Londres responderá a las acciones legales de la UE “a su debido tiempo”

El Gobierno trata de alargar los trámites de la aprobación de la Ley de Mercado Interno en la Cámara de los Lores para no tensar la cuerda con los Veintisiete

A Boris Johnson siempre le ha gustado moverse a base de órdagos en la recta final de las negociaciones con Bruselas. Lo hizo el año pasado, cuando se cerró in extremis el Acuerdo de Retirada, y repite ahora estrategia mientras se negocia el pacto comercial.

Desde que presentó el proyecto de Ley de Mercado Interno con el que amenaza ahora violar el tratado internacional firmado en 2019 con la UE, el “premier” sabía que estaba jugando con fuego. Por lo tanto, el hecho de que la Comisión Europa haya emprendido medidas legales, por no quitar las polémicas cláusulas antes del plazo límite que le dieron del 30 de septiembre, es algo que no ha tenido que pillar por sorpresa en Downing Street.

Un portavoz del Gobierno señaló este jueves que se responderá a la carta mandada por Bruselas “a su debido tiempo”. “Hemos expuesto claramente nuestras razones para introducir las medidas relacionadas con el Protocolo de Irlanda del Norte. Necesitamos crear una red de seguridad jurídica para proteger la integridad del mercado interno de Reino Unido, garantizar que los ministros siempre puedan cumplir con sus obligaciones con Irlanda del Norte y proteger los logros del proceso de paz”, matizó.

El pasado lunes, la Comisión Europa ya había advertido de que “no dudaría” a la hora de tomar acciones legales a menos que Reino Unido se retractara de las disposiciones sobre ayudas estatales y exportación de mercancías desde Gran Bretaña hacia la provincia británica de Irlanda del Norte.

Pero, de nuevo, se topó con un acto de provocación. El mismo martes por la noche, el polémico proyecto de Ley de Mercado Interno terminaba su tramitación en la Cámara de los Comunes. Eso sí, presionado por diputados de su propio partido, el “premier” tuvo que agregar una salvaguarda adicional por la que no podrá ejecutar los poderes que le otorgaría esa ley para romper el Acuerdo de Retirada si no obtiene primero el permiso del Parlamento.

Por lo tanto, a Johnson no le conviene forzar mucho más la máquina. Si quisiera, además, no se sabe hasta qué punto podría. Porque el “premier” de ahora no es el mismo que hace seis meses. La gestión ante la pandemia está mermando a pasos agigantados su popularidad, tanto fuera como dentro de sus filas. Y nadie mejor que él, que hizo la vida imposible a Theresa May, sabe lo difícil que es maniobrar con rebeldes en casa.

El proyecto de ley se encuentra ahora en la Cámara de los Lores. Según filtraciones, el Gobierno quiere ahora retrasar todo lo que pueda los trámites en la Cámara Alta -donde se esperan diferentes enmiendas- a fin de no tensar más las cosas de cara al Consejo Europeo del 15 de octubre. Ésa es precisamente la fecha límite que ha puesto Johnson para cerrar un pacto comercial.

De no hacerse, amenaza con levantarse de la mesa de negociaciones para preparar a Reino Unido ante un Brexit económico duro a partir del 31 de diciembre, cuando termina el periodo de transición. Eso supondría que las relaciones entre Reino Unido y el bloque se regirían únicamente por las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), lo que significa cuotas y aranceles.

Lo cierto es que, en los últimos días, se respiraba cierto optimismo en la capital británica respecto a las negociaciones comerciales. Y pese al procedimiento de infracción que la UE ha abierto contra Reino Unido, los ánimos no han decaído. Ambas partes siguen a día de hoy sentadas en la mesa y tienen aún tiempo de acercar posturas.

Aunque, visto lo visto, Bruselas insistirá ahora más que nunca en tener un organismo independiente para vigilar cualquier eventual acuerdo con Reino Unido, para poder emprender acciones legales rápidas en caso de disputas.

Por su parte, el líder de la oposición laborista, Keir Starmer pidió que tanto Reino Unido como la UE trabajen juntos para limar diferencias. “Es absurdo que cuando apenas quedan semanas para llegar al final del periodo de transición, el foco y la energía no estén en las negociaciones, sino en los procesos judiciales y amenazas”, señaló.