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Mila Ximénez y el desamor

Mila Ximénez siempre se lamentó de no haberse sentido amada por ninguno de los hombres que pasaron por su vida. “Siempre me he acercado no a hombres canallas, pero sí a hombres que no me lo han puesto fácil”, dijo en el año 2014 en ‘Sálvame’.

Mila Ximenez y Manolo Santana
Mila Ximenez y Manolo SantanaEuropa PressEuropa Press

“He vivido mi vida y no me compensa volver a enamorarme. Ya no me fío. Mi tiempo ahora es para mí y para dedicárselo a los míos. Quiero tranquilidad” así justificaba Mila Ximénez la ausencia de un hombre a su lado. En confianza, sin embargo, Mila reconocía que no creía en el amor ya que ella nunca se había sentido amada por ninguno de los hombres que pasaron por su vida. El desamor lo compensaba dando todo su cariño a su familia y a sus numerosos amigos.

La vida amorosa de Mila Ximénez ha sido de todo, menos fácil. Su belleza, magnetismo personal, fuerte carácter y su particular forma de entender la vida, atrajeron a muchos. Le gustaba seducir y sentirse deseada pero se quejaba, en privado, de que nadie la había amado de verdad.

Aunque no era un personaje que escondiera su pasado o rehuyera hablar de su intimidad, Mila Ximénez no guardaba buen recuerdo de aquellos con los que compartió cama o casa. Solo tuvo dos parejas más o menos estables: Roberto, su primer amor y Manolo Santana, el único con quien se casó y tuvo un hijo.

El resto de los que formaron parte de su vida sentimental, a excepción de Rafael Aguilera o Antonio Arribas, prefería no nombrarlos. Fueron amantes ocasionales, affaires de los que no se sentía orgullosa como Emilio Rodríguez Menéndez, Pepe Sancho o José Sacristán.

Manolo Santana, el hombre que le dio una familia.

Cuando Mila conoció a Manolo Santana, el hombre que le dio la fama y el mayor tesoro de su vida, su hija Alba, la sevillana mantenía la que fue la relación sentimental más larga y estable que tuvo en su vida. Roberto era médico y ella trabajaba en su consulta como recepcionista. Ella tenía 18 años de edad y él, que estaba casado, más de treinta. El escándalo que provocó esta relación les obligó a abandonar Sevilla para iniciar una vida en común en Madrid.

Manolo Santana y Charlie Pasarell en el partido que abrió el torneo de Wimbledon de 1967

Allí, diez años después, una noche loca conoció a Manolo Santana. La colaboradora de Sálvame ha narrado en infinidad de ocasiones como intimó con el famoso tenista y su vida cambió para siempre. Fue a principios de los años 80 y, aunque ambos tenían pareja, surgió una historia de amor. Mila dejó a Roberto y Manolo se divorció de su primera esposa y madre de tres de sus hijos, Fernanda Dopeso, para empezar una nueva vida con la andaluza.

El matrimonio con Manolo Santana, en 1983, abrió a Mila las puertas de un mundo de lujo y glamour en el que se movía con desenvoltura. Tras su boda, comenzó a codearse con la jet set y convirtió en una presencia habitual en las revistas del corazón. Fue su época dorada y aunque el matrimonio sólo duró tres años, a Santana siempre le agradecerá que la convirtiera en madre. El 15 de abril de 1984 nació Alba y, año y medio después, la pareja se rompía definitivamente. “Como tenista ha sido el mejor, pero como persona ha sido y es abominable. Es la peor persona que me he encontrado en mi vida”, llegó a decir de él.

Alba Santana disfruta junto a su madre, la periodista Mila Ximénez, de un descanso por las calles madrileñas

La última vez que estuve con los dos, con Mila y Santana, fue en la boda de Alba y Aviv, el millonario judío con el que contrajo matrimonio en Marbella en junio de 2006. Mila sufrió mucho en aquella boda, organizada por el tenista y su mujer Otti en el lujoso hotel Puente Romano, al ser situada en la mesa más alejada de la presidencial, donde estaban los novios con sus padres. No le dejaron invitar a más de cinco o seis personas, entre las que estábamos, sus hermanos y yo. Creo que aquello no se lo perdonó nunca y es uno de los motivos por los que fue implacable con él cuando se convirtió en una estrella mediática gracias a su trabajo en Sálvame. Fue la última vez que se vieron.

Amores de una noche y pasión por Antonio Arribas, el ex de Lolita y Carmen Ordóñez.

