La pandemia hunde a Reino Unido en su peor recesión y dispara el déficit público

La crisis económica aumenta la presión en el maratón negociador entre Londres y Bruselas para evitar un Brexit comercial el 31 de diciembre

Dos perros vestidos con consignas proeuropeas protestan contra el Brexit frente al Parlamento británico
Dos perros vestidos con consignas proeuropeas protestan contra el Brexit frente al Parlamento británico FOTO: Kirsty Wigglesworth AP

El ministro del Tesoro, Rishi Sunak, presentó este miércoles la llamada “Revisión de la Estrategia de Gasto”. En circunstancias normales, se trata de una hoja de ruta para los planes plurianuales. Pero en la era del covid, el plan solo se ha realizado a doce meses vista. Aunque, francamente, todo el protagonismo se lo llevó los datos de la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria, el organismo público independiente encargado de las previsiones económicas. Por primera vez en ocho meses se sabe cuál es factura real que está dejando el virus. Y el panorama es desolador.

La economía británica se contraerá un 11,3% este año, el peor declive de los últimos 300 años. Para hacer frente al impacto, el agujero presupuestario en 2020 será de 394.000 millones de libras (442.000 millones de euros), un 19% del PIB, lo que representa el mayor endeudamiento presupuestario en la historia del país “en tiempos de paz”. El desempleo aumentará a un máximo del 7,5% en el segundo trimestre de 2021 (2,6 millones de personas), cuando termine la financiación del programa de ERTE.

“La crisis sanitaria no ha terminado aún y la crisis económica apenas ha comenzado”, advirtió el “chancellor” en la Cámara de los Comunes, donde explicó que este año el Estado habrá invertido 280.000 millones de libras (314.000 millones de euros) en la lucha contra la covid-19. En 2021 espera destinar a ese fin al menos 55.000 millones (61.700 millones de euros) más. En este sentido, advirtió de que el déficit anual se mantendrá por encima de los 100.000 millones (112.000 millones de euros) durante el resto de la legislatura, que acaba en 2024.

Aunque el Gobierno no quiere ni siquiera escuchar ahora la palabra austeridad, en algún momento tendrá que equilibrar las arcas públicas. Los cambios en la política tributaria tendrá que esperar hasta la presentación de los presupuestos el próximo mes de marzo. No obstante, Sunak sí adelantó una congelación salarial para el funcionariado, a excepción del personal del Sistema Nacional de Salud pública (NHS) y aquellos funcionarios que ganen menos de 24.000 libras anuales (27.000 euros). Asimismo, Reino Unido reducirá de un 0,7 % a un 0,5 % del PIB anual la ayuda al desarrollo internacional.

Eso sí, pese al desolador escenario, el Gobierno no se ha olvidado del llamado Muro Rojo. El apoyo de los distritos del norte de Inglaterra, que por primera vez desde la II Guerra Mundial abandonaron al laborismo para apoyar a Boris Johnson y así asegurarse del divorcio europeo, fueron claves para que el primer ministro consiguiera la mayoría absoluta en las generales de 2019.

6.000 millones de euros para el Muro Rojo

Y ahora había que comprobar hasta qué punto el “premier” está comprometido con su gran promesa electoral del “levelling up”, es decir, equilibrar norte y sur, o en otras palabras, garantizar a los que fueran históricos distritos laboristas que va a cuidar de ellos generando empleo y oportunidades.

En este sentido, el “chancellor” ha destinado 4.000 millones de libras (6.000 millones euros) para el “levelling up” y una inversión en infraestructuras para 2021 de 100.000 millones de libras (120.000 millones de euros), dirigida en gran parte a reactivar las zonas más deprimidas del norte de Inglaterra. A partir de ahora un nuevo banco, con sede precisamente en el Muro Rojo, gestionará todo lo referente a las infraestructuras.

Johnson siguió la intervención por video conferencia. El primer ministro británico se encuentra confinado tras haber estado con un diputado que dio positivo. No es el mejor momento para estar aislado. Hace menos de un año, el líder “tory” entró triunfal en Downing Street, consiguiendo para su partido una victoria no vista desde los tiempos de Margaret Thatcher. Pero su popularidad está ahora por los suelos. Y el escenario económico de un país ya en recesión no es precisamente el mejor para celebrar el Brexit.

Reino Unido saldrá ya a efectos prácticos de la UE el 31 de diciembre y sigue sin cerrarse aún pacto comercial con Bruselas. Sin convenio, las relaciones con el bloque se regirán únicamente bajo las pautas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), lo que supone cuotas y aranceles.

La negociación técnica ha llegado prácticamente a su límite de acción. Ahora todo depende del deseo político por ambas partes para superar tres principales escollos: gobernanza, pesca e igualdad de condiciones.

El tiempo avanza y en diciembre llegan, además, las vacaciones navideñas. Ampliar el periodo de transición sería un suicidio político para el “premier”. Pero cada vez se habla más de la posibilidad de cerrar un pacto en el último minuto -como ya pasó con el divorcio- y encontrar luego una vía “creativa” para poder extender el calendario a modo técnico para poder ratificarlo en enero.

Johnson sigue defendiendo ante sus filas que no está dispuesto a cerrar acuerdo a cualquier precio. No obstante, la situación económica no es ahora la mejor para llevar a cabo órdagos.