El anuncio de 35 positivos por covid-19, posible origen del incendio que ha destruido el campo de Lesbos

El fuego deja sin casa a más de 12.000 personas en un recinto masificado que cuadruplica su capacidad

En el campo de refugiados de Moria, con capacidad para unas 3.000 personas, vivían desde hace años cerca de 12.000. Hacinados, muchos de ellos sin agua y en unas condiciones sanitarias míseras. ACNUR, la agencia de Naciones Unidas para los refugiados, ya pidió en 2018 que se desmantelara este campo de la isla de Lesbos, considerado como una «olla a presión», y que sus ocupantes fueran distribuidos por el territorio griego. A la petición se unieron todas las organizaciones humanitarias que trabajan desde el terreno, pero nadie hizo caso. Ni el Gobierno griego ni la UE. Ahora esos miles de migrantes se han quedado sin techo, como consecuencia de un enorme incendio que redujo por completo el edificio en el que se alojaban. Las autoridades informaron de que no se habían registrado víctimas mortales.

Las llamas y las columnas de humo de la madrugada de ayer dejaron paso a un escenario totalmente calcinado. Los bomberos tardaron horas en controlar el fuego e incluso los migrantes tuvieron que colaborar en su extinción. Las causas tendrá que determinarlas un juez, pero las primeras hipótesis apuntan a que precisamente esa falta de condiciones humanitarias mínimas podrían estar detrás de lo sucedido. Hace una semana se diagnosticó el primer caso de coronavirus en el centro, por lo que todo el campo se puso oficialmente en cuarentena. Sin embargo, en la práctica no había espacio para ello. Infectados y personas sanas compartían espacios comunes, de forma que el martes los contagiados ya eran 35. Se les comunicó a los afectados que serían trasladados a una zona de aislamiento, pero varios de ellos se negaron.

El alcalde de Moria, Yiannis Mastroyiannis, dijo a la televisión Skaï que «cuando ayer [por el martes] se llevaron a estas personas a zonas de aislamiento total, sin explicarles por qué, hubo protestas». El fuego se propagó a la vez desde distintos puntos diferentes, por lo que se cree que fueron los propios internos quienes lo provocaron. El alcalde reconoció que «la nueva cuarentena ha enfadado mucho a la gente, llevan meses sin suficiente agua y encerrados».

«La seguridad es terrible y han proliferado algunas mafias», añadió. El campo de refugiados de Moria era el más grande de Europa. De hecho, debido a su saturación, los propios migrantes habían levantado otro paralelo, con tiendas de campaña, en un pinar adyacente conocido como Kara Tepe. La mayoría de sus habitantes eran de nacionalidad afgana, aunque había personas de hasta 70 nacionalidades. Ayer cientos de ellos deambulaban por la carretera que va hasta la cercana Mitilene, la capital de la isla, ante la falta de comida o de bienes básicos. ACNUR les pidió que no se movieran para evitar la propagación del coronavirus. Sin embargo, la gran pregunta es qué ocurrirá ahora con toda esa gente que ha perdido lo poco que tenían y cuyos expedientes de solicitud de asilo fueron presa del fuego.

El Gobierno griego ofreció ayer una respuesta tibia. Empezó matizando que no eran 12.000 migrantes los que se habían quedado sin techo, sino 3.000 o 4.000, ya que buena parte del pinar no se vio afectada. El primer ministro, Kyriakos Mitsotakis, informó de que los desahuciados serán realojados en tiendas de campaña y quienes hayan dado positivo por covid-19 ingresarán en hospitales.

El Ejecutivo proyecta desde hace tiempo un nuevo campo cerrado que no se termina de concretar y que tampoco queda claro si se construirá en este momento. Por el momento, se transportarán carpas y alimentos de otras islas como solución provisional. Mientras tanto, la Comisión Europea, se hará cargo de trasladar al continente heleno a los cerca de 400 menores que había en la isla. Unicef envió ayer «sus más sentidas condolencias» y subrayó que lo ocurrido «sirve como recordatorio de la necesidad urgente de un pacto en el seno de la UE sobre migraciones».

Desde que explotara la crisis migratoria en 2015, cuando Grecia recibió cerca de un millón de refugiados, la UE lleva tratando de realojar a estas personas en otros países. Si bien, la falta de compromisos entre los Estados miembros ha impedido que haya una solución y ha dejado a decenas de miles de personas varadas en los países de llegada. Algunos, en condiciones como las de Moria.