Senegal

El presidente de Senegal pone fin a la especulación y anuncia que no se presentará a un tercer mandato

Tras las jornadas de disturbios durante el pasado mes de junio, Macky Sall ha desechado la idea de presentarse por tercera vez a la presidencia

Macky Sall, presidente de la República de Senegal, y su mujer, Marieme Sall.
Macky Sall, presidente de la República de Senegal, y su mujer, Marieme Sall.larazonfreemarker.core.DefaultToExpression$EmptyStringAndSequenceAndHash@7bde1876

Entre dieciséis y veintitrés muertos. Este ha sido el precio de la democracia senegalesa, dependiendo de a quién se le pregunte. Millones de dólares en pérdidas, disturbios, policías, sangre, fuego y un candidato a la presidencia condenado a dos años de prisión por “corromper a la juventud”, como un Sócrates africano que de Sócrates tiene poco pero mucho de africano. Ese es el precio de la democracia senegalesa. Y las calles de todo el país hervían ayer por la tensión provocada tras anunciarse que el actual presidente del país, Macky Sall, se dirigiría a las ocho de la noche a la nación para confirmar o desmentir si se presentaría a un tercer mandato, algo que prohíbe expresamente la Constitución senegalesa.

Macky Sall es un político de manual: frío, distante, confidente en el poder. Cuando la sentencia del opositor Ousmane Sonko se hizo pública y el líder de PASTEF llamó a su seguidores para que tomaran las calles, y las principales ciudades del país sucumbieron al caos por segunda vez en dos años, Sall guardó silencio. Cuando la prensa internacional y múltiples gobiernos extranjeros le suplicaban cumplir con lo señalado por la Constitución, no pronunció una palabra. Cuando, un día antes de su esperado comunicado, Sonko volvió a llamar a una revuelta popular (llamamiento que cayó en saco roto, pues no se produjeron disturbios), guardó silencio hasta la hora pactada. Jugando su mano hasta el final.

Comenzó su discurso, emitido tanto en la televisión nacional senegalesa como en France 24, prometiendo a sus ciudadanos que los responsables y los cómplices de las últimas protestas “responderán a sus actos ante la justicia”. Según confirmó a la pantalla, con la boca recta y desprovista de toda emoción, el objetivo de los instigadores consistía en “sembrar el terror en el país”. Calificó a los manifestantes de un “crimen organizado contra la nación senegalesa”, entre que dejó caer que poderes ocultos y extranjeros fueron los instigadores reales de lo ocurrido durante las primeras jornadas del mes de junio. En definitiva: los manifestantes “atacaron a la nación senegalesa, al Estado y a las instituciones”.

El destino de Sonko

Senegal respira aliviada y Sall ha ganado la partida. Sólo el presidente y sus asesores saben realmente hasta que punto ha rechazado presentarse a un tercer mandato por la presión ejercida por el pueblo senegalés, o si este desenlace era el único que contemplaba; pero ya no importa. Importa el resultado, y este sería que Macky Sall anunció ayer que no se presentará a un tercer mandato y que Sonko instigó al ejército a levantarse contra el Gobierno, que Sonko organizó una insurrección popular y que este “responsable” al que se refería Sall en su discurso no es otro que Ousmane Sonko.

El horizonte pinta oscuro para el líder de la oposición, que probablemente se vea envuelto en un nuevo juicio donde la corrupción de la juventud por la que ya fue condenado podría verse eclipsada por imputaciones más graves: traición, rebelión y homicidio en tercer grado. La base moral y política en la que se sostenía Sonko para alentar a las masas se ha esfumado con el último discurso de su contrincante. El pasado domingo, el líder opositor argumentó que “tenemos que hacer frente al régimen de Macky Sall” y animó a todos los senegaleses a “ponerse en pie” contra su presidente. Ahora que el régimen de Macky Sall se ha mostrado como una quimera que nunca ocurrió del todo, ¿qué le queda a Sonko para luchar?

El último episodio de la democracia senegalesa, la más fuerte de África Occidental (nunca han ocurrido golpes de Estado en este país, ni guerras civiles, igual que ningún presidente se ha presentado más mandatos de los que le correspondían), se ha jugado al más puro estilo de Juego de Tronos. Engaños, muerte, manipulaciones y un solo ganador que, evidentemente, tuvo que ser el que mejor bailó y con la sangre más fría. El silencio de Sall triunfó sobre los gritos de Sonko, aunque podría ser que Sonko haya sido un sacrificio, una condición inevitable para que Macky Sall diera paso a la democracia. De manera que Sonko, de una forma triste y agridulce, también habría salido victorioso si su verdadero interés fuese Senegal y no el de hacerse con el poder bajo cualquier precio.