Sociedad

¿Cantaban los dinosaurios? Su oído nos da alguna pista

Un análisis del oído interno de varias especies fósiles revela que probablemente las crías de dinosaurio llamaban a sus padres, como hacen hoy en día las aves y los cocodrilos.

Una reconstrucción del dinosaurio Heterodontosaurus tucki, cubierto de plumas de aspecto piloso, vocalizando en una mañana fresca del Jurásico. ¿Podremos algún día saber qué sonidos emitían estos animales?
Una reconstrucción del dinosaurio Heterodontosaurus tucki, cubierto de plumas de aspecto piloso, vocalizando en una mañana fresca del Jurásico. ¿Podremos algún día saber qué sonidos emitían estos animales?VIKTOR RADERMACHER VIKTOR RADERMACHER

Los dinosaurios y las aves están cercanamente emparentados, hasta el punto de que lo correcto sería decir que las aves son un tipo de dinosaurio: el único que logró sobrevivir a la extinción de finales del Cretácico. A lo largo de las últimas décadas hemos ido descubriendo que muchos dinosaurios tenían plumas, aunque no siempre les cubrían todo el cuerpo, que algunos hacían sus nidos en grandes colonias, como hoy en día vemos en los pingüinos o los cormoranes, e incluso tenemos el caso extraordinario de Mei long, del que conservamos un fósil que aparentemente murió mientras dormía con la cabeza bajo el ala. ¿Cuán parecidos eran los dinosaurios a las aves? ¿Es posible que muchas de las cosas que hoy asociamos a las aves fueran, en realidad, inventadas por sus antepasados dinosaurios?

No conviene precipitarse. Tenemos indicios de que ciertas especies se “sentaban” sobre la nidada, como hacen las aves modernas para incubar los huevos, pero no sabemos si eso era la excepción o la norma. Es probable que muchos papás dinosaurio montaran guardia cerca del nido, para protegerlo de depredadores oportunistas, pero puede que el papel de los padres no llegara mucho más allá y que los dinosaurios jóvenes hubieran de valerse por sí mismos poco después de salir del huevo. Tenemos incluso otro aspecto más en que los dinosaurios se parecían a las aves, pero no eran exactamente iguales: la temperatura del cuerpo. Varias evidencias apuntan a que los dinosaurios no eran de sangre fría, como los reptiles modernos, pero tampoco alcanzaban temperaturas tan altas como los mamíferos y las aves. También en eso parece que vivían en un terreno intermedio.

Pero ¿y qué hay de esa otra habilidad de las aves, la que ha levantado la admiración de los humanos durante generaciones y las ha convertido en mascotas en muchas de las culturas del mundo? ¿Qué hay del canto? ¿Tenían los dinosaurios voces complejas y elaboradas, como las de las aves, o fue eso un invento posterior que sólo han tenido sus descendientes?

Garganta y oído

Lamentablemente, no podemos decir nada definitivo al respecto. La evidencia que necesitaríamos, la que nos permitiría examinar qué capacidades vocales tenían los dinosaurios, reside en dos partes del cuerpo que dejan muy pocos trazos: el cerebro y el aparato fonador. Sobre el primero tenemos muy pocas esperanzas de obtener información, porque es muy blando y es casi imposible que fosilice. El aparato vocal está formado por cartílagos, que en la mayor parte de los casos también se pudren antes de convertirse en fósiles, pero tal vez, en condiciones excepcionales, alguno podría llegar hasta nosotros. Por ahora eso sólo ha pasado con un ave de finales del Cretácico, y eso no nos dice mucho sobre cómo eran las gargantas de sus parientes, los dinosaurios.

Puesto que no podemos mirar en los sitios que más información nos darían, el siguiente paso lógico es mirar en sitios que tengan algo de información, aunque sea poca. Eso es lo que ha hecho un grupo de paleontólogos estadounidenses, que han examinado en la revista Science el oído interno de varias especies de dinosaurios. Tener voz sólo es interesante si otros miembros de tu especie pueden oírte, así que si los dinosaurios desarrollaron cantos complejos, como los de las aves, quizá eso dejó un rastro en sus oídos. Y el oído interno tiene una ventaja frente a la garganta: que está enterrado dentro de los huesos del cráneo. Por lo tanto, si el cráneo fosiliza bien vamos a tener un molde del oído interno, en forma de pequeños agujeritos dentro del fósil.

Diagrama que muestra el oído interno de un humano y su ubicación en el hueso temporal del cráneo. El oído interno consta esencialmente de dos partes: la cóclea, que es la responsable de la audición y en los mamíferos tiene forma de espiral, y el sistema vestibular, que incluye los “aros” de la parte superior y es el responsable del equilibrio.
Diagrama que muestra el oído interno de un humano y su ubicación en el hueso temporal del cráneo. El oído interno consta esencialmente de dos partes: la cóclea, que es la responsable de la audición y en los mamíferos tiene forma de espiral, y el sistema vestibular, que incluye los “aros” de la parte superior y es el responsable del equilibrio. FOTO: BruceBlaus / Ortisa (Wikimedia)

Este grupo de científicos ha analizado la forma de esos pequeños agujeritos en 124 especies diferentes, desde tortugas y cocodrilos a aves modernas, y ha incluido en la lista seis especies de dinosaurios, un pterosaurio y otros tres reptiles fósiles de grupos emparentados con los dinosaurios. Para obtener los “mapas” del oído interno han utilizado tomografía axial computerizada (lo que en español solemos llamar TAC), lo cual les ha permitido tener una imagen tridimensional que pueden manejar en un ordenador. El resultado ha sido interesante: su análisis revela que seguramente las crías de dinosaurio sí tenían voz, y es probable que la usaran para llamar a sus padres durante las primeras semanas de vida.

