La presión
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Dos jugadores, André Gomes y Antoine Griezmann; dos caminos que tienden a confluir en la Ciudad Condal, y dos formas, tan dispares, de entender la profesión futbolística. Un portugués y un francés, uno en el Barça y otro en el Atlético, que son noticia por causas muy diferentes. Gomes, que llegó a vestirse de azulgrana después de triunfar en el Valencia, en los entrenamientos convence a los técnicos y en los partidos desespera a sus aficionados. Como si su calidad se evaporara al pisar el césped en medio del tumulto. No soporta la presión y confiesa que le avergüenza salir a la calle tras los encuentros, que teme que le reconozcan, consciente como es de que sus actuaciones son mejorables. A Gomes no le gusta el «olor a napalm por las mañanas» como a Robert Duvall en «Apocalipsis now»; André no es el teniente coronel Bill Kilgore sino un futbolista angustiado que necesita aprovechar una oportunidad para quitarse esa pesada carga –la responsabilidad– de encima. Es probable que Valverde le permita por enésima vez congraciarse con el público del Camp Nou, que ahora, tras la confesión, será más tolerante. Pero la cita ideal podría resultar siniestra si el Chelsea mejora el empate a uno de la ida, lo cual no es probable.

Factible es, sin embargo, que Griezmann termine jugando la próxima temporada en el Barcelona. El francés es un jugador superlativo que no se achanta –ha mandado callar al Metropolitano– y que está listo para el traspaso. Demasiados indicios aclaran la operación. La cuestión es si ese «7» que le tienen reservado no lo habrá dejado maldito Arda Turan. Mientras tanto, que disfrute en el Atlético, por si en el Barça no puede hacerlo.