Música en la era de la depresión y el trauma

En los últimos tiempos, la enfermedad mental ha pasado a situarse como uno de los temas centrales de la música popular: artistas de éxito rompen tabúes

Portada del álbum «Smile» de Katy Perry en el que aborda la depresión y el suicidio
Portada del álbum «Smile» de Katy Perry en el que aborda la depresión y el suicidioLA RAZONLA RAZON

Con muchos matices, desde el más trágico al más analítico, la depresión, el trauma y la salud mental han dado el salto a la canción pop como temática central. Es cierto que en las décadas de los 60 y los 70 ya se había abordado en algún caso la depresión desde la música popular, pero casi de forma anecdótica. De la misma manera que la aceptación de las enfermedades mentales era un tabú en la realidad cotidiana, tampoco era un tema del que hablarse en canciones de pop. Sin embargo, artistas del «mainstream» internacional en los últimos años han pasado a poner a la psicología en el centro de la temática de la música, quizá solo por detrás del sexo. Nombres como Lady Gaga, Selena Gomez, Adele, Demi Lovato, SIA, Katy Perry, Billie Eilish y la que quizá sea la reina de la cuestión, Taylor Swift, han dedicado canciones y discos completos a su maltrecha salud mental, igual que Kanye West, Justin Bieber, Kid Cudi, René Residente y hasta Kendrick Lamar han abordado sus propios problemas en canciones y en discos completos, como es el caso del primero, el más célebre a la hora de afrontar esta situación.

Generación sin futuro

«Pienso que es una cuestión generacional. La idea del progreso y del futuro se han truncado y los jóvenes no tienen esperanza. En el cine y las series triunfa la distopía por esa razón y en la música popular, que está sustentada por el público, lo que triunfa es porque está en sintonía con la manera de sentir de los que escuchan. Existe esa afinidad», dice Julio Arce, director del departamento de Musicología y experto en música popular de la Complutense,

En España, la tendencia es llamativa. Desde Zahara a Travis Birds, pasando por Kase.O o Dani Martín, también los artistas han abordado públicamente su lucha consigo mismos o su pasado. La primera ha publicado este año «Puta», un disco en el que exorcizaba los demonios de las diferentes formas de violencia que había sufrido en su vida, pero que también era el resultado de un trabajo psicológico al que se sometió durante meses y que le permitió encontrar las fuerzas para hablar de ello: «Para mí es fundamental contarlo. Todo parte de una terapia en la que empecé a escarbar y a colocar muchas cosas de mi vida que no sabía cómo enfrentar», dijo en entrevista con este diario. Travis Birds cuenta en su último álbum, «La costa de los mosquitos» su lucha contra diversos demonios de su propia psique: «Sí, demonios es la palabra –decía en conversación con este diario–. Empecé a sentir la ansiedad de la vida». Para Kase.O, «El círculo» solo fue posible después de un trabajo consigo mismo, que se vio reflejado en las letras de los discos y que todavía mantiene en su rutina diaria para no volver a las tinieblas. Otros artistas como Iván Ferreiro, Pastora Soler, Rayden y Antonio Orozco han hablado de sus problemas, de distinta naturaleza, tanto en canciones como en entrevistas. Incluso Bad Bunny y J Balvin, los reyes del hedonismo han reconocido haberse enfrentado a la depresión, pero claro, difícilmente se puede escribir un reguetón sobre eso. Al menos, de momento.

En «911», canción de 2020, Lady Gaga le da las gracias a los «pequeños monstruos» y habla abiertamente sobre su experiencia tomando psicofármacos, de los que se volvió dependiente. la estadounidense ha revelado algunas situaciones traumáticas que le llevaron al colapso. Katy Perry escribió «Fireworks» al sentir la vergüenza de tomar medicinas para tratarse un cuadro clínico depresivo, tal y como reconoció la artista, debido a su insatisfacción con sus propios álbumes: la portada de «Smile», en la que aparece ella disfrazada de payaso triste es elocuente. Selena Gomez ha sufrido «ansiedad, ataques de pánico y depresión» e incluso trastorno bipolar y lo plasmó en «Anxiety», que dice así: «mis amigos quieren llevarme al cine, les dijo que les jodan porque estoy dándole la mano a mi depresión y cuando creo que lo he superado, la ansiedad me golpea para enseñarme una lección». Billie Eilish, la artista de moda hasta que el mundo entró en colapso pandémico, triunfó con «When We All Fall Asleep, Where Do We Go?», un álbum casi conceptual sobre la depresión, la ansiedad y sus pensamientos suicidas. Y podríamos seguir hasta la saciedad.

El estilo del Xanax

Es bien conocida la lucha de Kanye West con su trastorno bipolar. El rapero nunca lo ha ocultado y le dedicó a su dolencia un disco, «Ye», que sirvió de palanca para que Kid Cudi se atreviera a afrontar públicamente sus propios desórdenes («Kids see Ghosts»), álbum que a su vez inspiró a Pusha T para que se atreviera en «Daytona» a hacer lo propio, como si la actitud y el contenido se fuera legitimando siguiendo una jerarquía o un efecto llamada. El rap, un estilo que nació con una actitud poco dada a hablar de sus propias flaquezas ha sufrido una transformación temática radical. Incluso, en los últimos años, ha florecido un género que hace de la zozobra psicológica su leitmotiv, una especie de «rap emo» cuyo máximo exponente era el fallecido XXXTentacion, que alcanzó el número uno póstumamente con un tema titulado «SAD!» («Triste»). Según Google Trends, escuchar las palabras depresión, ansiedad o Xanax era 47 veces más probable en una de sus canciones que del resto de artistas.

Para Jonathan Yuste, músico de rap y miembro del Comité Pro Salud Mental en Primera Persona de la Confederación Salud Mental España, «es buenísimo que se puedan tratar estos temas con naturalidad. Es un ejemplo y muy de agradecer que los artistas los aborden». Según los datos de la asociación, un 25 por ciento de los españoles padece a lo largo de su vida una enfermedad mental. «Y entre los jóvenes de 18 a 34 años se disparan los casos de ansiedad y depresión», añade Yuste, que tuvo su propia experiencia. «Mi primer psicólogo antes de tenerlo y de visitar psiquiatras y otros profesionales era un bolígrafo y un cuaderno. Escribo canciones de rap desde hace años porque me ayudaba a escucharme. Y ejemplos como el de René o el de Kase.O nos ayudan a todos porque nos aportan dignidad y naturalidad. Son modelos a seguir y es una gran noticia que hablen de enfermedades mentales, porque generan lo que menos tenemos en la sociedad actual, que es la empatía».

Notas alegres para canciones tristes

Una cosa es el mensaje verbal de las canciones y otra el sonoro. Julio Arce cita estudios como el del musicólogo Phillip Tagg que apuntan a que el capitalismo y el pop «mainstream» siempre ha huido de las tonalidades sonoras del dolor y la angustia. Se puede cantar a la agonía, pero con tonos, acordes y escalas que remitan a una semántica sonora alegre. «Si comparas la música pre-industrial con la capitalista, en el primer caso era un desahogo mientras que en el segundo es un narcótico. Tagg dice en ‘‘Música de cine, antidepresivos y manejo de la angustia’’ que como oyentes no estamos dispuestos a soportar un cierto nivel de angustia sonora». Pero las cosas podrían estar cambiando de acuerdo con el sino de los tiempos.