El conflicto con los Menas llega a Campamento

Nueva agresión a una mujer de 72 años para robarla, según han denunciado los vecinos. La Casa de Campo, convertida en un foco de atracción donde se instalan los que cumplen la mayoría de edad

El problema de la inseguridad en la zona de la Casa de Campo a consecuencia de los robos atribuidos a los «menas» (menores extranjeros no acompañados) no ha descendido en el mes de agosto. Es más, según denuncian los vecinos de la zona, el problema se está extendiendo a zonas próximas, como Campamento y Madrid Río.

La última agresión cometida supuestamente por éstos menores de la que ha tenido noticia la Asociación de Vecinos de Casa de Campo, es el caso de una señora de 72 años que fue sorprendida en las cercanías de su casa, en la Avenida Padre Piquer, entre estaciones de metro de Campamento y Empalme.

La mujer, que presentó denuncia en la comisaría acompañada de una amiga al estar muy afectada por el sucesos, identificó a los dos ladrones como «dos jóvenes marroquíes», por su aspecto, aunque no pudo precisar bien la edad, es decir si eran menores o ya mayores de edad.

Según detallan desde la Asociación de Vecinos de Casa de Campo, los hechos tuvieron lugar el pasado lunes, día 17, al mediodía. La víctima, caminaba sola por la citada avenida cuando se le acercaron dos «jóvenes marroquíes», que al verla sola aprovecharon la ocasión para un robo fácil. La mujer, Teresa (de nombre ficticio), contó cómo mientras uno de los chicos le agarró del cuello por detrás el otro le robó le quitó la cadena que llevaba al cuello. Sólo acertó a pedir auxilio, lo que le valió para que los asaltantes saliesen corriendo. Eso sí, con su cadena y dejándole una herida en el cuello, un arañazo, y un enorme susto del que aún se está recuperando, aunque, como explicó a los miembros de la Asociación que se interesaron por su caso, afortunadamente no la tiraron al suelo ni perdió el equilibrio.

Los dos asaltantes salieron corriendo en dirección Colonia Jardín, es decir, cruzando la carretera de Extremadura hacia la zona de la Casa de Campo. El hecho de que el robo se cometiese en la Avenida Padre Piquer, ha puesto en alerta a los vecinos de la zona, que según denuncian, ven como se está extendiendo la actividad de éstos Menas desde que aumentó la presencia policial en Casa de Campo. Y es que, como ya advirtieron desde la Asociación de Vecinos, el aumento de vigilancia lo que ha hecho es desplazar el problema a otros puntos próximos. «Es sólo un parche», afirman, que no soluciona el problema creado desde que el albergue Richard Schirrmann de la Casa de Campo fue reacondicionado a finales de 2018 para alojar a estos menores extranjeros por la sobresaturación que existía en el centro de acogida de Hortaleza, gracias a un procedimiento de emergencia que en el mes de septiembre se deberá prorrogar.

Foco de atracción

Los vecinos denuncian cómo se extiende el problema, no sólo a Campamento sino, como ya publicó LA RAZÓN, también a la zona de Madrid Río, dónde un joven fue asaltado el pasado 2 de agosto, también por «jóvenes marroquíes» con un «modus operandi» muy parecido al sufrido por Teresa, sólo que en este caso fueron tres los asaltantes y completaron la maniobra de sujetarle por el cuello por detrás con una fuerte presión, es decir, la técnica del «mataleón», que inmoviliza a la víctima, cortándole la respiración hasta que cae desmayada.

Pero además, desde la Asociación de Vecinos han detectado otro problema, y es que la zona se está convirtiendo en un imán paro otros ex menas ya mayores de edad y fuera de la tutela de la administración. Según detallan, son estos mayores, los que utilizan a los mas jóvenes que viven tutelados en el albergue para que cometan los delitos, detectando cada vez mayor presencia. Pero no es la única consecuencia. Los residentes sospechan que, ante el «río revuelto» de Casa de Campo y Batán, delincuentes de otras zonas de la capital están operando en la zona, debido a que la responsabilidad va a acabar recayendo sobre los menores extranjeros no acompañados.

Los vecinos recuerdan que a finales de julio se reunieron con el consejero de Políticas Sociales, Alberto Reyero; la directora general de Infancia Ana Sastres, y los concejales de Latina y Moncloa, Alberto Serrano y Loreto Sordo, respectivamente, a quienes explicaron de primera mano la situación por la que atraviesa el barrio, y en cuya reunión ya advirtieron de que el problema se extendería a otras zonas. Aunque aseguran que la vigilancia policial se ha reforzado con coches patrulla y unidades a caballo, como se comprometió el Ayuntamiento de Madrid, también quieren dejar constancia del problema desplazado.

El problema parece que, lejos de solucionarse, se va enconando por semanas. Tanto es así que julio se ha convertido en un mes tristemente inolvidable para sus residentes. «El verano pasado fue malo, pero no se constataron hechos tan graves como los de ahora», explicaron dese la Asociación Vecinos de Casa de Campo Unidos.

En el listado de «hazañas» de los menas hay de todo: desde una mujer apalizada con el objetivo de sustraerle su móvil; un hombre golpeado en la cabeza con una botella, hasta el punto de necesitar doce grapas en el cráneo; una abuela robada delante de sus nietos; un joven que veía cómo los 150 euros que le habían regalado por su cumpleaños se esfumaban tras un robo con intimidación o una mujer de 58 años que fue desvalijada tras ser sometida a la técnica del «mataleón».

Acampados entre la vegetación

Cada vez son más los ex menas que se están trasladando a la zona de la Casa de Campo, si no a vivir, sí a trasnochar una noche o varias a juzgar por los campamentos que tienen montados. Así lo han constatado los vecinos de la zona con vídeos y fotografías en las que se ven los campamentos improvisados, con colchonetas, mantas, cajas de cartón y algunas pertenencias. Estos «dormitorios» están escondidos entre los árboles y la vegetación. «Solamente alrededor del albergue puede haber hasta ocho ex menas, en la zona del teleférico y en los recintos feriales otros tantos. En la Casa de Campo hay cerca de 20 ya», según denuncian. «Un problema» reconocido por la consejería de Asuntos Sociales.