África

Comienza la cuenta atrás para evitar la peor hambruna de los últimos 30 años

Los líderes mundiales se reúnen esta semana en Davos, siendo la aceleración de las hambrunas en África uno de los puntos principales a tratar

Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, Borge Brende, presidente del Foro Económico Mundial y and Dmytro Kuleba, Ministro de Exteriores ucraniano, en la 51ª cita anua del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza.
Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, Borge Brende, presidente del Foro Económico Mundial y and Dmytro Kuleba, Ministro de Exteriores ucraniano, en la 51ª cita anua del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza. FOTO: Laurent Gillieron AP

La imagen es recurrente. Son niños con las costillas marcadas, enmarcados en una fotografía que pronto se sumará a la pila de imágenes del hambre. En el siglo pasado fuimos testigos de las hambrunas que devastaron Etiopía y Somalia y parecía que el problema de las hambrunas en el continente africano estaba solucionado, gracias a los esfuerzos de la ONU y las oenegés implicadas. Se considera una hambruna a la situación en la que más de un 20% de la población no puede alimentarse. Es una sombra que parecía solucionada pero que vuelve a sobrevolar África. A las sequías de los dos últimos años en Sudán y zonas del Sahel, se le suma la nueva estrategia de Vladimir Putin para desestabilizar Europa: cortar el flujo de alimentos a África para provocar una oleada de inmigración hacia nuestras costas. Mientras la ONU avisaba la semana pasada de que millones de personas corren el riesgo de verse afectadas por la hambruna, desde el Kremlin acusan a las potencias occidentales de provocar esta situación con las sanciones impuestas a Rusia por la guerra de Ucrania.

El Foro Económico Mundial se reúne en Davos esta semana y la hambruna en África (junto con la necesidad de facilitar la exportación del grano ucraniano) fueron los temas principales a tratar en las reuniones del martes. El presidente de Polonia, Andrzej Duda, aseguró entonces que “si resulta que hay hambre en el norte de África, tanto España como todo el sur de Europa se enfrentarán a un grave problema migratorio”. Somalia es el país más afectado por el momento, con millones de personas al borde del colapso humanitario y donde ya se han reportado los fallecimientos de los primeros niños a causa del hambre, según informa Reuters. Testigos sobre el terreno informan de que no habían visto una situación igual desde los años 90.

La guerra de Ucrania, el desencadenante

Con Ucrania puesta en el foco internacional, las ayudas necesarias para el continente africano están tardando en llegar más de lo debido. Necesitan las ayudas hoy pero puede que tarden semanas en llegar. Por poner un ejemplo, los fondos recaudados por la ONU apenas llegan al 15% de lo requerido para alimentar a 6 millones de personas necesitadas en Somalia. Se espera que las imágenes de las hambrunas vengan mezcladas con la llegada masiva de inmigrantes a Europa. La situación parece crítica. El Secretario General de la ONU, António Guterres, advirtió este martes que los niveles de hambre en el mundo “están en un nuevo máximo”: 276 millones se enfrentan en todo el mundo a la inseguridad alimentaria, mientras que el número de personas que viven en condiciones de hambruna ha aumentado en un 500 por ciento desde 2016.

La Guerra en Ucrania es causa directa de esta situación. El cierre de los puertos del Mar Negro, los constantes ataques de las tropas rusas a los graneros ucranianos y las sanciones impuestas a Moscú dificultan desde todos los ángulos posibles la exportación de grano procedente de estos dos países. Según un estudio actualizado de JP Morgan, Rusia y Ucrania representan por sí solas un 29% de las exportaciones de trigo mundiales, mientras que ambas potencias llevan a cabo un 60% de la producción global del aceite de girasol. Países como Egipto o Turquía compran la práctica totalidad de su trigo a Rusia, mientras otras naciones africanas, como Túnez o Senegal, dependen en un 50% del grano ruso para alimentar a su población. Un 25% del trigo que importa Nigeria procede de Rusia, un 20% en Mauritania, un 31% en Mozambique...

David Beasley, jefe del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, apeló a la benevolencia de Putin para que abriera los puertos del Mar Negro y advirtió que “no abrir los puertos será una declaración de guerra contra la seguridad alimentaria mundial, lo que provocará hambruna y desestabilización de las naciones, así como la migración masiva por necesidad”. Porque esta hambruna no se solucionará solo inyectando dinero. Primero hará falta encontrar el grano que comprar con dicho dinero.

Posturas positivas

No todo son mensajes desesperanzadores. Desde África salen voces que confían en una solución previa al desastre que se avecina. Akinwumi Adesina, el presidente del Banco Africano para el Desarrollo, anunció este lunes el inicio de un plan de 1.400 millones de euros que abastecerá de semillas y fertilizantes a más de 20 millones de agricultores africanos. Adesina garantizó que esta inversión se traduciría en la producción de alimentos por valor de 12.000 millones de euros, y confía en el éxito del Programa de Prioridad Estratégica “Alimentos África”, que ya ha beneficiado a 76 millones de agricultores en los últimos años. Puso de ejemplo el caso de Etiopía, donde se financió el suministro de 61.000 toneladas de semillas de trigo, lo que permitió aumentar la extensión de la superficie cultivada de 5.000 hectáreas en 2018 a 167.000 hectáreas dos años después y a 400.000 hectáreas en el 2022. Adesina recordó también en una reunión con la prensa que “África solo recibe un 3% de los fondos mundiales destinados a combatir el cambio climático”, siendo el continente uno de los más afectados por las sequías de los últimos años.