John Bolton: “Trump puede anunciar que se retira de la OTAN antes de las elecciones”

El ex asesor de Seguridad Nacional asegura en una entrevista con LA RAZÓN que no hay que subestimar "la habilidad del Partido Demócrata de arruinar unas elecciones». Eso sí, no votará por Trump: «Queremos un presidente que se tome la Casa Blanca en serio»

John R. Bolton (Baltimore, 1948) es diplomático, escritor estadounidense y ex asesor de Seguridad Nacional de Donald Trump. Tercero en desempeñar ese cargo, renunció a los 17 meses por reconocidas desavenencias con el presidente. Uno de sus mayores desafíos con la Administración Trump fue dedicar gran parte de su energía a tratar de impedir que el presidente hiciera lo que Bolton consideraba «acuerdos imprudentes» con enemigos del país. Se tomó la fallida reinstauración de la democracia para el pueblo venezolano tan en serio que nunca descartó la intervención militar, como dejó ver en aquella nota escrita a mano con «5.000 soldados a Colombia» desde la sala de prensa de la Casa Blanca. Conocido como el «halcón republicano» por su estilo combativo y su política de línea dura, cuenta con una larga trayectoria profesional en Washington. Bolton trabajó también con otros dos presidentes: Bush padre e hijo, y sirvió como representante permanente de EE UU ante la ONU. Le entrevistamos en exclusiva para LA RAZÓN desde Washington.

¿Por qué ha decido escribir un libro sobre su paso por la Casa Blanca justo ahora y por qué Donald Trump ha intentado bloquear su publicación?

Escribí el libro «La sala donde sucedió», porque sentí que era importante para la Historia describir lo que sucedió en la Casa Blanca mientras fui su asesor de Seguridad Nacional. Ya hice algo parecido cuando me fui de la Administración de George W. Bush en 2007. El día de la publicación fue determinado por la cantidad de tiempo que me llevaría escribirlo para llegar a tiempo al proceso de revisión de la prepublicación en la Casa Blanca. Además, creo que es precisamente en medio de la campaña de las próximas elecciones cuando discutir la competencia y el carácter del candidato a la presidencia es aún más relevante. Así que creo que el momento ha sido realmente ventajoso.

Hablando de las elecciones del 3 de noviembre, ya ha adelantado que, por primera vez en su vida, no va a votar por el candidato republicano…

Correcto. Tampoco voy a votar por el candidato demócrata por razones filosóficas. Haré lo que permiten muchos estados. Vivo en Maryland, así que escribiré el nombre de alguien más, pero no el de ninguno de ellos.

Usted escribe que Trump «no es apto para el cargo» de presidente. ¿Cómo lo definiría, desde esa perspectiva, a nivel personal y profesional?

No tiene una filosofía general. No es un conservador, pero eso tampoco significa que sea liberal o, incluso en términos americanos, no piensa en términos filosóficos, estratégicos o políticos. Es una de las razones por las que es tan difícil entender su presidencia y mantener una coherencia con sus ideas. Además, no tiene literalmente ningún interés en aprender nada que no sabía cuando llegó a la Casa Blanca y, ciertamente, había muchas cosas que él no sabía. Trump no entiende completamente los trabajos del Gobierno de EE UU, lo complicado que es y todo lo que está pasando en el espacio de la Seguridad Nacional. Ningún mandatario llega a la Casa Blanca sabiendo todo lo que pasa, pero los presidentes más exitosos son aquellos que aprenden cuando están en el cargo y entienden que hay mucho por aprender. Esto es algo que Trump nunca ha admitido.

¿Puede poner algún ejemplo de cómo el presidente desconoce la Historia y asuntos de interés general de EE UU?

Trump creía que Finlandia era parte de Rusia o que Venezuela pertenecía a EE UU. Tampoco entendía que la Península coreana está dividida porque no conocía el final de la Segunda Guerra Mundial. Ni asuntos estratégicos de armas nucleares con los rusos. Y la lista es muy larga. Trump cree que tiene la habilidad de analizar a la gente y que puede evaluar a los líderes mundiales muy rápido gracias a su propio instinto, y así alcanzar acuerdos muy satisfactorios con ellos, aunque no conozca directamente los asuntos a tratar. Esto no es mi interpretación, sino que es algo que él mismo ha repetido.

