Cine

Leo Sánchez, nominado al Oscar: “La Academia nos ha prometido que nuestra experiencia quedará intacta”

El productor, junto a Alberto Mielgo, de “El limpiaparabrisas” reflexiona sobre el agravio comparativo de los Oscars de la Academia respecto a la categoría de cortometraje animado

El productor español Leo Sánchez, nominado al Oscar por "El limpiaparabrisas"
El productor español Leo Sánchez, nominado al Oscar por "El limpiaparabrisas" FOTO: La Razón (Custom Credit)

Hollywood se viste de gala y se prepara para la noche más importante del año. La Academia celebra en la madrugada del domingo 27 al lunes 28 de marzo la 94.ª Edición de los Premios Oscar y, además de Penélope Cruz, Javier Bardem y Alberto Iglesias, dos españoles más pueden hacerse con una estatuilla. Es el caso de Alberto Mielgo, director, y Leo Sánchez, productor de “El limpiaparabrisas”. A través de una sucesión de imágenes de bella factura y cuidado acabado estético, el cortometraje de animación nominado habla del amor, de su relación con las nuevas tecnologías y, en cierto sentido, también de nuestro desapego por los demás. Sánchez, productor ya asentado en la industria americana con una experiencia que va desde Disney (”Enredados”, “Bolt”) hasta Dreamworks (”Trollhunters”) habla con LA RAZÓN desde Los Angeles sobre la alegría por la nominación, el origen del proyecto junto a Alberto Mielgo y esa sensación de decepción momentánea que supuso la eliminación de la categoría de cortometraje animado de la gala en su emisión televisiva.

"El limpiaparabrisas", dirigida por Alberto Mielgo y producida por Leo Sánchez, opta al Oscar a Mejor Cortometraje de Animación
"El limpiaparabrisas", dirigida por Alberto Mielgo y producida por Leo Sánchez, opta al Oscar a Mejor Cortometraje de Animación FOTO: La Razón (Custom Credit)

-¿Cómo se viven los días, las horas previas a un momento tan importante?

-Con cierto estrés. Porque se juntan todos estos eventos extraordinarios con el día a día y el estrés del trabajo que tenemos todos. Es un poquito intenso, pero estoy muy feliz. Ya hemos salido de la vorágine, la suerte ya está echada.

-¿Te puedes permitir parar, por así decirlo, o no has podido disfrutar mucho la carrera?

-En mi estudio tenemos muchas producciones en marcha y justamente ahora nos coge en una época de bastante trabajo. Así que en nuestro caso es imposible parar, tiene que ser un añadido. Lo más complicado es la cantidad de eventos que implica la campaña y la nominación, con muchas citas que son imperdibles y con muchas invitaciones como nominado.

-¿Cómo seguisteis las nominaciones en el estudio, con Alberto Mielgo?

-Para ver las nominaciones montamos un evento un poquito más privado, porque el equipo está esparcido por por todo el mundo y nos cogen diferentes zonas horarias. Por ejemplo, en Los Ángeles es muy temprano cuando hacen el anuncio de los nominados, sobre las cinco de la mañana. Yo lo viví en casa con el director de animación y, claro, con una alegría tremenda aunque ya veníamos de la preselección y eso nos había hecho confiar.

-¿Cómo nació el proyecto? ¿Cómo pusisteis en pie “El limpiaparabrisas”?

-Más allá de lo que hacemos en el estudio habitualmente, me gusta explorar otras cosas, otras ventanas, otras puertas que se puedan abrir. El estilo de Alberto me había gustado siempre, pero todavía no se había hecho ese salto al 3D de su estética y nos parecía un reto reto muy importante. El plantearnos cómo le íbamos a ayudar con esa visión que él tiene y ese grafismo que tienen en sus pinturas.

-¿Se puede soñar con el Oscar a pesar de no tener detrás a un Disney, Dreamworks o Skydance?

-En esta categoría, en concreto, no es en absoluto una quimera. La oportunidad existe y está ahí, porque en los cortometrajes no importa tanto quién está detrás, se valora de verdad el trabajo que llega a estar nominado. Para nosotros ya es un premio poder estar nominados, por la visibilidad también que puede dar al estudio, pero competir con esos gigantes de la animación tiene un mérito enorme. No creo que uno sueñe con el Oscar cuando empieza a dedicarse a esto pero, una vez dentro, es una recompensa increíble. Después de entrar en la “shortlist” y después de ser nominado, todavía cuesta creerlo.

-¿Por qué el talento español brilla en la animación extranjera y eso no se traduce en las producciones nacionales?

-Me lo pregunto yo también a veces. En España existe una gran riqueza artística, con animadores muy talentosos. Y, además, me parece importante que en nuestra educación no solo hemos consumido animación estadounidense, si no que también crecimos admirando lo que llegaba desde Japón o desde otros puntos de Europa. Esa educación, aunque sea casi involuntaria, se valora mucho fuera. Tener referentes de anime o de cómic, en nuestra primera educación audiovisual, nos devuelve unos profesionales tremendamente versátiles. Skydance, por ejemplo, ha sabido ver eso y ya está en Madrid. O Netflix, incluso. La creación de ayudas específicas también desarrollará mejor la industria, o le dará más salida en clave nacional, creo. Me pilla lejos, porque al final llevo desarrollando toda mi carrera fuera, pero creo que se avanza por el buen camino.

-¿Hay que marcharse para poder triunfar?

-Espero que cada vez menos, pero es que yo me fui en 1999. ¿Cuánto ha cambiado todo desde entonces? No había panorama, no había escena. Ahora un animador o un creativo joven tienen una oportunidad allí. Pero tampoco hay que ser excesivamente críticos. ¿Por qué en Estados Unidos hay una industria tan fuerte de la ingeniera aeroespacial y en España no? ¿Por qué en España hay un sistema de salud mejor valorado? Cada realidad es distinta y cada país invierte en lo que cree mejor en ese momento. Por suerte, cada vez se está ayudando más a la animación. Lo que sí puedo decir, llevando tanto tiempo aquí en Estados Unidos, es que existe una mentalidad de finalización. Los proyectos se llevan a término. Si se empieza, se acaba, se termina de producir todo.

-¿Cómo estás viviendo los “volantazos” de la Academia respecto a la ceremonia? La entrega al cortometraje de animación no se verá por televisión...

-Al principio me molestó mucho más que ahora, porque uno vive por y para la animación y me pareció una falta de respeto. No a título personal, que me da un poco más igual, si no por la propia industria y lo que representamos. Te da un poco el bajón, pero entiendo que no se vayan a emitir. Al menos la Academia ha sido clara con nosotros y nos ha ido informando de sus decisiones. No nos hemos tenido que ir enterando por la prensa y, al menos, la entrega se producirá en la gala aunque no se vea en la señal del directo. La experiencia desde nuestro punto de vista debería ser la misma, y eso nos han prometido. Si ayuda a que la gente tenga más interés en la gala, no es tan molesto.

-¿Qué hay en “El limpiaparabrisas” para que haya enamorado a la Academia?

-Primero es la historia, que toca un tema común a todos como el amor. A pesar de ser una visión propia de Alberto Mielgo, es algo con lo que todos podemos conectar de una manera u otra. Te toca. Cuando vimos la primera versión, en 2015, quizá la tecnología no tenía tanto peso, pero esos seis años de desarrollo han ido metiéndola en el cortometraje. Hay también algo contemplativo, poético diría yo, en esa mirada y en esa sinceridad.

-¿Qué película debería ganar el último Oscar?

-A mí me ha gustado mucho “El poder del perro”, pero todavía tengo que ponerme al día con unas cuantas.