Las intervenciones psicológicas basadas en mindfulness benefician la salud mental

La aplicación de esta técnica disminuye considerablemente la ansiedad y la angustia, y mejora el afecto positivo, según una investigación en la que se ha revisado cerca de 5.000 publicaciones científicas de los últimos diez años.

Mindfulness es una palabra que nos resulta cada vez más familiar. Llegó a España hace unos años, y causó furor. Ahora, está asentada más allá del ámbito del crecimiento personal, ya que ha demostrado su utilidad para conseguir resultados reales en la mejora de la salud mental de las personas. Parece lógico si pensamos en que su principio básico no es otro que la sana, pero complicada, capacidad de poner atención en el momento presente, de un modo consciente y controlado, tratando de acallar el “ruido” de la mente. Conseguirlo ya es todo un alivio, especialmente en esta sociedad frenética y híper-estimulada en la que vivimos, donde lograr la concentración en el aquí y él ahora es una ardua tarea.

Por primera vez, una investigación llevada a cabo por el Departamento de Psicología de la Universidad Loyola Andalucía y la Universidad de Málaga (UMA) ha demostrado que la práctica de mindfulness es muy útil a la hora de mejorar el estado emocional de personas con ansiedad, angustia y depresión. El trabajo, titulado Brief Mindfulness-Based Interventions in a Laboratory Context: a Systematic Review of Randomized Controlled Trials, se ha basado en examinar sistemáticamente las pruebas de los ensayos controlados aleatorios que se han llevado a cabo en los últimos diez años (cerca de 5.000), en un contexto experimental, sobre la relación entre las intervenciones breves de mindfulness y los resultados psicológicos. “En los últimos años han aumentado las intervenciones breves basadas en la aplicación de esta técnica como una forma novedosa de intervención. Sin embargo, hasta el momento no había informes de su asociación con la mejora de la salud psicológica”, señala Davinia Resurrección, investigadora principal del estudio.

Consenso en la práctica clínica

Se incluyeron un total de 19 variables psicológicas, entre las que destacaron la ansiedad, el afecto positivo o la angustia. Los estudios difieren en el tipo de intervención, la duración de la misma y el tipo de variable estudiada. Las conclusiones del trabajo apuntan a que es necesario examinar, con mayor rigor en su aplicación, las intervenciones breves de mindfulness. A fin de llegar a conclusiones pertinentes sobre su aplicación, los investigadores señalan que se debe llegar a un consenso sobre el tipo de intervención, el entorno, el momento y la población destinataria.

Sin juicios

“Si algún pensamiento reclama tu atención, sencillamente observarlo. No lo juzgues, déjalo pasar y vuelve a concentrarte en el momento presente, en tu respiración”. Esta máxima se repite en casi todas las meditaciones guiadas o sesiones de mindfulness, y es una de las bases de una buena práctica. Con ello, aprendemos a no juzgar la felicidad o la infelicidad, sino a centrarnos únicamente en los pensamientos presentes de la forma más objetiva posible, algo a lo que la respiración, el simple hecho de ser conscientes de cómo inhalamos y exhalamos, ayuda mucho. Esto nos permite también ser conscientes de que no hay ninguna obligación de tener un espíritu positivo constante, donde el miedo o la tristeza no tienen su reconocido derecho a coexistir con el resto de pensamientos. En esta línea, los investigadores están analizando la posibilidad de aplicar el mindfulness a enfermedades crónicas, pues, “podrían verse avances en ciertas patologías trabajando el no juzgar el diagnóstico o los tratamientos y tratando las emociones de los pacientes a través de esta técnica”.