Trump reabre el diálogo talibán por Acción de Gracias

En un viaje sorpresa a Afganistán, el presidente de EE UU asegura que los islamistas quieren la paz

En el señalado día de Acción de Gracias, el presidente Donald Trump viajó por sorpresa a Afganistán. La visita al país centroasiático es la primera desde que asumió el poder en 2017, y con ella buscó apoyar a las tropas desplegadas allí. Trump, acompañado de sus asesores y un grupo de periodistas en el Air Force One, voló desde la base Conjunta Andrews directamente hasta la base de Bagram, un viaje que duro cerca de 24 horas. En Bagram, al noreste de Kabul se encuentra desplegado un contingente de fuerzas especiales que luchan con los talibanes. Tras aterrizar se reunió con el presidente afgano en funciones, Ashraf Ghani, y anunció su intención de volver a la mesa de negociaciones con el grupo insurgente.

Horas antes del aterrizaje por sorpresa de Trump, dos explosiones sacudieron el norte de Afganistán matando a 16 civiles, la mayoría mujeres y niñas. Se trató de un artefacto explosivo improvisado que estalló al paso del vehículo en el que viajaba el grupo de mujeres para asistir a una boda. El segundo atentado fue un suicida contra puesto de control militar en la provincia de Sari Pul, donde murió un soldado afgano.

El presidente de EE UU rompió unilateralmente las conversaciones de paz con los talibanes hace tres meses a consecuencia de un atentado en Kabul en el que murió un soldado estadounidense y 11 civiles. A Ghani le dijo que confía en poder llegar a un «acuerdo» para poner fin a la guerra en Afganistán, que se dilata por más de 40 años. «Los talibanes quieren llegar a un acuerdo, y nos estamos reuniendo con ellos», reveló Trump. El inquilino de la Casa Blanca confirmó su voluntad de reducir el número de militares desplegados en el país asiático a 8.600, sin facilitar una fecha para este repliegue. Se reunió además con los soldados desplegados en la base aérea y compartió con ellos el sagrado pavo de Acción de Gracias.

Afganistan acaba de salir de unas elecciones presidenciales, donde todavía no se conocen resultados, marcadas por la violencia del grupo talibán que rechaza negociar directamente con el Ejecutivo afgano al que tilda de títere de Occidente. Los talibanes ponen como condición para las negociaciones de paz la retirada total de fuerzas extranjeras del país. Desde la invasión de EE UU de 2001 para derrocar al régimen talibán han muerto 2.400 soldados estadounidenses.

A día de hoy, los talibanes controlan casi la mitad del territorio afgano y perpetran ataques casi a diario contra las fuerzas de seguridad y el gobierno, pero también matan a docenas de civiles.

Este 2019 está siendo de los más violentos. En los ocho primeros meses del año, al menos 167 efectivos de las Fuerzas de Seguridad afganas han muerto o han resultado heridos por 49 ataques realizados por simpatizantes talibán infiltrados entre sus filas. En cuanto a civiles, desde principios de año se han contabilizado un total de 2.563 fallecidos y 5.676 heridos, pero ha habido un repunte en el último trimestre, cuando las cifras se dispararon con 1.174 muertos y 3.139 heridos.