La división interna devora a la ultraderecha alemana

El moderado Meuthen llama al sector más radical a distanciarse de los negacionistas de la covid para evitar la extinción de Alternativa para Alemania

Jörg Meuthen, co presidente de AfD, durante el congreso del partido ultra en Kalkar
Jörg Meuthen, co presidente de AfD, durante el congreso del partido ultra en KalkarSASCHA STEINBACHEFE

Alternativa para Alemania (AfD) vive sus peores horas desde la creación del partido ultraderechista. En el congreso celebrado este fin de semana en Kalkar (Renania del Norte-Westfalia), la división interna se ha agudizado después de que el co presidente Jörg Meuthen atacase al ala derecha de la formación y pusiera la existencia del partido en cuestión en caso de no moderarse.

En esta cita la AfD quería elaborar un concepto para las pensiones, ya que su programa en política social es muy débil. Meuthen, sin embargo, se centró en los dos grandes problemas que acucian al partido: su cercanía a posiciones conspiracionistas en relación a la pandemia, así como la defensa de ideas abiertamente racistas y de ultraderecha.

Meuthen criticó que algunos políticos del partido hablen de una «dictadura del coronavirus», tal como lo hizo Alexander Gauland, antiguo co presidente y actual jefe del grupo parlamentario en el Bundestag. «Si viviéramos en una dictadura, no podríamos llevar a cabo este congreso», aseguraba.

Gauland respondía a Meuthen a través de la televisión pública MRD que en Kalkal estaba planeado un «congreso para las pensiones, no para atacar al partido». Gauland, de 79 años, se llevó un disgusto doble, ya que ayer tuvo que llevárselo una ambulancia al no sentirse bien.

Los alrededor de 600 participantes tuvieron que llevar mascarillas, controlados por trabajadores de la Oficina para el Orden (Ordnungsamt), después de que el partido tratase de llevar a cabo el encuentro sin que sus participantes tuvieran que ponérselas.

AfD solicitó asimismo en el Bundestag que sus parlamentarios no tuvieran que llevar mascarilla, también sin éxito. Esta semana su diputado Thomas Seitz apareció en el pleno con una mascarilla de ganchillo naranja como forma de protesta y, al ser llamado al orden y tener que ponerse la mascarilla, la denominó «bozal». La semana pasada, además, durante la votación en el Parlamento de las nuevas medidas anti covid, varios diputados participaron en la protesta negacionista y uno incluso llegó a invitar a varios provocadores al interior del Bundestag, donde insultaron e intimidaron al ministro de Economía, Peter Altmaier.

También las posiciones más extremistas son objeto de disputa en el partido, ya que AfD está siendo observada de forma oficial por la Oficina para la Defensa de la Constitución (BFV) en algunos Estados, algo que Meuthen criticó.

Declive en los sondeos

Pero la división interna no es el único problema grave que tiene el partido, sino también la caída en las encuestas para las elecciones del 26 de septiembre de 2021. La política del partido en relación a la pandemia juega un gran papel, ya que la gran mayoría de los alemanes respalda las medidas para frenar la pandemia. La AfD es el único partido que ha criticado su razón de ser y ha puesto en entredicho a los científicos que aconsejan al Estado. El resto de la oposición critica la falta de debates antes de tomar medidas.

En las encuestas más recientes, AfD cae entre dos y cinco puntos, pasando del 12,6% conseguido en 2017 al 7% en la encuesta del instituto Forsa, en la que peor puntúa. El partido dejaría de ser la tercera fuerza en el Bundestag para pasar a ser la cuarta o quinta, después del partido de Merkel, que remonta por la gestión de la crisis del coronavirus, el Partido Socialdemócrata y Los Verdes.

En relación a la propuesta para las pensiones, la ultraderecha aprobó con el 88% de los votos el sábado un plan según el cual la jubilación sería retrasada y cada persona podría elegir el momento en que se retira. Las familias con hijos que tengan pasaporte alemán recibirían además 100 euros al mes en una cuenta de ahorro hasta la mayoría de edad para redondear la pensión.

Fuera de una antigua central nuclear, reconvertida en parque de atracciones, el edificio en el que se celebró el congreso, se congregaron unos 500 manifestantes, como ha ocurrido cada vez que AfD ha llevado a cabo uno de sus encuentros nacionales. En esta ocasión, no se manifestaban solamente contra el racismo y la xenofobia, sino también contra la celebración de un evento con cientos de participantes, mientras el resto de partidos ha cancelado sus congresos y en todo el país permanecen cerrados la hostelería, la gastronomía, el ocio y el deporte amateur desde el 1 de noviembre.