Las víctimas políticas del #MeToo en Dinamarca

El alcalde de Copenhague y el líder de los social liberales han dimitido en medio de acusaciones de acoso sexual, mientras el ministro de Exteriores está en el punto de mira por haber mantenido relaciones sexuales con una menor

Frank Jensen se vio obligado a dimitir el lunes como alcalde de Copenhague por la cadena de denuncias de acoso sexual
Frank Jensen se vio obligado a dimitir el lunes como alcalde de Copenhague por la cadena de denuncias de acoso sexualPhilip DavaliEFE

El lunes la agenda informativa de Dinamarca debía haber estado marcada por el acuerdo suscrito entre los socialdemócratas de la primera ministra, Mette Frederiksen, y los demás partidos sobre las jubilaciones anticipadas, una de las promesas estrella con las que la izquierda ganó las elecciones de junio de 2019. Sin embargo, el éxito gubernamental se vio eclipsado por la dimisión del alcalde de Copenhague, el también socialdemócrata Frank Jensen, acusado de acosar a dos mujeres entre 2012 y 2017.

Con todo, el caso de Jensen es solo el último capítulo de la segunda ola del #MeToo en Dinamarca, que desde agosto ha golpeado a la prensa y la política de un país a la cabeza de igualdad entre hombres y mujeres.

El #MeToo a menudo se consideraba “un tema minoritario, algo que en realidad no era danés”, asegura Camilla Mohring Reestorff, profesora asociada de estudios de cultura y medios en la Universidad de Aarhus en declaraciones a France Presse. Los daneses tienden a verse a sí mismos como “progresistas, libres e iguales”, pero “nos puede dejar un poco ciegos cuando se trata de sexismo”, explica.

En opinión de Helle Thorning-Schmidt, que se convirtió en la primera mujer en encabezar un Gobierno en Dinamarca en 2011, “durante mucho tiempo asumimos que habíamos logrado la igualdad de género”. “Debido a eso, asumimos que probablemente no había acoso sexual”. Sin embargo, las revelaciones de las últimas semanas son una “llamada de atención”, asegura en una entrevista con Bloomberg.

Todo empezó con una aparentemente inofensiva gala de televisión en agosto. Su presentadora, Sofie Linde, de 31 años, se saltó el protocolo para revelar públicamente que, con 18 años, cuando empezaba como periodista, un directivo de la televisión pública DR le prometió ayudarla en su carrera a cambio de practicarle sexo oral. “Tú sabes quién eres. También sabes que dije que no. Pero, bueno, tampoco me ha ido tan mal”, espetó ante la cámara.

“Podemos fingir que no hay diferencia entre hombres y mujeres en Dinamarca”, aseguraba Linde, muy popular en la audiencia como presentadora de “Factor X”, “simplemente no es cierto”.

Linde abrió la espita para que un millar de periodistas, políticas, científicas y académicas firmaran varias tribunas en “Politiken”, el principal diario de Dinamarca, para denunciar el sexismo y los abusos sufridos a manos de los hombres.

El “tsunami” llegó a Chistianborg, palacio que alberga el Parlamento danés, cuando 322 mujeres firmaron una carta en “Politiken” denunciando el machismo instalado en la política.

Camilla Soee, explicó a la cadena británica BBC que la intención de las firmantes era, “de una vez por todas, demostrar que el sexismo y el acoso sexual son parte del entorno político”. Por su parte, Kira Marie Peter-Hansen, una eurodiputada de 22 años y también firmante de la carta, lamenta una tendencia a aceptar el acoso sexual en Dinamarca.

El mismo hartazgo que llevó en 2017 a decenas de actrices de Hollywood a denunciar lo que tuvieron que soportar a manos del todopoderoso productor Hervey Weinstein para ascender en sus carreras ya no podía permanecer más tiempo escondido bajos las alfombras de Borgen, como es conocido familiarmente la sede del Legislativo y el Ejecutivo danés.

