Luque, a lo grande con su mejor versión

El sevillano cortó tres trofeos y salió a hombros junto a Álvaro Lorenzo, mientras Simón cortó uno de un buen encierro de Montalvo

La suavidad de las muñecas de Luque era un choque de trenes con ese Montalvo que recién salía de toriles, como quien se estira, preparado ya para el combate de la lidia, ante la tersura del capote del sevillano, que lo hizo perfecto. Armonía desde la primera hasta la última, así el quite. Lentitud en los encuentros sin desencuentro. Daniel hizo todo despacio, como si el invierno le hubiera aplacado los ánimos y dado poso y reposo a su toreo. En la verticalidad, convencido de que ese era su concepto y no se iba a traicionar, acompasó la calidad suprema del toro, que quiso coger el engaño siempre por abajo, mecido en él, punto justo de poder, pero de más duración de lo que se preveía.

Lo gozó Luque y hubo momentos de plenitud, con algunos naturales pletóricos, que cerca estuvo de truncarse por un desplante de rodillas en el que el toro le prendió. Volvió con el Montalvo metido en la cabeza. Lo toreó bien y le metió la espada aun mejor, en esa inexplicable moneda de euro donde se mantiene la honestidad con el toro para matarlo por arriba. Paseó el doble trofeo. Se le pidió la vuelta al toro, que el presidente no dio, había sido cómplice perfecto para empezar un 2020 con el mejor pie. Y la tarde.

Creímos que el cuarto seguiría sus pasos. Al menos así fue el toreo a la verónica, tan acompasado como bello. El final fue un fogonazo de una estocada de efecto fulminante, que ponía el broche a una seria tarde de Daniel Luque en Valdemorrilo. Un trofeo, y una labor de ajustes con el ritmo del toro, que comenzó con un desmayado soberbio y en la que nunca volvió la cara.

Otra cosa fue el segundo, rebrincado y pegajoso, con el que López Simón empezó de rodillas en el tercio y se vio en más de un apuro. En esas coordenadas compuso la labor. El quinto le redimió con una embestida repetidora, clara y noble. Se fajó con el toro en faena de largo metraje, en la que logró meterse al público en el bolsillo y acabó por pasear un trofeo.

Desigual en el viaje, con ese punto de reponer, fue el tercero. Mejor con la inercia que en la distancia corta. Álvaro Lorenzo anduvo correcto, en la búsqueda de los tiempos del toro, y demasiado largo. La estocada entró y así el trofeo. Se las tuvo que ver con un sexto, más incierto y de menos recorrido por el derecho y manejable y repetidor por el zurdo. La faena, sin una estructura muy clara, contó con las desigualdades del animal y la firmeza de torero. Unas bernadinas pusieron fin a una faena larga que, con la espada, le llevó al premio.

Ficha del festejo

VALDEMORILLO (MADRID). Última de la Feria de San Blas. Se lidiaron toros de la ganadería de Montalvo, bien presentados en líneas generales. 1º, gran toro, de mucha calidad; 2º,rebrincado y pegajoso; 3º,con movilidad y desigual ritmo; 4º, irregular pero de buen juego; 5º, bueno; 6º, manejable por el izquierdo e incierto por el derecho. Tres cuartos de entrada.

Daniel luque, de tabaco y oro, estocada (dos orejas); estocada fulminante (oreja).

López Simón, de grana y oro, dos pinchazos, media, aviso (saludos); pinchazo, estocada, aviso (oreja).

Álvaro Lorenzo, de canela y oro, estocada caída (oreja); estocada (oreja).