Merkel aboga por la solidaridad europea para superar la crisis del coronavirus

La canciller alemana insta a cerrar el acuerdo sobre el Fondo de Reconstrucción durante su discurso ante el Parlamento Europeo

La canciller alemana, Angela Merkel, está dispuesta a componer una nueva melodía estos próximos seis meses después que su país cogiera la batuta del club comunitario el pasado 1 de julio. La canciller alemana siempre ha evitado los discursos grandilocuentes y proféticos. También los saltos al vacío y los fuegos artificiales. Siempre se ha presentado a sí misma como una líder fiable y pragmática. Un ancla de estabilidad con ninguna concesión a las falsas promesas ni a veleidades frívolas, según sus defensores. Una líder a su pesar, con poca visión de futuro y paso corto, según sus detractores. Una política que reconforta, pero no que ilusiona, según un análisis más o menos ponderado.

En la recta final de su carrera política, Merkel sorprendió ayer en el Parlamento Europeo con un discurso fuertemente europeísta que llega en un momento clave del proyecto de integración europeo. Ha llegado el momento de la épica, no sólo de la gestión. “Soy melómana y es una alegría que la presidencia alemana caiga en un momento especial. En diciembre, Beethoven hubiera cumplido 200 años. La Quinta Sinfonía es siempre nueva, cada vez que la oiga descubro cosas nuevas que me impresionan y lo mismo me pasa con la UE”, reconoció ayer la canciller en el cierre de su discurso tras haber definido el club comunitario “no como un legado o sólo un destino, sino algo a lo que debemos dar forma nosotros”.

Dentro de las propuestas del semestre para seguir configurando el proyecto de integración europeo, Merkel no pudo olvidar el reto más urgente: la necesidad de llegar a un acuerdo en la próxima cumbre de los días 17 y 18 de julio para pactar un fondo de Reconstrucción que sea capaz de hacer salir al club europeo del marasmo económico ocasionado por la pandemia.

“Saldremos de la crisis más fuertes que antes si reforzamos la cohesión y la solidaridad. Nadia saldrá de ésta solo, somos todos vulnerables. La solidaridad europea no es un gesto humanitario, es una inversión sostenible. No es solo un imperativo político, merece la pena y nos traerá beneficios”, subrayo la política alemana en un mensaje claro a los “halcones” del norte que se oponen a que el grueso del plan consista en transferencias directas no reembolsables para los países más afectados como España e Italia. “No podemos malgastar el tiempo”, avisó la canciller mientras insistía en la necesidad de alcanzar un acuerdo antes de la pausa veraniega del mes de agosto.

Dentro del capítulo de las amenazas, Merkel señaló la necesidad de estar preparado para un Brexit caótico el próximo 31 de diciembre, justo al filo del final de su presidencia y mostró su preocupación por la lentitud de los avances en las negociaciones entre Londres y Bruselas, después de que Reino Unido se haya negado a una prórroga.

Pero Merkel no solo se refirió a los retos a corto y medio plazo sino que también aprovechó para mirar hacía el futuro y reflexionar sobre la necesidad de la autonomía estratégica europea en áreas como la digitalización, el establecimiento un posición propia en las relaciones con el gigante chino o el debate sobre mayores competencias europeas en el ámbito sanitario después de que la pandemia haya desnudado las limitaciones del engranaje actual y haya sacado a flote egoísmos y falta de solidaridad entre los socios

Contra nacionalismos y populismos

A pesar de su marcado pragmatismo, Merkel quiso demostrar que su visión de la UE está basada en sólidos principios. Por eso, aprovechó parte de su discurso para arremeter contra los nacionalismos y populismos y contra todo tipo de acciones que pongan en cuestión los valores democráticos y las libertades fundamentales.

“La pandemia no puede ser excusa para socavar nuestros valores. Las restricciones han sido un precio muy alto que pagar, porque generaciones de europeos lucharon muy duro para conseguir estos derechos fundamentales”, aseguró la canciller tras recordar su pasado como ciudadana de la extinta República Democrática Alemana.

Ante las tentaciones del repliegue en el Estado nación y el sálvese quién pueda, exacerbadas durante la primera fase de la pandemia, Merkel sostuvo que “los enemigos de Europa se frotan las manos con esta crisis. Tenemos que demostrar que el regreso del nacionalismo no significa más control, sino menos. No protege mejor más Europa que menos Europa”.