Política

Hombres armados disparan 39 balazos contra un grupo de agricultores

La Policía de Filipinas investiga la muerte de nueve de ellos pero asegura que no se trata de un caso de “terrorismo” sino de “ajuste de cuentas” en el volátil sur

Hombres armados detuvieron a un grupo de motociclistas y luego dispararon contra ellos con rifles de asalto en el centro de Kabacan, una ciudad al sur de Filipinas. Como consecuencia, nueve personas perdieron la vida en el último episodio de violencia que sacude la volátil región.

Agentes de policía sostiene que el ataque a los moticiclistas, la mayoría agricultores de la zona, probablemente se deba a una disputa local y no a un acto de terrorismo.

La región de Cotabato se encuentra en una zona asolada por la pobreza extrema donde existe una organización yihadista que en 2014 firmó un acuerdo de paz con el Gobierno de Manila. No obstante existen aún grupúsculos integrados en la organización del Estado Islámico que actúan en solitario y plantean una severa amenaza para la seguridad colectiva.

Al parecer, la mayoría de las víctimas no se conocían entre ellos, viajaban en seis motocicletas, algunas en tándems, cuando fueron retenidas por seis u ocho hombres armados y se les ordenó apearse.

Después de bajarse de sus motocicletas en medio de la carretera, recibieron 39 disparos con rifles y pistolas, dijo por teléfono la investigadora policial Delir Parcon. Ocho de las víctimas murieron instantáneamente y otra murió en un hospital, según un informe policial.

Los pistoleros huyeron en una camioneta. La Policía ha entrevistado a testigos y está buscando posibles imágenes de las cámaras de seguridad que puedan ayudar a identificar a los atacantes, informaron agentes de Policía. “Esto no es probablemente terrorismo”, dijo Parcon. “Estamos viendo el ángulo de una disputa local, un rencor personal”.

Ex guerrilleros musulmanes que negociaron un acuerdo de autonomía con el Gobierno y ahora están supervisando una región musulmana cercana dijeron que ayudarían a investigar los asesinatos de los hombres, que eran todos musulmanes.

“Tales actos violentos sin sentido no tienen cabida en una sociedad progresista, especialmente en un momento en que la gente está en las garras de una pandemia”, dijeron en un comunicado.

La proliferación de un gran número de armas de fuego y otras armas sin licencia, la ausencia de la Ley en muchas zonas rurales y la presencia de grupos insurgentes y clanes poderosos con ejércitos privados se ha convertido en un cóctel explosivo para fomentar la violencia en el corazón del sur y las provincias insulares periféricas.

La región está dominada por la minoría musulmana en Filipinas, un país mayoritariamente católico romano.

El lunes pasado, dos mujeres militantes detonaron poderosas bombas en ataques suicidas separados que mataron a 15 personas, incluidos muchos soldados, e hirieron a más de 70 en la ciudad sureña de Jolo, provincia de Sulu, en el peor ataque extremista en el país en lo que va de año.

El Ejército culpó a un comandante extremista de Abu Sayyaf, Mundi Sawadjaan, por planear los ataques suicidas del mediodía, que también mataron a los dos atacantes, que según los militares eran viudas filipinas de militantes de Abu Sayyaf.

Se han desplegado fuerzas gubernamentales para cazar a Sawadjaan en los campamentos de los militantes en la jungla de Sulu.