"Partygate"

Theresa May lidera el malestar “tory” contra Boris Johnson

Unos 30 diputados ya habrían pedido por carta someter al «premier» británico a una moción interna de confianza

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Cuando el líder de la oposición británica, el laboristaKeir Starmer, pidió ayer ante la Cámara de los Comunes la dimisión del primer ministro, Boris Johnson, en la bancada del Partido Conservador muchos escuchaban en silencio, sin los habituales gritos de desacuerdo.

El debate en Westminster fue realmente tenso, ya que fueron muchos de los propios «tories» los que se mostraron críticos contra su líder. La ex «premier» Theresa May aseguró que «o bien Johnson no se había leído las reglas» que él mismo había impuesto durante el confinamiento «o bien creyó que no debía cumplirlas». Por su parte, Andrew Mitchell, otro de los pesos pesados de la formación conservadora, señaló que si bien el primer ministro había contado con su «total respaldo» durante los últimos años, había decidido retirarle ahora su confianza a la luz de las revelaciones sobre el «Partygate».

El descontento entre las filas es mayúsculo por el daño que todo el escándalo está haciendo al partido y a fin de calmar los ánimos, el «premier» quiso reunirse con sus diputados. La cita fue a puerta cerrada, pero las filtraciones a los medios avecinaban tormenta.

El primer ministro recordó a los suyos que estuvo a punto de perder la vida por el coronavirus, para demostrar que se tomaba la pandemia muy en serio. Pero el perdón parece que no sirve a muchos rebeldes. Para activar una votación sobre la confianza en el líder, el presidente del Comité 1992 (que agrupa a los «tories» sin cartera) necesita recibir 54 peticiones formales de los diputados conservadores (15% de la representación parlamentaria en la actual Cámara Baja). El número de las ya enviadas se mantiene en secreto, aunque los rumores apunta a alrededor de 30.

En cualquier caso, los rebeldes deben jugar bien sus cartas porque las reglas actuales determinan que si el líder sobrevive, no puede haber otro desafío en el plazo de un año. Por lo tanto, son muchos los que prefieren esperar a después de las elecciones locales de mayo, donde se prevé una debacle en las urnas para los conservadores

Uno de los peores resultados –y ahora más probable– que puede obtener el Partido Conservador es que finalmente haya votación interna sobre confianza en el líder; Johnson gane por poco; y luego continúe en el Número 10 de Doowing Street, herido pero no muerto, dañando aún más a la formación de cara a las próximas generales. En cualquier caso, ya hay reuniones donde se baraja poder cambiar las normas para establecer en el mismo año otra moción de confianza si se alcanzan 90 cartas (25% de representación parlamentaria).

Incluso los más leales al primer ministro consideran que ya no se trata de «si» habrá órdago de las filas, sino «cuándo» tendrá lugar. En los últimos días, han mantenido varias videollamadas para analizar la crisis y Chris Pincher (secretario de Estado de Vivienda y ex «whip», que está desempeñando un papel destacado en la campaña) ya ha advertido a los suyos de que si Johnson es depuesto, es más que probable que su sucesor necesite convocar una elecciones generales más pronto que tarde para legitimar su puesto en Downing Street. Pasó en su día con Theresa May y con el propio Johnson.