Yolanda Díaz, la nueva zarina roja

Alejado el líder supremo, impone ahora su estilo y cuentan que quiere disciplina y lealtad

La ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz
La ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda DíazEUROPA PRESS/R.Rubio.POOL Europa Press

Tuvo siempre a su lado una gran pléyade de féminas: Carolina Bescansa, Tania Sánchez, Isa y Clara Serra, Irene Montero, Ione Belarra, Lily Verstringe..…pero finalmente el líder supremo, Pablo Iglesias, escogió como heredera a otra mujer no militante de Unidas Podemos, Yolanda Díaz. Una gallega afiliada al Partido Comunista y sindicalista de Comisiones Obreras, de quien Iglesias fue asesor cuando ella trabajaba con el dirigente del Bloque Nacionalista Gallego (BNG), José Manuel Beiras. Dicen que el flechazo político fue inmediato y desde su militancia en ese grupo de izquierdas de Galicia, En Marea, llegó como diputada al Congreso. En la Cámara Baja se forjó como portavoz de Unidas Podemos en relaciones laborales y su ascenso fue vertiginoso hasta que en el gobierno de coalición social-comunista Iglesias la propuso como ministra de Trabajo y Economía Social. Un puesto que Yolanda ha diseñado altamente mediático, de permanente protagonismo con los agentes sociales y la ha colocado como una de las cuatro vicepresidentas de Pedro Sánchez.

Nadie duda de que Yolanda Díaz Pérez es ya la nueva zarina roja de la izquierda. Y tampoco nadie sabe por qué Iglesias decidió investirla como sucesora frente a su propia pareja, Irene Montero, dejando una bicefalia para Ione Belarra en el partido y candidata a la presidencia del gobierno en la figura de Yolanda. Lo cierto es que la gallega ha subido como la espuma y copa portadas en medios de comunicación. Para unos es una mujer simpática y cercana, «una gran seductora», dicen en su equipo ministerial y en sectores de la CEOE y los sindicatos. Para otros esconde una gran demagogia que la lleva a decir algunas sandeces como que «La legislatura empieza ahora, lo mejor está por venir», o criticar los sueldos de altos ejecutivos de empresas privadas. Para un país con una tasa de paro tan elevada, a caballo entre los ERTES y los ERES, la lideresa comunista debería ser algo más prudente, aunque ya se sabe que esta flamante izquierda de nuevo cuño es osada y llena de contradicciones.

Pertenece Yolanda a esa casta comunista con doble vara de medir. O sea, roja por fuera, burguesa por dentro. Su estilo es claramente de «niña pija», bien vestida, enfundada en trajes de marca y zapatos de firma. Le gusta lucir como una chica de derechas, a juzgar por las firmas de moda que escoge de diseñadores como su paisano gallego, Roberto Verino, uno de sus preferidos, y los altos zapatos «stilletos» de Magrit o Manolo Blhanik. Combina sus colores favoritos, blanco y rojo, con una bien cuidada melena teñida de sugerentes mechas rubias, algo que se cambió hace años cuando su cabello natural, muy oscuro, la hacía bastante mayor. Ahora acaba de cumplir cincuenta años y la satisfacción de su cargo se le nota en una mirada radiante, una sonrisa de labios bien maquillados de rojo y hasta unas mascarillas de diseño a juego. Quienes bien la conocen en su tierra gallega la definen como «una roja entre algodones», con una herencia familiar de comunistas y sindicalistas que, sin embargo, no sufrieron nunca los rigores de una saga puramente obrera.

Nació en Fene, La Coruña y estudió Derecho en Santiago de Compostela. Su padre, Suso Díaz, fue un histórico dirigente de Comisiones Obreras en Galicia. Su tío, Xosé Díaz, diputado del BNG, partido en el que también han militado sus dos hermanos. Su madre, Carmela, falleció hace cuatro años y supuso un duro golpe para Yolanda, pues estaban muy unidas. Por ello, a su única hija, Carmeliña, le puso el mismo nombre. Casada con el dibujante Juan Andrés Meizoso, un ferrolano a quien conoció en su etapa de abogada laboralista en El Ferrol, ella siempre ha contado que conoció a Santiago Carrillo con cuatro años, lo que la llevó después a afiliarse al PCE, partido en el que aún milita, aunque se dio de baja en Izquierda Unida tras la salida de Cayo Lara. Con dotes de mando, puño de hierro en guante de seda, lo demostró en la reunión del grupo parlamentario en el Congreso al lanzar una arenga a sus diputados: menos twitter y más calle, no asustar y sosiego en las redes sociales, en una palabra, seducir con un comunismo de marca blanca y acentuado carácter social. Atención a la dama, porque frente a los berridos de Pablo Iglesias y su rechazo ciudadano, Yolanda Díaz busca lo contrario: políticas de izquierda que no provoquen intranquilidad, aunque en su fuero interno pretenda derogar la reforma laboral, no abaratar el despido y cargar contra los honorarios de banqueros y empresarios.

Con una silueta de chica fina, dicen que se cuida mucho, hace gimnasia, algo de yoga, y le gusta pasear por las playas de su tierra. Confiesa que sus dos grandes amores son su marido y su hija, y tal vez no esperaba el dedazo de Iglesias para ungirla heredera. «Siento algo de vértigo», afirmó el día que el líder morado la entronizó como candidata la presidencia del gobierno. Pero todos piensan que está encantada en esa confluencia de liderazgos planetarios ahora bajo la batuta de Pedro Sánchez en el Ejecutivo y con mando en plaza en Unidas Podemos. Sabido es que las bicefalias en política nunca han funcionado y está por ver si la nueva musa de la izquierda se mueve con tacto entre tanta «gata» fémina del partido morado. Alejado el líder supremo, con la coleta cortada, Yolanda impone ahora su estilo y cuentan que quiere disciplina y lealtad. Ha cambiado la hoz y el martillo por vestidos, pantalones «palazzo» y bolsos de marca. Tiene encima de la mesa el enfado de los autónomos, las cifras de paro, un puñado de ERTES, el despido y la mochila austriaca. Habrá que ver si la nueva zarina roja consigue tejer una izquierda moderna o, por el contrario, sigue trasnochada, anacrónica y en la antípodas de Europa.