Lenguaje

¿El idioma que hablamos influye en nuestra forma de pensar?

Este pensamiento se basa en el principio de la relatividad lingüística, que establece que la forma en que las personas piensan está influenciada directamente por el lenguaje que usan

El idioma que más se estudia en España es el inglés y el segundo es el francés.
El idioma que más se estudia en España es el inglés y el segundo es el francés.larazonfreemarker.core.DefaultToExpression$EmptyStringAndSequenceAndHash@1d2f781d

Se hablan unos 7.000 idiomas en todo el mundo. Y todos ellos difieren profundamente entre sí, con efectos evidentes en aspectos tan importantes como la representación del tiempo, la forma de enumerar o la orientación en el espacio. Un tema al que los expertos del lenguaje han prestado especial atención desde la década de 1940, cuando un lingüista llamado Benjamin Lee Whorf estudió un idioma nativo americano hablado en el noreste de Arizona conocido como “Hopi”. Sobre la base de sus estudios, Whorf afirmó que los hablantes de hopi y los angloparlantes ven el mundo de manera diferente debido a las diferencias en su idioma.

Este pensamiento se basa en el principio de la relatividad lingüística, que establece que la forma en que las personas piensan sobre el mundo está influenciada directamente por el lenguaje que usan para hablar sobre él. O, si lo simplificamos, que la gente sólo puede percibir aspectos del mundo para los que su lengua tiene palabras.

La mayoría de los españoles considera que los idiomas ayudan a abrir puertas en el mercado laboral
La mayoría de los españoles considera que los idiomas ayudan a abrir puertas en el mercado laboralDreamstimeLa Razón

Una forma de entender esto es a través de la percepción del color, ya que el número de términos que tenemos para referirnos a los colores varía de un idioma a otro. Por ejemplo, los hispanoparlantes usamos diversos adjetivos para clasificar diferentes tonos de azul, como por ejemplo: azul oscuro y azul claro. Mientras que Los dani de Nueva Guinea tienen solo dos términos de color básicos en su idioma, uno para los colores oscuros y otro para los colores claros. Su lenguaje rompe el espectro de colores de manera diferente a la nuestra. Pero eso no significa que no puedan ver la diferencia entre amarillo y rojo. Estudios realizados a estas poblaciones han demostrado que pueden ver diferentes colores al igual que los hispanoparlantes o los angloparlantes.

Otro ejemplo de ello, es el tiempo. Una persona que habla español generalmente organizaría el tiempo de izquierda a derecha. Sin embargo, los árabes, por ejemplo, lo presentan de derecha a izquierda. Asimismo, los diferentes idiomas cuentan con diferentes formas de expresar los números. En francés, “92″ es “quatre-vingt douze”, o “cuatro veinte y doce”, mientras que en castellano, es simplemente “noventa y dos”. Un claro ejemplo del contraste que se produce por la clara relación entre las decenas y las unidades, es en el chino mandarín, donde “92″ se escribe “jiǔ shí èr”, que se traduce como “nueve diez dos”.

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No obstante, estas diferencias no se limitan únicamente a las palabras individuales o la forma de organizarlas. En inglés, la forma del verbo en una oración indica si se está describiendo un evento pasado, presente o futuro (Jane talk/Jane talked), mientras que en el idioma Hopi no se necesita esa información. En cambio, utilizan las formas verbales para expresar cómo el hablante llegó a conocer la información, usando diferentes formas para el conocimiento de primera mano (tengo hambre) y la información conocida en general (el cielo es azul). Whorf creía que debido a esta diferencia, los hablantes de hopi y los angloparlantes concebían los eventos de manera diferente, con los hablantes de hopi enfocándose más en la fuente de la información y los ingleses enfocándose más en el momento del evento. Los objetos también son tratados de manera diferente por la sintaxis de los diferentes lenguajes.

Existen muchos más ejemplos de cómo el lenguaje influye en la percepción, pero la conclusión es la misma: los idiomas no limitan nuestra capacidad de percibir el mundo o de pensar en el mundo, sino que enfocan nuestra atención y pensamiento en aspectos diferentes.

¿Y la gente bilingüe?

Instituto bilingüe en Madrid
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Numerosos estudios han demostrado que un nuevo idioma puede cambiar la forma en que la mente humana reúne la información y, por lo tanto, permite que las personas que hablan más de una lengua tengan más de una perspectiva sobre un tema en particular. Algo que, por ejemplo, puede facilitar negociaciones, al tener la capacidad de ver ambos lados de un argumento y sus diferentes puntos de vista. Otros de los muchos beneficios de ser bilingüe son: un mejor rendimiento y memoria, además de una mayor confianza. Esta es la razón por la que las multinacionales buscan contratar a personas bilingües. Otra de las razones por las que son más demandados es porque equipar a las empresas con habilidades lingüísticas globales que puedan usar en el lugar de trabajo para interactuar con clientes y proveedores de diferentes países, es algo cada vez más necesario en el mundo globalizado en el que vivimos.