No está interesado en aprender, pero sí en usar las redes sociales. Trump ha cambiado, con Twitter, las reglas del juego informando de decisiones muy importantes. Su despido, por ejemplo, aunque usted asegura que dimitió.

Le trasladé mi carta de renuncia a mano y abandoné la Casa Blanca, pero él tuiteó mi despido antes de que yo lo diera a conocer. Es un pequeño ejemplo de muchos, pero él siempre prefiere comunicar su versión de la historia aunque no sea precisa porque Twitter se mueve tan rápido que puede dominar la cobertura informativa. Horas después puede cambiar de tema y volver a modificar completamente el foco de la cobertura mediática. Es algo que no entiende ningún otro político estadounidense. Si esa dinámica va a sobrevivir cuando termine su presidencia, es otra cuestión. Pero Trump ha usado Twitter como un medio de comunicación directo, de forma muy efectiva.

¿Es consciente Trump de las consecuencias de sus acciones y decisiones? ¿Cómo cree que están afectando al país y también en el exterior?

Trump ve las consecuencias en sus decisiones en primer lugar acorde a cómo le van a afectar políticamente y, claramente, la pregunta más importante a la que se enfrenta ahora es si va a ser reelegido. Pero los tres primeros años y medio de su mandato los ha enfocado también hacia ese momento. Parte de su problema por no pensar de manera filosófica es que cambia de opinión muy frecuentemente. Puede llegar a la oficina un jueves por la mañana y decir que su decisión es «X», pero esa misma tarde dice que tal vez es mejor «Y», sin ningún acontecimiento que justifique un cambio de dirección. Eso lo hace porque si miras las consecuencias de sus acciones sólidamente en términos políticos, puedes ver cómo le puede afectar en un día. Desde el punto de vista de la seguridad nacional, esta dinámica lanza a los aliados a la confusión y deja a nuestros adversarios con muy poca claridad sobre cuáles son las intenciones de EE UU. Esto corta la habilidad de nuestro país de mantener sus alianzas y movernos hacia una posición coherente para alcanzar los objetivos.

¿Se arrepiente de algo en sus 17 meses en el cargo?

En el transcurso de mis 17 meses en la Casa Blanca, indudablemente se cometieron muchos errores que cualquiera hubiera cometido. Una de las cosas de las que más me arrepiento es no haber llevado a cabo ningún tipo de proceso que culminara en traer orden y consistencia a algunas de las decisiones del presidente. Es realmente de lo que se trata la función de ser consejero de Seguridad Nacional: facilitar al presidente la información que necesita, darle opciones para tomar decisiones y después hacer el seguimiento en la implementación de algunas de esas decisiones que el presidente toma. Pero nada de eso funcionó con él, por el caos que Trump parece preferir.

¿Cuáles han sido los mayores desafíos a los que se ha enfrentado con Trump?

Una de las cosas que remarco como logro alcanzado durante mi paso por la Casa Blanca es que no hubo ningún mal acuerdo con Corea del Norte en su programa de armas nucleares, ni hubo mal acuerdo con Irán y su programa de armas nucleares, ni tampoco con China en asuntos estratégicos o con Rusia y sus armas nucleares. De hecho, salir de algunos acuerdos fortaleció a Estados Unidos. Pero lo que me preocupa más que nada en estos momentos es que, como muchas de las decisiones de Trump en su primera etapa de mandato han estado basadas en la consideración política nacional, esa consistencia no podrá mantenerse si sale reelegido. En muchas ocasiones, durante mi paso por la Casa Blanca, nos decía «si haces esto, habrá una reacción muy negativa por parte de los republicanos en el Congreso». Y, por esa evidente razón política, a menudo no lo hacía. Sin embargo, una vez sea reelegido, ya no necesitará esa base republicana ni la presión política para tomar decisiones desaparecerá al instante. Así que muchas de las decisiones que ha tomado en su primer mandato, en mi opinión de manera correcta, puede cambiar de opinión si es reelegido.

