Una amistad en cómic

¿Y si Dalí hubiera vengado el asesinato de Lorca?

Una novela gráfica especula sobre lo que hubiera hecho el pintor surrealista creando una conspiración durante la guerra

El asesinato de Lorca en el cómic
El asesinato de Lorca en el cómicPonent Mon

La madrugada del 16 al 17 de agosto de 1936, las autoridades fascistas de Granada convirtieron a Federico García Lorca en una de las primeras víctimas de la Guerra Civil, al asesinarlo y hacerlo desaparecer en algún lugar entre las poblaciones de Víznar y Alfacar. La trágica noticia tardó en darse a conocer, pero cuando el drama salió de Granada impactó lógicamente a los amigos del poeta.

En Londres, mientras trabajaba en una de sus peculiares «performances», Salvador Dalí supo lo que había ocurrido por su amigo y mecenas Edward James. No lo dudó y tomó, con James, un barco con destino a Francia. «Hay un refrán gitano: “La venganza es el placer de los dioses”», dijo Dalí a James para añadirle que quería vengar la muerte de su amigo. Necesitaba a James, desde luego, porque su plan era ambicioso, muy ambicioso, tanto que podía tener consecuencias no solo para el transcurso de la contienda en España sino también para la que se preparaba en Europa con un Hitler con ganas de extender su terror. Hablamos de una trama en la que estuvieron implicados desde Leon Trotski a Charles De Gaulle, con giros de guion que nos llevan al destino final del llamado oro de Moscú.

Esta es la trama de «Bodas de sangre», una extraordinaria novela gráfica con dibujos de Renato Arlem y guion de Fred Duval y Jean-Pierre Pécau con Fred Blanchard. Editada por Ponent Mon/Catarata, esta obra forma parte de una exitosa serie, titulada originalmente «Jour J», que plantea diferentes ucronías de todo tipo, como qué habría pasado si los nazis hubieran llegado a Estados Unidos en 1943, qué habría pasado si los rusos hubieran llegado a la luna o si Poncio Pilatos hubiera finalmente perdonado a Jesucristo de morir crucificado. Todas especulaciones se basan, en estos cómics, en una contundente investigación histórica.

Evidentemente Salvador Dalí no vengó nunca el asesinato de aquel que llamaba como su «mejor amigo de juventud». Mucho se ha especulado sobre la reacción del artista cuando le llegó la noticia del crimen ocurrido cerca de Granada. Dalí proclamó un sonoro «¡olé!» al saber lo ocurrido, pero nunca lo dijo como una manifestación de alegría, como algún mal informado ha pretendido.

Dalí en el libro "Bodas de sangre"
Dalí en el libro "Bodas de sangre"Ponent Mon

La realidad es que el pintor de Figueres se obsesionó con Lorca tras su muerte, convirtiéndolo en tema de buena parte de los cuadros que realizó en los años de la Guerra Civil. Es lo que se puede constatar en cuadros como «El enigma sin fin» o, más explícitamente, «Afgano invisible con aparición, sobre la playa, del rostro de García Lorca, en forma de frutero con tres higos». Dalí y su esposa Gala, en ese periodo, se alojaron en La Pausa, la finca de Coco Chanel en la Riviera Francesa. Incluso en alguno de los dibujos privados del artista con papel de La Pausa, encontramos el rostro de Lorca abocetado por el ampurdanés.

A lo largo de su vida, Dalí siguió manteniendo para él, solo para él, el recuerdo del autor de «Poeta en Nueva York». Eso fue algo que no compartió con una celosa Gala que se preocupó por hacer desaparecer algunas de las cartas que su marido conservaba de su querido amigo. Eso es lo que explica que en la actualidad, en el Centre d’Estudis Dalinians de la Fundació Gala-Salvador Dalí, se guarden pocos de esos manuscritos epistolares. Gala cortó con sus tijeras algunas páginas mientras que algunas eran simplemente hechas desaparecer. Y eso que el pintor, como le confesó a algún periodista, tenía en mente publicar todas las cartas que guardaba. Nunca lo hizo. Por otra parte, Gala no soportaba que se hablara de Lorca en su presencia porque aquello representaba el pasado.

Federico García Lorca jugando a hacerse el muerto en Cadaqués, fotografiado por Anna Maria Dalí
Federico García Lorca jugando a hacerse el muerto en Cadaqués, fotografiado por Anna Maria DalíAnna Maria Dalí

Tampoco se atrevió a ilustrar ninguno de los libros de Lorca, aunque estuvo a punto con el «Romancero gitano», pero no hubo acuerdo para formalizar el contrato. Si hay algo parecido a ilustrar una obra por parte de Dalí es uno de sus grandes óleos, «Torero alucinógeno» (1970), que se inspira en la elegía lorquiana «Llanto por Ignacio Sánchez Mejías». Seis años más tarde, en un diminuto papel, Dalí escribía que ese «¡olé!» que destinó a Lorca «era el contrapunto que surgía desgarrador en los álgidos momentos más trágicos del cante jondo». Todo habría sido distinto si hubiera optado por hacer lo que propone el cómic ahora publicado.