Voces y oídos

Lógicamente, una imagen 3D del interior de un cráneo fósil no nos puede decir cómo se comportaban las crías de ese dinosaurio. Para llegar a esa conclusión lo que los autores han hecho es fijarse en especies actuales, cuyo comportamiento sí podemos observar, y ver si hay alguna relación entre éste y la forma del oído. Intuitivamente, una relación que parecía lógico buscar es entre la frecuencia de la voz y la capacidad de audición. Parece razonable que animales con voces graves tendrán oídos adaptados para escuchar sonidos graves, mientras que animales con voces agudas deberían tener oídos especializados en sonidos agudos. Curiosamente, eso no es lo que hemos encontrado.

La parte del oído que se encarga de la audición es la cóclea, un tubo que se extiende hacia abajo en el oído interno. Sabemos, por cómo funciona el oído, que cócleas cortas sólo son adecuadas para escuchar sonidos graves, mientras que una cóclea larga nos da acceso a sonidos cada vez más agudos. Efectivamente, lo que observamos hoy en día es que reptiles como las tortugas o las serpientes tienen cócleas cortas, y esas especies suelen ser mudas o producir sonidos muy limitados. Por el contrario, las aves tienen cócleas largas y desarrolladas, a juego con sus sofisticadas voces. La palma nos la llevamos los mamíferos, que con nuestra cóclea en forma de espiral tenemos acceso a sonidos hasta 100 veces más agudos que la mayoría de los pájaros.

No obstante, este relato sencillo se rompe muy fácilmente. Aves con voces muy graves, como el podargo australiano o el avestruz, tienen cócleas largas; reptiles con voces agudas, como los gecos, tienen cócleas cortas. Y para rematar, los cocodrilos, que tienen voces muy graves e incluso tienen algunas especies mudas, tienen todos cócleas largas. ¿Qué nos estamos perdiendo en todo esto?

Reconstrucción en 3D de los oídos internos de varias especies extintas. Thecodontosaurus, en la fila de arriba, y los cinco primeros de la fila inferior son todos dinosaurios. Anhanguera, en la fila superior, es un pterosaurio, y Hesperornis, abajo a la derecha, es un ave de finales del periodo Cretácico. Los otros tres son reptiles arcosauromorfos, parientes cercanos del grupo que forman dinosaurios, pterosaurios y cocodrilos. La cóclea es el “tubo” que se proyecta hacia abajo en todas las reconstrucciones. Se puede comprobar que es muy corta en los dos primeros arcosauromorfos, se empieza a alargar en Euparkeria y es ya bastante larga en todos los dinosaurios, el pterosaurio y el ave.
Reconstrucción en 3D de los oídos internos de varias especies extintas. Thecodontosaurus, en la fila de arriba, y los cinco primeros de la fila inferior son todos dinosaurios. Anhanguera, en la fila superior, es un pterosaurio, y Hesperornis, abajo a la derecha, es un ave de finales del periodo Cretácico. Los otros tres son reptiles arcosauromorfos, parientes cercanos del grupo que forman dinosaurios, pterosaurios y cocodrilos. La cóclea es el “tubo” que se proyecta hacia abajo en todas las reconstrucciones. Se puede comprobar que es muy corta en los dos primeros arcosauromorfos, se empieza a alargar en Euparkeria y es ya bastante larga en todos los dinosaurios, el pterosaurio y el ave. FOTO: Michael Hanson et al (Science)

Reptiles paternales

Según el artículo de Michael Hanson y colaboradores todos estos animales con cócleas largas tienen una cosa en común: sus crías tienen voces agudas y los adultos cuidan de ellas durante semanas o meses después de la eclosión. Esto es cierto para la gran mayoría de las aves y también para los cocodrilos, que son padres muy dedicados. En cambio, las especies con cóclea corta no cuidan de sus crías, como ocurre con las tortugas y los lagartos, y sólo muy rara vez se observa que los jóvenes emitan sonidos. La conclusión es clara: el alargamiento de la cóclea, con su mayor sensibilidad a sonidos agudos, parece haberse producido en paralelo con el desarrollo de cuidados parentales. La ventaja de escuchar sonidos agudos parece estar relacionada con poder ofrecer un mejor cuidado a las crías, mucho más que con comunicarse con otros adultos.

