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Pues a mí la Belarra me pone

Me recuerda al soldado que enviaban al frente en la guerra de Gila con la sola misión de insultar

La ministra de Derechos Sociales, Ione Belarra, ha criticado el informe del CGPJ e insta al PSOE a no modificar la Ley de Vivienda
La ministra de Derechos Sociales, Ione Belarra, ha criticado el informe del CGPJ e insta al PSOE a no modificar la Ley de ViviendaEmilio NaranjoAgencia EFE

Veo a Ione Belarra en sus mítines, tan desaforada y desesperada, bramando bravía, atacando sin piedad a todos y a todas, arrojando el fuego purificador sobre los pecadores y las pecadoras como el Dios bíblico, y me recuerda al soldado que enviaban al frente en la guerra de Gila con la sola misión de insultar: «No mata, decía el humorista, pero desmoraliza bastante». No creo que la Belarra desmoralice mucho, al revés: a mí me pone. Sí, su fogosidad me pone, su pasión despierta en mí voluptuosidades que creía perdidas. Gracias, Ione.

Iluminada y luminosa, en el monte Sinaí de su ministerio y su doctrina inapelable, ella no está «Más allá del Bien y del Mal», como Nietzsche, sino en la certidumbre de lo que es el bien y el mal: sabe quién es el bueno y quién el malo, quién el corrupto y quién el incorrupto, quién se condenará y quién se salvará. Qué absoluta reciedumbre moral, qué seguridad, qué aplomo, qué inmaculada virtud la suya. La Belarra entra en el saloon acariciando las culatas de sus colt 45, caminando como John Wayne, y al instante se vacía, no queda ni el pianista. Saben que dispara a todo lo que se mueve: al hermano de Isabel Díaz Ayuso, a Ayuso, a los que votan a Ayuso, a Ana Rosa Quintana, a Pablo Motos, a toda la prensa canallesca de las cloacas capitalistas…

Contagiado, Roberto Sotomayor, podemita candidato al Ayuntamiento madrileño, advierte a Pablo Motos de que «le va a parar los pies». Me imagino que, tratándose de Motos, se conformará con pincharle las ruedas. No eres nadie si la Belarra no te azota con dureza: ha heredado el látigo con el que Pablo Iglesias flagelaba a Mariló Montero. Qué fuerte, nena.