Estrategia

El plan de «asalto» de Feijóo

Una oposición de Estado, en la que buscará espacio para los pactos. Ignorar a Vox. Ampliar complicidades con empresarios, agentes sociales y otros partidos. Sumar a Ayuso sin confrontar

El reto de Feijóo no es ganar
El reto de Feijóo no es ganarAlberto R. RoldánLa Razón

Feijóo es ya el nuevo jefe de la oposición con el apoyo abrumador de su partido y después de hacerse la foto de la unidad con el «aparato» del PP, presente y pasado, en el Congreso de Sevilla. El líder gallego viene a Madrid con la idea de dar un golpe al tablero político y cambiar unas reglas de juego que para los dos principales partidos están hoy sometidas a las imposiciones de sus extremos. El cónclave extraordinario, con el que el PP pasa página de la etapa de Pablo Casado, lo clausuró con un discurso de mano tendida al contrario, al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

Su compromiso es hacer «una política de entendimiento entre todos los españoles», de «lealtad hacia España por encima de los intereses de su partido» y que esté ocupada en «los problemas reales frente a los debates estériles». Defendió un PP «de todos» frente a quienes piden «carnés de patriotas», y se dirigió expresamente desde el plenario al presidente del Gobierno para formalizarle una oferta de apoyo para que deje de ocultar la gravedad de la crisis económica y la afronte, para prescindir de sus socios –«de unos ministros que hacen oposición desde el Gobierno» y «de los que quieren fracturar España»–, para proteger los servicios públicos y para agilizar las decisiones que necesitan los españoles para responder a la escalada de precios y a la energética. «Para no depender de nada ni de ninguno de los que quieren fracturar y dividir al país, le garantizamos también nuestro apoyo».

Feijóo llega a Madrid bajo una aureola de político moderado, de centro, pero ahora tiene por delante la tarea de comprobar la viabilidad de su plan en un marco político muy diferente al gallego y en el que algunos de los satélites, supuestamente más próximos a su partido, serán los más duros en examinar su oposición y en cuestionarla si no se ajusta a lo que ellos quieren que haga. «Yo no vengo a insultar al presidente del Gobierno, vengo a ganarle», afirmó en otro momento de su primer discurso como presidente nacional del PP. De fondo con esos satélites, que señalan el camino al PP mientras aplauden a Vox, Feijóo está obligado a subrayar que viene a hacer oposición, leal, pero oposición, pero también dejó el aviso de que su proyecto es de consenso, interno, dentro del partido, y también entre todos los españoles, por encima de todo.

El plan de Feijóo pasa por recuperar la identificación del PP con un partido útil y de Estado, en estos dos últimos días en Sevilla no se ha cansado de insistir en esa idea de «la política de Estado». Pretende que el PP ignore a Vox, que no entre en el cuerpo a cuerpo con este partido, hasta el punto de que él se ha propuesto no hablar de ellos, salvo si le preguntan. Para salvar su imagen de político de Estado repartirá papeles dentro de su dirección, y en ningún momento entrará tampoco a confrontar con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Si llegara el caso, será la secretaria general, Cuca Gamarra, la que responda al envite.

La relación con Vox no será de agresión, pero tampoco de apaciguamiento. Y con el presidente del Gobierno, si Sánchez quiere reconocerle su papel como líder de la oposición, entrará a jugarlo porque está convencido de que si hay materia para el acuerdo, el PP debe firmarlo. La política del «no» es inútil, y, además, entiende que sólo favorece a los extremos.

98,35% de los votos
Los compromisarios confirmaron ayer la apuesta de los barones del PP por Alberto Núñez Feijóo. El 98,35 por ciento de los votos emitidos respaldaron su elección como presidente nacional del partido. Un congreso sin rivales, y que pasará a la historia del PP por el sonoro cierre de filas tras la crisis histórica que hizo saltar a la dirección de Pablo Casado.

El nuevo jefe de la oposición quiere recuperar el bipartidismo y recuperar también la imagen de un partido abierto y con conexiones en la sociedad civil, con los empresarios y con otros partidos. Ésta es la vía por la que pretende colocarse como bisagra y centro y, para ello, activará en sus primeras semanas una amplia agenda de reuniones y de fotos nacionales y europeas.

Su plan se enfrenta a un nuevo marco político en el que Podemos y Vox han cegado las reglas de la política clásica. A un presidente del Gobierno que hasta ahora no ha dado señales de que quiera trabajarse ese gran acuerdo con el líder de la oposición porque tiene otras alianzas incompatibles. Y a un marco social conflictivo por la situación económica, y de polarización política y mediática, que no le dejará mucho tiempo para que ensaye la oposición de la moderación. «Guárdense sus carnés de demócratas, de gentes del común, de españoles y de patriotas. Guárdense las soflamas y empecemos de una vez a trabajar como adultos en la política española», defendió ayer el presidente.

Sánchez le tiene ya preparada su primera prueba de fuego con la negociación del desbloqueo del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). El argumentario del Gobierno es que es ahí donde tiene que medir su voluntad real de consensos, pero Feijóo completará ese posible pacto con otra agenda de «acuerdos necesarios», bajo la premisa de que, tan urgente como el desbloqueo institucional, es atender a las urgencias sociales y económicas, a los desequilibrios presupuestarios y a la inminente exigencia europea de regresar a la ortodoxia fiscal.