Las presidenciales están aún abiertas, pero por ahora Joe Biden lidera todas las encuestas. ¿Cree que hay un «voto oculto» a favor de Trump?

No sé si hay voto oculto o no, pero sí sé que todavía quedan cerca de tres meses y, en términos políticos estadounidenses, eso es una eternidad. La posibilidad de lo que llamamos «la sorpresa de octubre» es muy real, cuando tendremos la cuarta cumbre con Kim Jong Un para declarar la paz en la península coreana y acabar con el programa de armas nucleares (no digo que eso fuera a suceder, pero Trump lo declararía). O tal vez decida retirar todas las fuerzas estadounidenses en Afganistán, incluso antes de las elecciones. O podría anunciar que se retira de la OTAN. Quiero decir, el número de cosas que haría si aún estuviera pendiente del resultado de las encuestas en octubre es realmente bastante grande. Biden tiene tres debates con Trump en septiembre y octubre, y si no se desenvuelve bien, será muy beneficioso para Trump. Siempre me gusta decirle a la gente que «nunca subestime la habilidad del Partido Demócrata de arruinar unas elecciones». Y aún tienen tres meses por delante para hacerlo.

La gestión de la pandemia está muy presente en la campaña. El presidente ha cambiado su discurso varias veces, culpando del «virus chino» al gigante asiático. ¿Representa China una amenaza real para EE UU o se necesitan el uno al otro?

En todo el siglo XXI China es el desafío estratégico más grave al que se enfrentan EE UU y Occidente en su conjunto. Es cierto que, por ahora, la retórica de Trump contra China es muy dura y está tomando algunas acciones significativas, imponiendo sanciones económicas, cerrando su consulado de Houston, etc. Todo eso es cierto, pero también lo es que si Trump gana la reelección y al día siguiente el presidente de China le llama por teléfono, puedo verlo fácilmente cambiando de opinión y negociando de nuevo un acuerdo comercial, que podría ser el acuerdo del siglo. Es algo muy peligroso lo que hemos visto con compañías como Huawei, que China usa no solo como entidad de negocio y competidor comercial en la industria de las telecomunicaciones, sino como brazo del Gobierno chino. Creo que esto es algo en lo que todos, tanto en EE UU como en Europa, estamos llegando muy tarde. Hemos reconocido tarde esta amenaza china, aunque que la opinión pública estadounidense está cambiando de parecer y éste será un tema importante en las próximas elecciones. Tanto Trump como Biden serán acusados de ser demasiado blandos.

¿Cómo se presenta el futuro para el Partido Republicano tras la era Trump?

Después de las elecciones de noviembre, habrá un gran debate dentro del Partido Republicano. Ciertamente, será importante si Trump pierde empezar inmediatamente, pero incluso también si gana la reelección porque mucha gente cree que ha creado muchos problemas y hay que intentar evitar que vuelva a suceder en el futuro. Podemos arreglar el daño que ha causado Trump durante su primer mandato, pero un segundo mandato suyo sería muy difícil de reparar.

¿Quién sería su candidato ideal para los republicanos?

No tengo un candidato en mente para 2024, ni nombraría a nadie antes de las próximas elecciones. No quiero meter a nadie en ningún lío. Pero sí creo que habrá una campaña muy activa para llegar a ser ese candidato en 2024 y eso nos dirá mucho sobre la forma que irá cogiendo el partido.

¿Alguien con un perfil muy distinto al de Trump, alejado del populismo?

Eso espero. Queremos a alguien que se tome la Casa Blanca en serio, que entienda la gravedad de las decisiones que tiene que tomar y necesitamos a alguien que pueda desenvolverse de manera consistente durante un mínimo periodo de tiempo. No creo que los asuntos de Seguridad Nacional deban tratarse como una serie de televisión sobre acuerdos de propiedades de inmuebles en Manhattan, uno tras otro. Es un proceso a largo plazo. Sabemos que China sigue una estrategia a muy largo plazo y necesitamos un presidente que pueda responder en los mismos términos.

