Las puertas del infierno las abrieron los soviéticos

Kilómetros de desierto cubren el 70% de la superficie total de Turkmenistán. Kilómetros y kilómetros, son de arena y calor. Y es en ese desierto de fuego donde se esconden las puertas del infierno.

Las puertas del infierno brillan durante la noche.
Las puertas del infierno brillan durante la noche.Alfonso Masoliver

Aunque su nombre real es el Pozo de Darvaza, ya que es así como se llama la localidad más cercana, un pequeño pueblo de pastores con apenas un puñado de viviendas, y su historia no se remonta a los albores de la humanidad, ni tiene una explicación fantástica con trazas de magia. Por el contrario, su existencia se debe a una razón de lo más sencilla, tan habitual como los días de sol: un error humano.

Ideas de bombero

Corría el año 1971 cuando un equipo de geólogos soviéticos visitó esta zona en su inagotable búsqueda de gas natural, fluyendo ricamente bajo las tierras arenosas del desierto. Abundante en gases y petróleo, Turkmenistán ha vivido una estrecha relación con Rusia desde su época soviética, y todavía pueden verse a puñados viejos Ladas desvencijados circulando por la carretera. Y fue durante la búsqueda del codiciado gas, cuando el campamento de los geólogos sufrió un fuerte temblor y la tierra se derrumbó bajo ellos, como por obra de una fuerza extraña. Varios miembros del equipo fallecieron como resultado y los supervivientes descubrieron tras el desprendimiento un gigantesco pozo de gas.

Doloridos por lo ocurrido, temerosos de que el gas escapándose por los poros de la tierra se extendiese a las localidades cercanas y envenenase el aire que respiraban, los soviéticos buscaron una solución rápida y económica. Se desconoce el nombre del genio que tuvo la idea de tirar una cerilla para quemar el gas hasta agotarlo. El resto de los geólogos pareció pensar que ésta sería la mejor opción, y tras echarse a suertes quién sería el héroe, dieron una caja de cerillas al que sacó la más corta y corrieron a esconderse detrás de las dunas. También se desconoce el nombre del héroe, puede que fuera el mismo genio que tuvo la idea.

El pozo tiene una profundidad de 30 metros.
El pozo tiene una profundidad de 30 metros.

La idea era sencilla desde un principio: quemando el gas se aseguraban de que no se extendiera por los alrededores y pasados unos días, o varias semanas, a lo sumo, las reservas del pozo se acabarían y el fuego se apagaría. Y aquí no ha pasado nada y si te he visto, no me acuerdo. Pero han pasado cuarenta y nueve años y el pozo sigue en llamas. Se ignora qué fue de los geólogos. Quizás se quedaron unos meses esperando con los brazos cruzados, hasta que el Kremlin les envió a saquear un desierto nuevo, o puede que se fueran el mismo día que tiraron la cerilla y todavía los hay que piensan que su idea funcionó.

El recreo de Gurbanguly Berdimuhamedow

El imperio soviético se derrumbó, varios geólogos se jubilaron y el resto de las cerillas en aquella caja corrieron una suerte más natural que su compañera. Turkmenistán pasó a tener su propio gobierno autoritario, el turismo se masificó en todo el globo. Hoy, el Pozo de Darvaza sigue ardiendo más allá de imperios y contratos, es una de las atracciones turísticas más interesantes para los visitantes del país. Tan famoso es el pozo entre los turcomanos, que el actual presidente del país hizo hace pocos meses una impresionante demostración de sus aptitudes automovilísticas, fue de noche y con el pozo en llamas, dando vueltas y derrapando alrededor de su circunferencia como Carlos Sainz por las dunas del Sáhara. A continuación, un vídeo del jefe del estado más autoritario por detrás de Corea del Norte haciendo de las suyas:

Cómo llegar a las puertas del infierno

Algo más complicado es encontrar el pozo cuando se visita. Las puertas del infierno se esconden a los vivos, y es habitual que el aventurero extraviado mire una y otra vez, rascándose la cabeza, el punto exacto que le señala el mapa con la carretera más cercana a 5 kilómetros. Es que para llegar hace falta mancharse de arena. Las carreteras de asfalto no llegan hasta aquí y es necesario tomar una serie de vías secundarias - o terciarias - hasta encontrarlo. Para los conductores avezados, llegar no supondrá ningún problema, siempre y cuando sepan sortear los bancos de arena, pero si alguno duda de sus aptitudes, siempre podrá pedir ayuda a un pequeño grupo de hombres que merodea por la salida de la carretera en busca de turistas que ayudar a cambio de propina.

Corre el rumor de que la carretera de arena es prácticamente imposible de transitar, aventureros bravucones hinchan el pecho cuando anuncian que ellos vieron las puertas del infierno. Esto es falso, fanfarronadas de novatos. Yo he visto subir por esa carretera a un Opel Micra sin problemas. Como tantas cuestiones en la vida, llegar al pozo es simple cuestión de maña y saber tantear la arena. También hay varios que intentan cocinar una salchicha en el fuego, aunque desde que pusieron una valla para evitar accidentes no es fácil (ni recomendable) siquiera tostar el embutido. Pero tampoco haría falta. El Pozo de Darvaza es una experiencia en sí misma, sin necesidad de forzarla con gastronomía. Una noche acampados junto al pozo, olfateando como sabuesos el gas que escapa entre las piedras, es suficiente para poder tantear los pomos que llaman al reino del infierno.