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Así es un día, hora a hora, a bordo del “Juan Sebastián de Elcano”

Intercaladas con todas estas actividades están nuestras guardias. Cada día montamos un turno distinto y cada semana cambiamos de puesto

  • Guardiamarina observando el sol a la meridiana
    Guardiamarina observando el sol a la meridiana

Tiempo de lectura 4 min.

19 de marzo de 2019. 21:16h

Comentada
Guillermo Ferraz y Miguel Sánchez .  19/3/2019

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Al margen de las estancias en puerto, con los diferentes actos, ceremonias y compromisos que tenemos, y de los que ya le hemos ido contando, la mayor parte de nuestro crucero de instrucción tiene lugar en la mar, como no podía ser de otra manera. La parte más importante de nuestra formación profesional, técnica y en valores ocurre de puertas hacia dentro y por eso, hoy, queremos que nos acompañe en el transcurso de lo que es un día a bordo para nosotros.

Lea las anteriores entregas de la travesía del Elcano

El día comienza a las 06:45 con el toque de diana, bueno realmente no, comienza a las 00:00, cuando parte del personal del barco monta una guardia que llamamos la “media”, una guardia que se alarga hasta las 04:00, y a la que relevan los que tienen la guardia de “alba”, para los que los despertadores suenan a eso de las 03:30, con lo que la mañana se les hace un poco más larga. Disponemos de tiempo para ducharnos, asearnos y desayunar hasta 07:25 donde tenemos una revista de policía en la que comprueban que nuestras uniformidades están impolutas y nuestros afeitados perfectos, a las 08:00 comienzan nuestras clases. Después de la primera clase, cogemos el sextante y salimos a cubierta a observar el sol si la meteorología lo permite. Esto consiste en tomar cinco alturas del sol para poder situarnos posteriormente a la hora de la meridiana, como hacían nuestros antepasados para surcar los mares de todo el mundo.

Así es un día, hora a hora, a bordo del “Juan Sebastián de Elcano”

Al finalizar la hora de deporte, en la cual el capitán de Infantería de Marina que embarca con nosotros da rienda suelta a su imaginación para, en la pequeña plataforma que tenemos, hacernos “sufrir” un poco, observamos la altura a la hora de la meridiana, que suele rondar entre las 12:00 y las 13:00. Ésta es la hora a la que el Sol cruza nuestro meridiano y alcanza su máxima altura, por lo que se toma una única observación cuando vemos que deja de subir y empieza a bajar. A partir de entonces, tenemos hasta las 15:00 para comer y realizar el problema astronómico. Con la recta de altura del Sol observada por la mañana y la altura a la hora de la meridiana calculamos gráfica y analíticamente nuestra posición, con ayuda del Almanaque Náutico, una carta náutica en blanco, compás, escuadra y cartabón, una serie de complicados cálculos, que como resultado nos da una latitud y una longitud que poco a poco se va pareciendo cada vez más a la real, o eso esperamos por el bien de nuestra nota.

Con la tecnología de la que disponemos hoy en día es evidente que ya no es necesario situarse en la carta mediante observaciones del Sol. No obstante, es una ciencia que, aunque menos precisa que el GPS, nunca falla. Aparte de ser una bonita tradición con cientos de años de historia, la Armada Española es de las que sigue exigiendo estos conocimientos a sus futuros Oficiales y será de extrema necesidad el día que la tecnología falle.

Así es un día, hora a hora, a bordo del “Juan Sebastián de Elcano”

Por la tarde, solemos tener clases u horas de estudio hasta aproximadamente las 18:00, cuando se produce el ocaso, formamos en el Alcázar y tiene lugar el canto de la oración y la lectura de la Orden diaria, que es un adelanto de las actividades o hechos reseñables del día siguiente. Con el crepúsculo vespertino volvemos a observar, esta vez las estrellas y planetas. Tomando varias observaciones de 3 astros podemos volver a calcular nuestra posición. Y como no, después de la cena, el concierto de la Unidad de música, que siempre es un momento de relax en la intensa jornada.

Así es un día, hora a hora, a bordo del “Juan Sebastián de Elcano”

Intercaladas con todas estas actividades están nuestras guardias. Cada día montamos un turno distinto y cada semana cambiamos de puesto (derrota, meteorología, cubierta, puente y máquinas). A pesar de lo apretado que está el horario, siempre se puede encontrar un rato para hacer deporte, ver una película en la Cámara de Guardiamarinas con tus compañeros, leer un libro en cubierta o charlar con miembros de la dotación.

Los fines de semana el régimen cambia notablemente. Seguimos con las guardias, pues el barco continua operativo las 24 horas, pero el resto del día suele ser libre. Todos los sábados por la mañana, grupos de guardiamarinas exponen conferencias sobre temas de actualidad del ámbito de la Armada así como de la Historia de España, sobre todo de las conquistas o hazañas realizadas en las zonas por las que navegamos. Esto lo hace más interesante y te metes de lleno al ver que navegas por aguas en las que se realizaron gestas nunca antes vistas. Esta clase de conferencias son, en nuestra opinión, enriquecedoras en varios sentidos: de gran utilidad para el que expone ya que estudia a fondo un tema y practica sus dotes oratorias, como para los que escuchan ya que recibimos un gran baño cultural sobre la extensa y gloriosa historia de España que por desgracia no se suele estudiar tanto en colegios como en institutos.

Los domingos suelen ser el día más relajado de la semana como no podría ser de otra manera. Este día aprovechamos para estudiar y descansar principalmente. A bordo se encuentra embarcado un cura, el “páter”, que a diario celebra misa para aquellos que lo deseen en la capilla. No obstante, y como es habitual, la principal es el domingo en el Alcázar, a la que le sigue un concierto.

Para que esté informado de donde nos encontramos, actualmente acabamos de llegar a Veracruz, primera ciudad fundada en el actual Méjico por el conquistador español Hernán Cortés en 1519. Pero eso ya se lo contaremos la semana que viene. No nos falle.

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