EE UU es uno de los países más afectados del mundo por el coronavirus. Con más de 5 millones de infectados y 160.000 muertos, ¿cómo cree que el presidente maneja la crisis de la pandemia?

Trump no está gestionando muy bien esta crisis. No creo que lo haya hecho desde el principio, incluso cuando en enero recibió señales del personal de Seguridad Nacional alertando de que esto iba a ser un problema muy serio. No quiso escuchar ninguna mala noticia sobre el presidente Xi Jinping porque quería firmar el acuerdo comercial. No quiso escuchar sobre cómo China intentó esconder el brote de covid-19 en su país o sobre la campaña de desinformación que hubo alrededor del mundo. No quiso oír que el coronavirus podía afectar de manera adversa a la economía de EE UU porque eso podría afectar también a su reelección. Y todo eso, al final, cambió porque los efectos de la infección acabaron siendo muy serios. Así que ahora se está preparando para criticar a China porque está en su propio beneficio político hacerlo, pero puede que ya no lo haga tras la reelección.

¿Usted usa mascarilla?

Por supuesto que sí, es lo más prudente que se debe hacer. Si el presidente Trump no la usa es porque cree fundamental no mostrar signos de debilidad de cara a algunas personas de su base electoral. No estoy de acuerdo. De hecho, si el presidente dijera: «Nos estamos enfrentando a una enfermedad muy seria, así que tal y como hemos hecho con otros desafíos, América saldrá adelante, pero mientras tanto tenemos que tomar algunas medidas, empezando por mí mismo», yo creo que el 100% de la población la llevaría.

¿Qué pasó el 30 de abril en Venezuela? ¿Se filtró información justo antes de actuar o fue la presión de Cuba y Rusia que provocó que la operación fallara en el último momento?

Todos sabíamos que apoyar a Venezuela y a la oposición, liderada por el presidente interino Juan Guaidó, iba a ser muy arriesgado. La propia oposición así lo entendió cuando se comprometió a reemplazar a Maduro del poder, pero trabajaron duro y permanecieron juntos (representan el 90% de la población en Venezuela). Tuvieron muchas conversaciones con líderes clave dentro del Gobierno de Maduro. Y, de hecho, tenían un acuerdo para sacar a Nicolás Maduro del poder. Le diré algo: el 30 de abril del año pasado estuvieron muy cerca, muy cerca. Es duro poner en palabras lo lejos que llegaron. Es muy difícil decir qué falló, probablemente muchas cosas salieron mal. El hecho más importante y la verdadera razón por la que EE UU ha mostrado su preocupación fue la presencia de aquellos que protegieron a Maduro y le mantuvieron en el poder. Empezando por los cubanos, que le ayudaron a él y a su mujer, protegiéndolos el 30 de abril ya preparados para volar a La Habana desde Caracas, pasando por los rusos y siguiendo por los chinos e iraníes, que consideran a Maduro de los suyos y colaboraron con él. Creo que si los cubanos y el resto de sus aliados le abandonaran hoy, Maduro caería mañana. Y eso es lo que al final sucederá: Maduro caerá y a la gente de Venezuela se le devolverá su Gobierno.

¿Maduro salió fortalecido o su salida aún es viable?

Definitivamente no es más fuerte, ni siquiera el rango militar le apoya. Diría que el 80 o 90% de los militares no le apoya, solo lo hace la cúpula militar. Los oficiales de mayor rango del régimen son los que se benefician de permanecer en el poder. Estamos subestimando cuántos ingresos obtienen del tráfico ilegal de drogas. Aunque les congeláramos los fondos, el régimen tuvo capacidad de subsistir. Pero aún hay muchas cosas por hacer y es muy importante mantener la coalición internacional que apoya a Guaidó. Esta revolución se hizo en Venezuela, no en Washington, y al final el pueblo venezolano vencerá. No creo que puedan reprimirlo siempre.