Recién divorciada, Mila empezó a salir con el actor José Sacristán, con quien fue fotografiada en el verano de 1987. En una entrevista concedida tras ser pillados “in fraganti” reconoció que habían tenido encuentros en Madrid y Marbella y que “Él reúne las condiciones que me gustan en un hombre”. Pero el noviazgo no se afianzó ya que según diría Mila años después “El problema con Pepe es que era demasiado intenso y yo estaba en un momento en el que lo quería era divertirme. Fue una relación corta”.

Mila Ximénez en 'Sálvame' FOTO: Mila Ximénez Instagram

Mila disfrutó de las noches de Marbella acompañada de Antonio Arribas, componente del famoso grupo de vividores “Los Chorys”, entre los que se encontraban Carlos Goyanes, marido de Cary Lapique, y Yeyo Llagostera, el millonario que sufragaba sus viajes y juergas. Antonio Arribas, ex novio de Lolita Flores y Carmen Ordóñez, era su compañero perfecto para disfrutar a tope de la vida y comenzaron una historia de amor libre, sin ataduras, de juergas, risas y noches de pasión. Aún así, fue uno de los hombres a los que más quiso Mila y de los pocos que guardaba buen recuerdo.

“Lo que tuve con él no sé si se puede llamar amor, pero fue una gran pasión”-dijo Mila en su día. Aún recuerdo su llamada, llorando, el día que apareció muerto Arribas: “Si él no hubiera estado tan enamorado de Carmen, hubiera sido mi hombre ideal. ¿Sabes que él siempre tuvo en su mesilla de noche una foto con ella?”-me confesó Mila el día de su muerte, consciente de que nunca la amó. “Fue una persona tremendamente importante en mi vida y no lo supe hasta que se fue. La pérdida de Antonio Arribas ha sido irreparable”.

Mila junto a Pepe Sancho en una fiesta. FOTO: La Razón (Custom Credit)

Otro de sus amores prohibidos fue Pepe Sancho. El actor, entonces casado con María Jiménez, pasó por su vida sin dejar casi huella. Ninguno de los dos, como era lógico, confirmó nunca el affaire aunque Mila reconoció que el romance existió y que coincidió con una de las épocas más oscuras de su vida. “Nunca tuve una relación con Pepe Sancho, sí tuve una noche de encuentro. No admito en mi vida la relación que tuve con Pepe Sancho”, reconoció en una entrevista en Telecinco.

Rafael Aguilera, su último amor conocido.

A finales de 1990 comenzó una relación con Rafael Aguilera, un empresario sevillano afincado en el norte de Marruecos, con el que tuvo una relación intermitente, de idas y venidas. A pesar de que la historia no funcionó, sobre él aseguró mientras concursaba en la casa de GH VIP “Ese fue el amor de mi vida. Yo creo que sí. Después de eso no he vuelto a enamorarme”.

Conocí a Rafa Aguilera de la mano de Mila en un viaje a Tánger. En aquella época, Mila no trabajaba en televisión y, de vez en cuando, hacíamos alguna exclusiva. Hicimos las fotos en el barco de Rafael y después nos agasajó con una comida en su maravillosa casa de Marina Smir, un puerto deportivo situado cerca de Cabo Negro, en el norte de Marruecos. Rafa era amable, atractivo, misterioso, culto, sibarita, un auténtico “bon vivant”. El empresario español afincado en Marruecos colmó, durante unos años, sus aspiraciones sentimentales.

POSADO EXCLUSIVO DE MILA XIMENEZ EN IBIZA JJS / JP / ©KORPA 25/06/02 IBIZA *** Local Caption *** MILA XIMENEZ EXCLUSIVE FOTOGRAPHIES SESION IN IBIZA FOTO: La Razón (Custom Credit) GTRES

Tras hacer el reportaje en el que declaraba su amor por él, Mila me confesó en privado, que su relación con Rafael no funcionaría nunca, y no por culpa de él. Le guardaré el secreto y sólo diré que la desconfianza se había instalado entre ellos. Pero aún así, durante décadas, mantuvieron esta amistad con derecho a roce, con idas y venidas, y encuentros amorosos entre las mansiones de Aguilera en Sevilla y Cabo Negro.

Con él, Mila podría haber sido feliz si no se hubiera convertido en una celebridad televisiva. Para estar con él tendría que haber renunciado a su trabajo en televisión y eso era algo que no estaba dispuesta a hacer. Hizo bien. Alguna vez me encontré a Rafa bien acompañado en Marruecos y se lo conté a Mila. Ella seguía sintiendo algo por él y curiosidad por su vida. Cuando él murió, ella y yo, ya no teníamos esa amistad como para que nos llamáramos para hablar de cómo le había afectado su muerte, pero yo sabía lo que sintió cuando lo perdió en vida. Y como tantas cosas que vivimos, se queda para mí.