La primera víctima política de este #MeToo danés fue Morten Østergaard, que tuvo que dimitir como líder de los social liberales, la cuarta fuerza política del país y principal socio parlamentario del Gobierno socialdemócrata en minoría. Østergaard, que ha sido ministro de Educació, Interior y Economía, debió echarse a un lado tras admitir que había acosado a su compañera de partido Lotte Rod, que había denunciado sin dar nombres haber sido víctima de “toqueteos” no consentidos en su propio partido.

“Morten se ha disculpado y yo lo he perdonado”, escribió la diputada en Facebook. “El problema ya no es lo que pasó, sino la forma en que se manejó”, se lamenta Rod, que reclama “un cambio de cultura”.

En este sentido, la primera ministra aseguró en septiembre que “no hemos logrado crear lugares de trabajo con relaciones equitativas. Vamos a cambiar eso y comienza ahora”.

Con todo, Frederiksen ha sido el blanco de las críticas por haber pasado página en el caso de su ministro de Exteriores, Jeppe Kofod, de nuevo sumido en el centro de un huracán por haber mantenido hace doce años relaciones sexuales con una adolescente de 15 años de las Juventudes Socialdemócratas cuando él tenía 34. Si bien en Dinamarca no es delito si la relación es consentida, el propio Kofod pidió disculpas al considerar que fue un “error de juicio y una relación moralmente inapropiada”.

Jeppe Kofod, ministro de Asuntos Exteriores y viceprimer ministro de Dinamarca
Jeppe Kofod, ministro de Asuntos Exteriores y viceprimer ministro de DinamarcaDPA vía Europa Press DPA vía Europa Press

Curiosamente, en 2008, Thorning-Schmidt, entonces líder socialdemócrata, obligó al hoy jefe de la diplomacia danesa a cesar como portavoz del partido en la Comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento, y fue duramente criticada por la ahora primera ministra. “Creo que es importante que, si uno comete un error grave, que es lo que es, se disculpe y se aleje de él. Y no hay nada más que decir”, declaró a la cadena TV2.

En un velado mensaje a su sucesora, Thorning Schmidt advierte de que “aquellos en roles de liderazgo que ayudaron a encubrir tales casos deben preguntarse si son parte de la solución o parte del problema”.

La primera ministra, sin embargo, no ha sido tan comprensiva con el alcalde de Copenhague, la hasta ahora última víctima política de la lucha contra el sexismo en el país nórdico. “El acoso y las agresiones no pueden ser defendidas. Juntos debemos crear una cultura en la que esto no sea aceptado. Ni en palabras ni en actos”, aseguró este lunes Frederiksen.

Como Kofod, Jensen, que llevaba una década al frente del ayuntamiento de la capital y era uno de los políticos socialdemócratas más influyentes, pidió el viernes disculpas, pero llegaban demasiado tarde. La delegación juvenil socialdemócrata de Copenhague reveló que otras ocho mujeres han sido víctimas del acaso sexual del regidor o testigos del mismo.

“Hoy queda comprobado que tiene sus consecuencias -también para un alcalde- no estar consciente de su poder y, en consecuencia, su responsabilidad”, tuiteó su responsable, Sværke Preiss, una de las víctimas de Jensen y que calificó su dimisión como una victoria tardía del movimiento #MeToo en Dinamarca.

Su acoso contra las mujeres incluía mover su mano a la parte interna del muslo en un bar; en otra ocasión tocar repetidamente la pierna de una mujer; lamer el cuello y las orejas de las mujeres en una fiesta de Navidad bajo la influencia del alcohol; y darle a Priess un beso no solicitado en Fæltparken en Copenhague en mayo de 2019.

Jensen lamentaba que “esto [las acusaciones] eclipsará todo el trabajo político que quiero hacer, por esto decidí dimitir de mi cargo de alcalde”. En su opinión, “esto no es digno de ser llamado juicio”. “He sido ministro de Justicia en este país y he protegido el estado de derecho. Me he asegurado de que nadie sea culpable hasta que se haya probado”.

Para el ministro de Igualdad de Género, Mogens Jensen, en cambio, la renuncia del alcalde fue “difícil, pero también necesaria”. La pregunta es si será la última o solo la punta del iceberg del sexismo en el poder político danés.