Todos pudimos ver esos «5.000 soldados a Colombia». ¿Fue una estrategia para amenazar a Maduro o realmente estaba dispuesto a enviar militares para sacarlo del poder?

Hicimos muchas cosas para persuadir a Maduro para que saliera del poder, pero esa anotación en mi libreta en particular no fue parte de la estrategia. Fuimos siempre claros cuando dijimos que no íbamos a retirar de la mesa la opción de enviar a militares a Venezuela, aunque tampoco hubo nada planificado en esa dirección. El mejor tipo de resultado que puede obtener Venezuela es aquel a favor de los propios venezolanos sacando a Maduro del poder. Y es algo muy, muy posible.

Si Padrino saliera del poder, ¿caería también Maduro?

Padrino accedió a que Maduro saliera del poder, pero cuando los esfuerzos del 30 de abril se colapsaron él se echó atrás. Nadie de la cúpula de Maduro confía en nadie y creo que no deberían, porque de haber llegado a alcanzar un acuerdo Maduro hubiera caído muy rápidamente. De una forma u otra, los cimientos más altos de su régimen se derrumbarán.

El hijo de Padrino y los familiares de otros chavistas viven «la buena vida» en España. ¿La UE debería emprender acciones como congelar sus cuentas y defender los derechos humanos en Venezuela?

España tiene un papel muy particular que podría jugar si el Gobierno quisiera. Dándole a España un rol en el hemisferio occidental se podría conseguir mucho más, y la Unión Europea también podría hacer mucho más. Pero el punto fundamental es que si Padrino y otros vieran que no hay futuro en este régimen, volverían a darle un giro a la situación. No es solo la familia de Padrino la que vive en España, muchos otros familiares de la cúpula militar del régimen viven en Centroamérica, en Cuba, en Europa, algunos incluso en EE UU… Eso no es la señal de un Gobierno que confía en su propio futuro. Por tanto, aunque todos nos decepcionamos mucho cuando el esfuerzo falló el año pasado y la lucha se ha prolongado durante mucho tiempo, pensando en la gente de Venezuela tenemos que continuar tanto tiempo como sea necesario.

¿Ha sentido EE UU el apoyo de España en esa lucha?

Realmente creo que el Gobierno de España podría señalar a algunos países que dentro de Latinoamérica aún apoyan a Nicolás Maduro. Como España pudo pasar de una autocracia a una democracia de manera exitosa, contribuir a que puedan hacer lo mismo. El papel histórico de España es muy importante.

Las relaciones comerciales entre EE UU y España se han visto afectadas con las medidas proteccionistas de Trump. ¿Cómo están ahora las relaciones entre ambos países?

Creo que España y EE UU tienen históricamente una excelente relación, a pesar de ciertas dificultes iniciales con los desacuerdos en Cuba en los años 90. Pero la tendencia natural ha sido siempre mantener una buena relación con España. Siempre ha habido una cercanía con EE UU y creo que es muy significativo que apoyaremos a España para que entrara en la OTAN, incluso durante la dictadura de Franco. Otra de las cosas que es muy importante para nosotros ahora es que España mantenga el presupuesto de defensa por encima del 2%, tal y como acordaron los miembros de la OTAN. España enfrenta muchas amenazas terroristas, al ser un poder mediterráneo, y considero que es importante para EE UU y para Europa contar con una buena relación, dado el riesgo que suponen Rusia y China para el mundo. Aún queda mucho por hacer, pero es una relación muy importante desde la perspectiva estadounidense y si la situación de Venezuela ha servido para algo es para demostrar que trabajando juntos podemos lograr mucho más.

¿Dónde se ve en un futuro? ¿Volvería a la Casa Blanca con otro presidente?

Claro, pero no lo estoy buscando por ahora. Lo más importante, especialmente después de las elecciones, es el debate sobre el futuro del Partido Republicano. Estoy centrado en eso y en mantener la mayoría republicana del Senado. Veremos qué sucede después.