África

Cinco destinos baratos donde podrás esconderte de tu jefe, de la suegra y de los acreedores

La soledad y la independencia están garantizadas... si te atreves a huir aquí

Siempre hay espacio para uno más en Palawan.
Siempre hay espacio para uno más en Palawan.Alfonso Masoliver

Y cuando digo suegra, también me refiero al suegro, no quiero interferir en los gustos de cada uno. Todos necesitamos escaparnos de cuando en cuando, aunque no seamos peligrosos criminales, todos queremos huir, al menos una vez, solo para saber cómo se siente cuando ya nos hemos escapado. Aunque nuestro jefe sea un bonachón y nuestra suegra sea un encanto. A veces nuestro cuerpo, nuestra mente nos chilla para que echemos a correr muy lejos, mucho, hacia un lugar recóndito donde no podrán encontrarnos. Para conseguir todo esto es preciso elegir un destino adecuado. Que nos aporte la calma necesitada y que no tenga acuerdos de expatriación con España, no vaya a ser que nuestros persecutores muevan demasiados hilos. Y parecerá un cachondeo pero creo firmemente que a todos nos ocurre, aunque sea una vez en nuestras grises vidas, que queremos escaparnos una semanita, cinco días, diez días, un poquitín, nada más, antes de regresar a casa para volver a sonreír y portarnos como nos piden. Toda criatura debe descansar dos semanas al año, antes de lanzarse a cazar hasta el año siguiente. Aquí tienes cinco sitios para escapar de tu jefe, de la suegra y de los acreedores. Empezamos por el primero.

Isla de Bolama

Hoy la playa la transitan vacas relajadas en vez de bañistas portugueses.
Hoy la playa la transitan vacas relajadas en vez de bañistas portugueses. FOTO: Alfonso Masoliver

La capital colonial de Guinea Bissau es ahora una isla que no es capital, ni es nada. Solo es una isla. Para llegar habría que coger el viejísimo barco que sale los viernes del puerto de Bissau (abarrotado de humanos, cabras, fardos, gallinas, conversaciones) o uno de los cayucos tambaleantes que salen a lo largo de la semana (abarrotado de humanos, sudor, cabras, fardos, niños, gallinas, olores, conversaciones). Los locales gastan sus vidas dando de comer a las cabritas, las mujeres contonean sus caderas con una musicalidad indescriptible mientras cargan enormes fardos sobre su cabeza, se escurren por los laterales de las carreteras de barro. Las enredaderas avanzan como somnolientas sobre las ruinas portuguesas y mordisquean la piedra un poquito más a cada año que pasa. El silencio aquí dura las veinticuatro horas del día y solo se rompe cuando se celebra alguna fiesta popular. El prófugo de la realidad encontrará aquí un modesto alojamiento conocido como “La escuela de pescadores” que ahora sirve de albergue por el cómodo precio de quince euros diarios. La luz se va cada pocas horas, si llueve y hace tormenta cruje todo el edificio, el agua corriente no está siempre disponible. A la humedad le crecen unas manos sudorosas que nos soban la cara y todo el cuerpo. El menú disponible es inamovible: pollo con arroz o pescado con arroz. No existe el lujo aquí. Solo de vez en cuando beberemos de una garrafa de vino de cajún casero que nos ofreció un amable desconocido, tumbados en la playa del antiguo balneario portugués, hoy convertido en un picadillo de ruinas abandonadas. Es el lugar perfecto para escapar porque nadie supondrá que tendremos tanta imaginación como para irnos a un lugar tan apartado del mundo.

Sur de Palawan

Playa de Palawan
Playa de Palawan FOTO: Alfonso Masoliver

Es importante que la escapada sea al sur de esta conocida isla Filipina. El norte lo manosean multitudes de turistas jóvenes y ruidosos que solo malograrían el efecto seductor de esta huida atolondrada. Tiene que ser el sur. Y preferiblemente, si nuestro alojamiento es el Beachfront Loft Cottage Sunrise View (está disponible en Airbnb). Dos sencillos apartamentos, una pequeña caseta que sirve de concina y de bar, una hamaca colgada entre dos cocoteros, el océano coloreado de un verde turbio, la playa vacía, los cangrejitos corriendo aterrados y chocándose entre ellos antes de enterrarse en la arena. Siete mil millones de personas se precipitan atareadísimas de un lado a otro y tú estás solo en la playa del Beachfront Loft Cottage Sunrise View. A tu alrededor, nada: selva y cielo, rocas manchadas de espuma de olas. Rumores del viento te trasladan que tu suegra ha ido a buscarte a Madagascar y te frotas las manos con satisfacción. Jamás te encontrarán. Cuando te canses de la playa y de tu hamaca en el cocotero y de la deliciosa sopa de maíz que te ponen para cenar, también puedes explorar el sur de la isla y aprender un poquito sobre la bellísima cultura filipina. El precio diario por el alojamiento no excede de los treinta euros al día y merece ese precio, sin duda. En ningún otro lugar encontraras una playa vacía tan grande y tan barata, te lo asegura uno que ha viajado un montón.

