Los agricultores miran con temor al post-covid: ¿Qué pasará en junio y julio?

El sector teme una caída en las exportaciones a países como Reino Unido, Alemania o Francia, que supone el 90 por ciento de las ventas del producto

De la crisis sanitaria, económica y social provocada por el coronavirus no se salva nadie. Uno de los sectores que aguanta el tipo y sigue día a día trabajando como actividad esencial es el de la agricultura, cuya finalidad es la de abastecer a la población y velar para que los productos que lleguen al mercado sean de primera calidad. En la Región de Murcia, este sector sigue al pie del cañón desde que se declaró el estado de alarma, pero también ha visto y sufrido en sus propias carnes la incertidumbre y el miedo. Un miedo que se traslada a los meses posteriores, de cara al verano, cuando la situación comience a volver a la normalidad y se tengan que enfrentar a una ya no tan rutinaria cotidianidad. Y es que se teme que caiga el consumo en los países a los que se exporta y, por ende, se produzca la pérdida de rentabilidad.

Desde la asociación agraria Asaja-Murcia señalan a LA RAZÓN que destinos como Holanda, Bélgica, Francia, Alemania o Reino Unido suponen para las empresas del sector un nivel de exportación del 90 por ciento, mientras que el mercado nacional únicamente es del 10. Por ello, y tras comprobar cómo el cierre comercial de muchos países por el coronavirus ha marcado un antes y después en la forma de trabajar en el campo, la principal preocupación ahora de los agricultores es qué va a pasar durante los meses posteriores al covid-19 con ese mercado internacional.

Según el secretario general de Asaja-Murcia, Alfonso Gálvez Caravaca, “una vez que acabe el confinamiento de los ciudadanos, en la mayor parte de la Unión Europea esperamos que el consumo sea más dinámico, pues sería muy negativo que por la crisis económica que afecta a los europeos, se produjera un descenso en el consumo agroalimentario”.

Y es que la situación que se vive dentro de las fronteras de España se repite en muchos de los países vecinos, donde se ha sufrido la pérdida de cientos de miles de empleos y ha provocado una brecha en el consumo y la rentabilidad de las familias.

De hecho, una de las campañas que más puede verse afectadas es la de la sandía y el melón, cuya recolección está prevista para finales de junio y principios de junio. “Siempre se consumirá, pero con esta situación, puede producirse menos compras al exportador y a las cooperativas, y si se hace, es por un precio más bajo”.

Los productos bio, en la cuerda floja

Pero sin duda, uno de las ramas del sector que más teme la caída del consumo esa es la especializada en productos poco convencionales y los ecológicos, los bio, cuyo precio es aún mayor. En este sentido, el secretario general de Asaja explica que en países como Alemania, cuyos consumidores son de cuarta gama, ya se han comenzado a notar las consecuencias del cierre comercial en este tipo de productores, ya que optan por el consumo nacional.

“Entendemos que será fundamental desarrollar campañas de promoción del consumo de frutas y hortalizas, de vinos, aceites, arroz y demás productos agroalimentarios”, sugiere Gálvez.

De la misma manera, asegura que el sector no ha sufrido ningún tipo de abuso por parte de las cadenas de abastecimiento en el ámbito nacional, sino todo lo contrario, como buena relación entre productores y compradores, así como una estabilidad en los precios que no ha resultado en ningún caso abusiva.