El penalti

Julián Redondo

Tic tac, tic tac, tres minutos, gol de Messi. Un rebote, un centro de chiripa y disparo de Leo entre las piernas de Courtois. Ni pizca de estética y la imagen del cancerbero, por el césped. Pero la suerte hay que buscarla. Sobre el azar, Stephen Hawking no hizo estudios. Su inquietud eran los agujeros negros, la relatividad y... el penalti. Gran aficionado al fútbol y en particular a la selección inglesa, que no le proporcionó apenas alegrías, elaboró «La teoría del penalti» antes del Mundial de Brasil en 2014. Llegó a la siguiente conclusión: «El 84% de los penaltis lanzados con el interior, altos, a la escuadra, con velocidad y precisión son gol». No descubrió si los zurdos son más efectivos que los diestros, o viceversa, «ni si los calvos y los rubios tienen más posibilidades de anotar»; «esto seguirá siendo uno de los grandes misterios de la ciencia», concluyó con el sentido del humor que le caracterizaba. Lo dijo él: «La vida sería trágica si no fuera graciosa». Descanse en paz. Quién sabe si desde algún lugar siguió el partido entre el Barça y el Chelsea, 1-1 en la ida y casi resuelto en los primeros compases de la vuelta. Tic tac, tic tac, minuto 20, error de Cesc frente a Messi, que centra un lujo que Dembélé revienta con un zurriagazo: 2-0. El Barcelona defiende bien, se estira mejor y el Chelsea, inocente y frágil, sigue los pasos del Manchester United, el equipo del estúpido y arrogante Mourinho eliminado por el Sevilla. Aunque los chicos de Conte no se rindieron, volvieron a despistarse. Tic tac, tic tac, minuto 63, otro error en la defensa y Messi, quién si no, hizo el 3-0 por entre las piernas de Courtois, cómo si no. Ah, y posible penalti a Marcos Alonso. Ni lo señaló Skomina ni hubo homenaje a Hawking.