Entrevista

«No hay que abocar a alguien con TDAH a la medicación. Recomiendo entrenamiento cerebral»

Entrevista a Ana Ibáñez, ingeniera química e investigadora en Neurociencia, autora del libro «Sorprende a tu mente», de Editorial Planeta

Contra 27 agosto
Contra 27 agostoGonzalo PérezGonzalo Pérez

Su curriculum muestra que Ana Ibáñez es una curiosa incansable. Ingeniera superior química, exnadadora de alto rendimiento y piloto de helicóptero, desde 2011 está ligada a su pasión, la Neurociencia, para lograr la optimización cerebral. Ahora plasma su sabiduría en su último libro: «Sorprende a tu mente», de Editorial Planeta.

¿Infravaloramos al cerebro?

Sí, por supuesto. Si preguntamos «¿qué haces para cuidar tu cerebro?», la gente mira sorprendida. Hemos estudiado que nuestro cerebro es como una caja negra sobre la que no podemos influir, pero ahora sabemos que tenemos una enorme plasticidad cerebral, es decir, posibilidad de cambio y de mejora con rutinas, alimentación, pensamientos y con los objetivos que nos proponemos.

¿El hecho de no controlar la mente puede dañar nuestra salud?

Creo que se trata más bien de saber buscar estados mentales saludables y movernos en rangos que van desde situaciones de desequilibrio y confiar en que mentalmente podemos volver a una situación más estable. Se trata de tener flexibilidad mental.

¿Las emociones resultan cruciales?

Nuestros estados de ánimo se determinan por las emociones. Si queremos evitar estados de ánimo que nos enfermen, como la tristeza sostenida que lleva a la depresión, necesitamos que nuestro sistema se mueva entre el extremo de la tristeza y un equilibrio de emociones más positivas. La mayoría de los síntomas físicos que sufrimos, ya sean dolores de cabeza, de estómago, tensión muscular o problemas en la piel, derivan del sistema sometido, durante demasiado tiempo, al desequilibrio mental. Creo que es la causa de la gran mayoría de enfermedades que conocemos hoy en día, empezando por la depresión, la ansiedad o el insomnio.

¿El estrés es nuestro peor enemigo o se puede sacar algo bueno de él?

En sí mismo no es malo, pero el estrés sostenido y no saber salir de él es un gran enemigo. Es lo que nos permite hacer algo más allá de una situación de confort. Pero para que el estrés se mantenga como positivo necesito cumplir con dos condiciones. En primer lugar, que tengamos muy claro cuál es el beneficio detrás de ese esfuerzo. Si interiorizamos que hay una recompensa, el cerebro se tranquiliza y va a poner mucho más de su parte para enfrentar esa situación, conectando áreas cerebrales más sofisticadas en vez de los núcleos amigdalinos de defensa y alerta. En segundo lugar, necesitamos limitar el estrés en el tiempo, cualquier estrés, aunque sea positivo si se alarga se convierte en negativo. El organismo es capaz de aguantar la neuroquímica asociada al estrés sólo por un periodo de tiempo. Necesitamos alternarlo con periodos de descanso y de calma, si no se cronifica y deriva en ansiedad.

En su libro habla del miedo. ¿Por qué es necesario transformarlo en una herramienta positiva y cómo puede hacerse?

El miedo aparece siempre, en mayor o menor grado, frente a un evento que es nuevo. Es un mecanismo de protección que busca alejarnos del peligro. Pero no podemos evitar enfrentarnos a situaciones nuevas y desconocidas, es parte de nuestra evolución. Debemos contar con ello y no verlo como un sinónimo de que no debamos hacerlo, sino como un reto que seguramente nos hará evolucionar. Algo que ayuda al cerebro para sentir menos miedo es visualizar la situación que nos genera inquietud como ya terminada con éxito y visualizándolos satisfechos con ella. Así se dará cuenta de que el esfuerzo inicial de adentrarse en algo desconocido tiene una recompensa y rebaja las frecuencias cerebrales asociadas al miedo.

Cada vez hay un mayor diagnóstico de personas con TDAH en niños y adultos. ¿Cómo debería trabajarse ese cerebro?

Desconfío de muchos de los diagnósticos. En mis centros vemos que hay muchos falsos déficit de atención y en realidad lo que existen son sistemas que se sienten muy en alerta. Para ayudar a esas personas debemos comprenderlas y no abocarlas a la medicación como única salida. Sin dudar recomiendo entrenamiento cerebral de armonización de frecuencias para desarrollar y madurar las áreas del córtex prefrontal izquierdo implicadas en la concentración. En casos puntuales, recomiendo entrenamiento cerebral más medicación.

Dedica un capítulo a la autoestima. ¿Cómo impacta en nuestra salud?

La autoestima baja influye directamente en nuestra salud física y mental, ambas están muy relacionadas. Se traduce en que nuestro cerebro no se siente seguro porque no se siente «querible» por los demás. El ser humano tiene dos grandes necesidades vitales unidas a los dos grandes miedos: la necesidad de que nos acepten (y nos quieran) y la de ser lo suficientemente buenos para formar parte del grupo. Esto influye en nuestra salud mental. En un momento donde las redes sociales no someten a tanta comparación es lógico que se propague la baja autoestima.

Un consejo para afrontar la vuelta a la rutina de septiembre...

Es muy interesante aprovechar la claridad mental que nos dan los días de descanso. Es interesante anotar qué acciones quieres incorporar en el «nuevo curso», sin ser demasiado ambicioso y empezarlos desde el primer día. En general, aconsejo establecer una rutina sana de alimentación, ejercicio físico, a primera hora de la mañana en ayunas, siendo consciente de que en el día necesitamos como mínimo 30 minutos de tiempo para nosotros. Es uno de los mejores regalos que le podemos hacer a nuestra salud mental y encontrar el equilibrio después de situaciones que nos desequilibran.