara a ese plan mucho más ambicioso de levantar un gran salón de baile de más de 8.000 metros cuadrados, que ampliarían considerablemente el Ala Este.

El 5 de agosto, el Instituto Americano de Arquitectos, encargado por el presidente Theodore Roosevelt con el objetivo de ejercer una "vigilancia perpetua" sobre la Casa Blanca, exigió transparencia, apertura, supervisión y cumplimiento de las normas profesionales y legales en el diseño y la construcción del salón de baile.
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