Rosa Valenty: “En la transición lo pasaba muy mal desnudándome en las escenas picantes"

La actriz, que perdió su trabajo por la pandemia, volverá a las tablas con una obra de su hijo y dice que no está perdida ni olvidada

Va a cumplir setenta años que no aparenta y sigue al pie del cañón. Una vida dedicada en cuerpo y alma al mundo del espectáculo, mucho éxito y algún altibajo. Es una superviviente nata, a la que le molesta que se diga: «Qué fue de… Rosa Valenty», porque «ni estoy perdida ni olvidada». Y eso que ha pasado momentos difíciles, como la mayoría. «Llevo cuarenta años en Madrid, y todavía hay empresarios que se acuerdan de mí. Antes de la pandemia estrené en el Teatro La Latina el musical “Un chico de revista” y estuve de gira por España. Es cierto que trabajé una temporada, sí, en el bingo Las Vegas de Madrid. Pero respetaban las ofertas de trabajo que me llegaban como actriz. Me fui por culpa de la pandemia y de la crisis del sector artístico... Aunque voy de vez en cuando. Pasé allí unos años que los llevo en el corazón».

De hecho, su hijo Jorge escribió una obra de teatro que la propia Valenty pensaba protagonizar, pero la crisis llegó para todos y el sector no vive su mejor momento. «Desgraciadamente, todo está parado. Mi hijo es un gran escritor y tiene preparada una obra preciosa, la haremos en cuanto sea posible. Se llama “La habitación” y es una historia de dos mujeres que se encierran en un cuarto y a las que les suceden muchas cosas». Cuenta, con cierta intriga, que también le han ofrecido regresar a la televisión en una serie de la que, asegura, aún no puede hablar.

Mientras las cosas se resuelven y las noticias puedan ver la luz, recordamos con ella aquellos tiempos en los que se definía a sí misma como «una chica de la Transición» y protagonizaba más de un desnudo en la gran pantalla que la hacían sentirse muy incómoda: «Hice poco cine… Y lo pasaba muy mal desnudándome en las escenas más picantes. Era jovencita, madre de dos hijos, y sin comerlo ni beberlo salía con los pechos al aire. Habíamos pasado una dictadura y esa apertura era generalizada en todos los campos de la vida. En las películas te quitaban el sujetatetas a la mínima de cambio. Por eso me cambié rápidamente al teatro en cuanto me hicieron una buena oferta».

Hoy, reivindica la fuerza de las artistas veteranas, la experiencia y la vitalidad que les impide retirarse. «No tengo ganas de jubilarme. La ilusión no me falta. Igual que les sucede a Concha Velasco, Nuria Espert, Carmen Maura o Lola Herrera. Para mi edad, estoy estupenda. Hay que seguir haciendo las cosas que te gustan. Por desgracia, en este país se contrata a actrices jóvenes para interpretar a personajes de mi edad. Prefieren caracterizarlas a echar mano de nosotras». Se rebela contra eso y recuerda la excelente preparación de las de antes. «Si echo la vista atrás le aseguro que he vivido intensamente. Me siento una madura feliz conmigo misma, con su físico, sus años, con todo. A lo largo de mi carrera he tocado el cielo con las manos muchas veces» ¿Y el infierno? «Bueno, en una ocasión que prefiero no recordar. Fue por culpa de un señor con el que trabajaba y no se portó bien conmigo. Pero es un capítulo cerrado y olvidado».

Nada de ligues por la red

Ahora está en un momento tranquilo. Ni liga por las redes sociales ni flirtea. Y tampoco hay ningún hombre en su vida. Ya los tuvo: «Los que más me marcaron fueron Felipe Campuzano, Enrique Cornejo, Felipe Luis Maestro y el padre de mis hijos». Cuesta creer que con lo estupenda que está viva aferrada al celibato... «Hombre, de vez en cuando tengo algún revolcón. Mi físico no aparenta la edad que tengo. ¡Y jamás he pasado por el quirófano!». Una vida sana que le permite seguir trabajando y ejercer además de abuela activa con sus tres nietos.