Ivanka, la “apestada”: todos reniegan de la hija de Trump

El elitista círculo social en el que se ha movido la hija de Donald Trump reniega de ella y la quiere lejos

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«Cualquiera que tenga un mínimo de respeto por sí mismo y por la democracia, que tenga valores y una carrera que preservar, o quien no quiera que sus amigos le critiquen en público o en privado, ahora se mantendrá alejado de Ivanka y Jared (Kushner)». El comentario, quizá más bien una sentencia, lo ha obtenido la revista «Vanity Fair» en el elitista círculo social que hasta ahora ha acogido a la hija del presidente y a su marido. Son numerosos los medios estadounidenses que han sondeando el entorno de la hasta ahora princesa de la Casa Blanca y la opiniones coinciden. Como titulaba uno de esos reportajes, «Ivanka Trump apesta».

La imagen junto a su padre, jaleando a los manifestantes que luego asaltaron el Capitolio, a los que ella calificó de «patriotas americanos», sirve de epitafio a la seductora lideresa, heredera de una dinastía que haría grande a América de nuevo. Ivanka pretendía ser la siguiente Trump en ocupar la presidencia, según revela el periodista Michael Wolff en «Fire and Fury», esclarecedora disección de la familia. Hoy tal vez debería conformarse con encontrar un lugar donde vivir sin que su presencia moleste a los vecinos.

Ivanka junto a su padre, Donald Trump
Ivanka junto a su padre, Donald TrumpMICHAEL REYNOLDSEFE

La liberal Nueva York, donde nació y disfrutó de una opulenta juventud, es desde hace tiempo terreno vedado para ella y Jared. Por eso decidieron comprar a Julio Iglesias, por 25 millones de euros, una propiedad en Indian Creek, la más selecta área residencial de Miami. El medio digital «Page Six», el mismo que dio la exclusiva de la compra, ha publicado que la comunidad rechazará su admisión en el «country club», reservado para los elegidos entre los multimillonarios residentes. Es su manera de comunicar a la pareja que no son bienvenidos.

Tampoco lo han sido en el barrio de Kalorama, en Washington, donde todavía comparten vecindario con la familia Obama o Jeff Bezos, presidente de Amazon. Ellos están entre los que celebran su próxima marcha aireando el último de sus escándalos. Según revela el «Washington Post», nada más ocupar la que ha sido su residencia en estos cuatro años, Ivanka prohibió que los miembros del servicio secreto que cuidaban de su seguridad pudieran utilizar alguno de los siete baños de la casa. Obama les ofreció el aseo de su garaje. También el vicepresidente, Mike Pence, les invitó a utilizar uno de los suyos, pero ambas opciones les obligaban a alejarse demasiado de su puesto de vigilancia, de manera que se instaló un baño portátil en la calle, que tuvo que ser retirado ante las protestas de los vecinos. Finalmente, se decidió alquilar un apartamento anexo a la residencia, solo para que los agentes se aliviaran. Según esa información, el remilgado clasismo de Ivanka habría costado unos 100.000 dólares del dinero de los contribuyentes. Tal vez no haya mejor colofón para la presencia de esa niña de papá en la vida pública norteamericana que un hedor a cloaca que la va a perseguir siempre.