Khashoggi, una sombra que Arabia Saudí no consigue quitarse de encima

El asesinato del periodista ha puesto el foco en la represión de los derechos humanos en el reino de los Saud, cada vez más aislado en la escena internacional

Dos años después del asesinato de Jamal Khashoggi, la sombra del crimen sigue tiñendo todo cuanto toca Arabia Saudí, la imagen del reino en foros internacionales y económicos se ha resentido y el príncipe heredero, Mohamed Bin Salman (MBS), no consigue espantar el fantasma que le acompaña a todas partes.

Los alcaldes de Londres, París, Nueva York y Los Ángeles, entre otros, decidieron esta semana boicotear la cumbre Urban 20, un evento vinculado al calendario del G-20 que preside por turno Arabia Saudí.

No es más que el último desplante que el Gobierno saudí ha sufrido desde el asesinato el 2 de octubre de 2018, un grotesco suceso que tuvo lugar en el Consulado de Arabia Saudí en Estambul con un cierre judicial en el reino no menos estrambótico y en un tiempo récord de 21 meses.

Agnes Callamard, relatora especial de la ONU sobre Ejecuciones Extrajudiciales, celebró hoy en un foro organizado por el Parlamento Europeo el “poderoso mensaje” lanzado por los alcaldes, afirmando que ese es el camino a seguir frente a la “impunidad”.

Una impunidad que se refiere a la falta de consecuencias para quienes reprimen a defensores de derechos humanos y para los autores intelectuales del crimen de Khashoggi, del que Callamard ha responsabilizado pública y directamente a MBS.

Arabia Saudí ha tratado de cerrar el caso con el mismo éxito que ha manejado todo el asunto: a su negativa inicial de reconocer la existencia del crimen siguió una admisión de su responsabilidad. Como si el Consulado del país fuera un espacio ajeno al Estado, atribuyó posteriormente a los ejecutores una actuación por su cuenta.

Farsa judicial

En el caso judicial, sin embargo, el asesinato fue reducido a no intencional porque no había “enemistad manifiesta” con el asesinado. Pese al atenuante hubo cinco penas de muerte, unas condenas que fueron conmutadas hace apenas un mes para cerrar la vía judicial.

Mofa, patraña, burla... fueron las palabras utilizadas por organismos de derechos humanos y la propia Callamard para calificar el cierre de la versión saudí de un proceso judicial, glosado con el perdón de los hijos de Khashoggi a los asesinos según el Islam.

“El caso Khashoggi se ha cerrado en falso”, indicó a Efe Haizam Amirah-Fernández, del Real Instituto Elcano, para quien la idea de un columnista de ‘The Washington Post’ descuartizado va a acompañar a MBS y va a estar asociada a él.

Para Jonathan Rugman, autor del libro “The Killing in the Consulate: The Life and Death of Jamal Khashoggi” (Asesinato en el Consulado: vida y muerte de Jamal Khashoggi), la imagen de Arabia Saudí “ha sufrido terriblemente” en estos dos últimos años.

El asesinato de Khashoggi arrojó luz sobre “los abusos de derechos humanos” en el reino ultraconservador, en especial el arresto de la activista saudí Loujain al Hathloul, cuyo “crimen” fue abogar públicamente por los derechos de las mujeres.

“Irónicamente”, remarca Rugman, el crimen tuvo lugar en un momento en el que el príncipe heredero Mohamed Bin Salman estaba “haciendo bien un montón de cosas”, en referencia a la apertura en distintos aspectos sociales, como el permitir a las mujeres conducir.

A pesar de contar con el mérito de haber logrado unir a republicanos y demócratas en el Senado estadounidense a la hora de condenar el crimen y señalar directamente a MBS, para la baronesa laborista Helena Kennedy, miembro de la Cámara de los Lores, la respuesta internacional no ha sido lo que debería ser.

“Es un crimen que debería indignar y desafortunadamente la indignación mostrada ha sido insuficiente”, indicó hoy durante el mismo foro organizado por el Parlamento Europeo.

Queda aún espacio para más respuestas. El mes que viene el G-20 vivirá una cumbre de jefes de Estado telemática, si bien pocos creen que pueda haber un boicot a una reunión que ha adquirido renovada importancia en medio de la pandemia de coronavirus.

No habrá fotografías de jefes de Estado estrechando la mano de MBS, ni comentarios al respecto, aunque varios parlamentarios europeos han anunciado su intención de presionar para que la UE mandate una delegación de perfil más bajo.

Para Amirah-Fernández, el caso Khashoggi ha generado una “toxicidad” ligada a la imagen de Arabia Saudí y, más allá de si esto afectará a la presencia o no de jefes de Estado en la cumbre, el gran sueño de MBS que era hacer su presentación en sociedad durante la presidencia saudí del G-20 se ha desvanecido.