¿Qué nos dice esto sobre los dinosaurios? Bueno, en realidad lo que hace es ubicar a los dinosaurios dentro de una historia que es más grande que ellos mismos. Los grupos en que observamos cócleas largas son aves, cocodrilos, dinosaurios y pterosaurios, que sabemos que están emparentados. Todos descienden de un antepasado común que vivió hace 250 millones de años, poco después de la gran extinción del Pérmico. Reptiles como Euparkeria o Proterosuchus eran, digamos, los primos de ese antepasado común, y en ellos observamos cócleas cortas. La conclusión lógica es que aves, cocodrilos, dinosaurios y pterosaurios han heredado sus cócleas largas de aquel antepasado común, que, a diferencia de sus primos, ya cuidaba de sus crías y necesitaba poder escuchar los sonidos agudos que éstas emitían. Lógicamente, esto significa que esperamos que los dinosaurios y los pterosaurios también cuidaran de sus crías, y que éstas también emitieran sonidos agudos. Les va en la familia.

La evolución del oído interno y del cuidado parental, según lo que propone el artículo de Hanson y colaboradores. A la izquierda tenemos el antepasado común de todos los reptiles, que no cuidaría de sus crías y tendría una cóclea corta. Estos rasgos se han preservado hasta día de hoy en lagartos, serpientes y tortugas. Algunos de sus descendientes, sin embargo, empezaron a cuidar de sus crías, y descubrieron que era muy útil que éstas pudieran llamar a los adultos; como las crías son pequeñas sus voces serían agudas, así que esto obligó a los adultos a desarrollar un oído sensible a los sonidos agudos. Seguramente esto ocurrió en animales como Euparkeria, que ya presenta una cóclea un poco más larga. El primer arcosaurio (color verde en el dibujo) ya presentaba todos estos rasgos, y de él lo han heredado los grupos en los que hoy lo observamos: cocodrilos y aves. Entre ese momento y la actualidad han quedado dos grupos, los dinosaurios y los pterosaurios, que no han llegado hasta nuestros días pero, probablemente, también compartían estos rasgos.
La evolución del oído interno y del cuidado parental, según lo que propone el artículo de Hanson y colaboradores. A la izquierda tenemos el antepasado común de todos los reptiles, que no cuidaría de sus crías y tendría una cóclea corta. Estos rasgos se han preservado hasta día de hoy en lagartos, serpientes y tortugas. Algunos de sus descendientes, sin embargo, empezaron a cuidar de sus crías, y descubrieron que era muy útil que éstas pudieran llamar a los adultos; como las crías son pequeñas sus voces serían agudas, así que esto obligó a los adultos a desarrollar un oído sensible a los sonidos agudos. Seguramente esto ocurrió en animales como Euparkeria, que ya presenta una cóclea un poco más larga. El primer arcosaurio (color verde en el dibujo) ya presentaba todos estos rasgos, y de él lo han heredado los grupos en los que hoy lo observamos: cocodrilos y aves. Entre ese momento y la actualidad han quedado dos grupos, los dinosaurios y los pterosaurios, que no han llegado hasta nuestros días pero, probablemente, también compartían estos rasgos. FOTO: Michael Hanson et al (Science)

Esto no significa que absolutamente todos los dinosaurios cuidaran de sus crías, ni tampoco nos dice cómo de sofisticado era ese cuidado. Tal vez los jóvenes dinosaurios eran como los cocodrilos de hoy en día: muy independientes, pero se mantenían cerca de sus padres para estar más seguros. Y es posible que algunas especies de dinosaurios perdieran este comportamiento y volvieran a ser “padres despegados”, como sus antepasados. En definitiva, no debemos imaginarnos a los dinosaurios alimentando en la boca a sus crías, como hacen hoy las aves; este estudio no puede llegar tan lejos. Pero sí ha establecido las bases para que, en el futuro, si encontramos a un dinosaurio con la cóclea larga, podamos sospechar que era un padre o madre más o menos dedicado.

El estudio tampoco puede decirnos nada sobre las voces de los dinosaurios adultos. Lamentablemente, parece que la información depositada en los oídos tiene que ver con el cuidado de las crías, y no tanto con la comunicación entre adultos. ¿Cantaban pues los dinosaurios, o es algo que sólo hacen las aves? Todavía no podemos decirlo. Pero en el camino, mientras tratábamos de averiguarlo, hemos descubierto un secreto de familia que empezó hace 250 millones de años y continúa hoy, desde los márgenes del Nilo al nido de cualquier gorrión.

QUE NO TE LA CUELEN

  • El cuidado de las crías no es exclusivo del grupo que incluye a aves y dinosaurios. Ha evolucionado varias veces de forma independiente: por ejemplo en los mamíferos, o en muchas especies de insectos. Este artículo sólo nos habla de cómo ocurrió en el linaje de los dinosaurios.
  • Aunque el resultado de este artículo es fascinante debemos tomarlo con cautela. Recordemos que aquí estamos deduciendo cosas sobre el comportamiento de animales que ya no existen a partir de lo que observamos en animales modernos. Recordemos también que el estudio sólo incluye seis dinosaurios y un pterosaurio. Estas conclusiones deben ser tomadas como un primer indicio, que habrá de ser confirmado desde puntos de vista independientes y, a poder ser, más directos. Esa carrera, sin duda, ya está en marcha.

REFERENCIAS