Mongolia

Largas llanuras recorren Mongolia.
Largas llanuras recorren Mongolia.

Es cierto que todos estos lugares son muy lejanos y que los billetes de avión para llegar a ellos no son precisamente baratos. Pero garantizo al lector que los precios en el destino serán irrisorios. Por ejemplo si cogemos una mochila y nos vamos a recorrer Mongolia haciendo autoestop, nos ahorraremos los gastos de transporte. Si llevamos con nosotros una tienda de campaña para plantarla en cualquier punto aleatorio de la inmensa estepa, nos ahorraremos los gastos de alojamiento. Si nos atrevemos a introducirnos en las yurtas para compartir la cabra y el queso con sus habitantes, nos ahorraremos los gastos de la comida. Este tipo de viaje puede hacerse sin demasiados inconvenientes, y lo sé porque yo lo hice y aunque estuvieron a punto de comerme los lobos una vez, y la policía mongola me detuvo dos veces porque pensaban que era un espía (historias para contar a nuestro regreso a casa), la experiencia mereció la pena. Sin duda. Gastar el cartucho de las vacaciones vagabundeando por Mongolia en lugar de irnos a Denia a ponernos morados de chupitos, es una excelente opción de huida. Lo mejor es que la mayoría del país tiene una cobertura nefasta que nos dará la oportunidad de decirle a nuestro jefe que no pudimos contestar a sus llamadas porque... la cobertura, Don Esteban, es la cobertura. Y a seguir domando caballos.

Highlands escocesas

Las Higlands escocesas son un espectáculo abrumador.
Las Higlands escocesas son un espectáculo abrumador. FOTO: LoboStudioHamburg pixabay

El truco para viajar barato a Escocia me lo enseñó mi primo. Hace falta coger un billete de avión a Edimburgo, para luego alquilar allí una furgoneta o una caravana que nos lleve adonde se nos antoje. Existen empresas de alquiler de vehículos-casa con precios más que razonables y que ayudarán a que nuestra aventura sea una más intensa, más escurridiza. Subidos en la furgoneta no tenemos límites. Si somos fanáticos de Harry Potter, podemos visitar algunas de las localizaciones que utilizaron en las películas (si Potter pudo esconderse de Voldemort, seguro que tú puedes esconderte de tus parientes tenebrosos) y buscar huevos de hipogrifo entre los helechos. Si quieres seguir los pasos de William Wallace (embajador honorífico de la libertad) podrás revolcarte en el barro de los campos de batalla donde fraguó su leyenda. Si eres un cazador de mitos puedes pegarte un chapuzón en el Lago Ness, sintiendo la naricilla del monstruo olfateándote los piececitos. Puedes comer tripa de cordero rellena y decir que te gusta más que el pastel de carne de tu suegra. Puedes hablar en voz alta con las montañas y nadie te lo discutirá. Incluso puedes comprarte una falda. Lo que mejor te sirva para desconectar, recuperar fuerzas y volver con los músculos preparados para enfrentarte a los próximos baches de la vida.

La Hurdes

Hurdes.
Hurdes. FOTO: Alfonso Masoliver

Aun así, existen destinos dentro del territorio nacional donde será difícil que nos encuentren. La Hurdes, en la frontera entre Salamanca y Cáceres, es una comarca trillada por la Sierra de Francia y podría ser un buen lugar. Las carreteras son tan estrechas y los valles tan sinuosos que no será difícil despistar a nuestros perseguidores. Un tipo de España que hoy apenas encontramos en lugares aislados y contadísimos, un tipo de España fiel a sí misma y hermosa, como una mujer independiente, un tipo de España con las esquinas lascadas e irregulares, palpita con el pulso de un paciente moribundo en las esquinas de la Sierra de Francia. Los hurdanos cuidan con insistencia de sus olivos, predicen los chubascos, recolectan la miel de sus queridas abejitas. Todo el estrépito de la ciudad queda cubierto por una densa capa de silencio infranqueable. Ni siquiera el Falcon de Pedro Sánchez se escucharía si cruzase su cielo. Incluso el volcán de Gasco ha enmudecido, víctima de este embrujo que revolotea por las Hurdes. Algunos pueblos son minúsculos, casi parece que nos puedan caber en el bolsillo, entonces nosotros reducimos nuestro tamaño para introducirnos en ellos y nos acurrucamos en una esquina calentita. Nuestros acreedores corren obcecados por toda España pero no nos encontrarán, no nos encontrarán mientras estemos aquí acurrucados. Y mientras tanto podemos aprender el delicioso arte de la apicultura, dar largos y vigorizantes paseos por la serranía, comer churrasco, contradecir a Buñuel.