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Putin se queda solo: por qué la dimisión del histórico Anatoli Chubáis alerta al Kremlin y cuestiona el cargo del presidente

El reformista renunció a su cargo y abandonó el país tras su “no a la guerra” y su descontento por la invasión de Rusia a Ucrania

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, está siendo cada vez más cuestionado desde que diera el visto bueno a la invasión a Ucrania. Una “operación militar especial”, tal y como reconocen el mandatario ruso y su cercano círculo, que viene a resumirse en una agresión a gran escala en la que cientos de civiles han muerto y otros tantos han resultado heridos, así como edificios y ciudades han quedado arrasados tras continuos bombardeos desde que se iniciara la guerra hace justo un mes.

Antes de que se creara el marco bélico actual, la Duma rusa votó unánime a favor del reconocimiento de las autoproclamadas repúblicas de Donetsk y Luhansk. A partir de ahí, el líder ruso inició un conflicto en el que no solo más allá de sus fronteras, e incluso en su propio pueblo, ha suscitado protestas y reproches en contra de la ocupación. Pero también dentro del Kremlin, con la dimisión del veterano Anatoli Chubáis.

El conocido reformista, representante presidencial ruso para el desarrollo sostenible y asesor de Putin, renunció a su cargo y abandonó el país, tal y como informó este miércoles la agencia TASS. La renuncia del famoso economista fue confirmada por el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov.

Chubáis, de 66 años, sería el funcionario del Gobierno ruso de más alto nivel en romper con el Kremlin por la actual situación con Ucrania. Es conocido por ser el padre del programa de privatizaciones en Rusia en la década de los 90 y fue uno de los principales arquitectos de las reformas económicas de Boris Yeltsin, expresidente de Rusia entre 1991 y 1999. Después apoyó a Putin en las elecciones de 2000 y permaneció en su Gobierno, asumiendo importantes cargos en grandes empresas estatales hasta que el mandatario ruso le encomendó el cargo que sustentaba desde diciembre de 2020 hasta ahora. Durante estos últimos 30 años, mantuvo estrechos vínculos con funcionarios occidentales.

A la carrera de Chubáis no le faltó decisiones que le sumergieron en numerosas polémicas y situaciones controvertidas. Además, encabezó durante varios años la lista de políticos más impopulares de Rusia. Sobre todo después de que, en 1992, como vicepremier, dirigió el controvertido proceso de privatización en la nación tras el colapso de la Unión Soviética que supuso una expoliación del Estado, por el cual pasó a manos privadas el 80% de la economía del país y del que se apoderaron los oligarcas. Esa situación culminó con los antiguos monopolios estatales en manos de unos pocos empresarios.

Gran parte de la población lo responsabilizó de los tiempos de crisis en en el país, y también se ganó enemigos entre el establishment político después de unir a otros liberales de la oposición con fuerzas leales a Putin. Fruto de estas disputas fue el intento de atentado que sufrió en 2005 en Moscú cuando era presidente de la compañía eléctrica estatal Sistema de Energía Unificado. Una bomba explotó al paso de su coche blindado, que a su vez fue tiroteado. Milagrosamente, logró salir ileso. Antes, según palabras suyas en aquel entonces, había afirmado ser víctima de otros tres ataques fallidos.

La noticia coincide con las informaciones sobre la salida de Rusia de varios representantes del mundo cultural y de negocios contrarios a la campaña militar en Ucrania. El pasado 16 de marzo, Putin advirtió que limpiaría Rusia de la “escoria y los traidores” a los que acusa de trabajar de forma encubierta para Estados Unidos y sus aliados.

Así, el Gobierno ruso ha aumentado la presión sobre los críticos internos de la invasión. La semana pasada, Arkady Dvorkovich, quien fue asesor económico principal de Dmitry Medvedev durante su presidencia y viceprimer ministro hasta 2018, renunció como jefe del fondo de tecnología Skolkovo después de condenar el ataque. Al comienzo de la invasión, Andrey Kortunov, otro asesor del Kremlin, rompió filas para pedir un alto al fuego en Ucrania, una guerra que calificó de “vergonzosa” para Rusia. “Muchos de nosotros estamos abatidos, y otros tantos deberían estarlo. La gente está siendo asesinada”, reveló a principios de marzo, en declaraciones a Sky News.