Malestar en Moncloa por el “protagonismo” de Iglesias

El sector socialista lamenta que su intención de marcar perfil interfiera en la estrategia gubernamental

No es una novedad. En el sector socialista del Gobierno han normalizado ya que, con cierta asiduidad, Unidas Podemos eleve la voz para marcar perfil y acaparar foco mediático. En la formación morada preocupa quedar fagocitados por una coalición de la que a duras penas consiguen sacar rédito político. Las alarmas saltaron en las elecciones vascas y gallegas del pasado 12 de julio en las que quedaron relegados a una presencia residual, si no la desaparición en sendos territorios. En Moncloa se hacen cargo de este desasosiego y ofrecen ventanas de oportunidad para que se visualice su cuota de poder: las más recientes, que Pablo Iglesias interviniera –además de Pedro Sánchez– durante el debate de la moción de censura de Vox para dar la réplica a Pablo Casado o que Nacho Álvarez acompañara a María Jesús Montero en las negociaciones con los grupos para los Presupuestos. Sin embargo, en el Ejecutivo quieren que estos movimientos sean pactados y, sobre todo, que no interfieran con la estrategia global del Gabinete. Algo que ocurrió el miércoles con el anuncio del «sí» de EH Bildu a las cuentas públicas.

Fuentes del gobierno aseguran que esto no estaba previsto y no ocultan su malestar por el excesivo «protagonismo» del vicepresidente, que apenas esperó unos minutos para reaccionar a las palabras de Arnaldo Otegi para marcar posición. En Moncloa lamentan que esta maniobra hurtara el foco mediático del anuncio que tenía previsto lanzar la ministra de Hacienda esa misma mañana desde la tribuna de oradores del Congreso: la decisión de reducir el IVA de las mascarillas del 21% al 4% y volver a rebajar el precio máximo de venta de las mismas. La noticia no tuvo la acogida esperada, eclipsada por el apoyo ya explícito de los abertzales, y únicamente se interpretó en clave de rectificación después de que solo 24 horas antes, la misma Montero hubiera asegurado –desde la mesa del Consejo de Ministros– que no tenían el aval de Europa para hacerlo.

En Moncloa son conscientes de que Iglesias trabaja desde hace meses de manera discreta con ERC y EH Bildu para allanar la mayoría de la investidura de cara a la aprobación de los Presupuestos. No en vano, el mismo vicepresidente se ha reunido públicamente en rondas de contactos paralelas a las del propio PSOE –de Carmen Calvo– con los representantes de estas formaciones, dándoles la condición de socios. Se deja hacer al vicepresidente. En primer lugar, porque el de Bildu no es un apoyo con el que los socialistas se sientan cómodos y, en segundo lugar, se le vuelve a dar cierto margen de maniobra para que Iglesias «aporte». No en vano, ya en la investidura fue el líder de Unidas Podemos quien se «trabajó» estos apoyos para llevar a Sánchez al poder. Desde la formación morada aseguran que «existe normalidad absoluta» y niegan cualquier roce entre Sánchez e Iglesias por esta cuestión, destacando que fue el propio Otegi el que avisó al líder de Podemos minutos antes de hacer el anuncio.

Sin embargo, la irrupción del pacto explícito con Bildu vuelve a hacer saltar por los aires la estrategia gubernamental, tejida hasta ahora por el Gobierno y consistente en jugar a la indefinición. Desde el Ejecutivo asumen que este movimiento busca expulsar a Ciudadanos de la ecuación presupuestaria, objetivo de los de Iglesias, mientras que desde el sector socialista se han afanado en cuidar la relación, que ven más estable que con otros socios de investidura. La disponibilidad total de los abertzales también genera fricciones con el PNV, que no ve con buenos ojos la entrada de un nuevo interlocutor vasco que pueda desplazarlos. A todo esto, se suma que en el horizonte están las elecciones catalanas y tanto ERC como Cs se juegan mucho en este campo, una eventualidad que hace que el Gobierno no quiera colocar todos los huevos en la misma cesta, sino mantener, hasta el momento que les sea ineludible elegir, las dos vías abiertas.

Además de generar malestar en el Gobierno y en el PSOE, varios dirigentes han reaccionado airados al apoyo de Bildu, el Ejecutivo se tuvo ayer que dedicar a hacer un esfuerzo de pedagogía y explicación para maquillar los pactos con los abertzales. La propia Montero desde la tribuna del Congreso los defendió como una suerte de segunda «Transición» y el ministro de Fomento, José Luis Ábalos, lo definió como una victoria de la democracia. «¿Podemos aceptar que una fuerza esté en el Parlamento, pero no normalizar su actuación?», destacó Ábalos refiriéndose al partido abertzale. «Tenemos que valorarlo, porque quien ha ganado ha sido la democracia». Otros líderes regionales socialistas como el presidente de Asturias o la vicelendakari vasca también salieron a defender la alianza con Bildu, asegurando que –si bien no es plato de buen gusto– hay que normalizar estos pactos, porque el objetivo es tener aprobadas unas cuentas que el país necesita.