Internacional

La derecha pone punto final al vacío de poder en Bolivia

La presidenta Jeanine Áñez goza del reconocimiento de las Fuerzas Armadas y de la Policía, pero no del «evismo», que boicoteó la sesión parlamentaria

La Plaza de Murillo de La Paz, con su catedral iluminada como escolta, amanecía ayer con manifestaciones de un pueblo que ondeaba «banderas aymaras». Pedían la vuelta de Evo Morales y del vicepresidente Álvaro García Linera. Algo improbable, ya que ambos huyeron a México y presentaron su renuncia, cerrando, de momento, la puerta a su regreso. Sin embargo, aparte de algunas manifestaciones en el Barrio del Alto, barricadas y cohetes dispersos, a lo lejos, pareciera que los bolivianos ya han asumido que habrá una transición y nuevas elecciones. Es el fin de la era Evo.

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La prueba más sólida es que la senadora Jeanine Áñez ha asumido ya la Presidencia de Bolivia en una sesión del Congreso que no contó con la presencia de los congresistas del Movimiento al Socialismo (MAS), el partido de Evo Morales. Posteriormente, el Tribunal Constitucional avaló el procedimiento. Un comunicado oficial del alto tribunal cita una declaración constitucional de 2001 que al interpretar artículos referidos a la sucesión establece que «el funcionamiento del órgano ejecutivo de forma integral no debe verse suspendido», por lo que el siguiente en la línea sucesora asume «ipso facto» la Presidencia. «Queremos convocar a elecciones lo más pronto posible», anunció Áñez.

La cúpula de las Fuerzas Armadas y de la Policía se reunieron con la presidenta para transmitirle su apoyo. Mientras, en las calles de Santa Cruz, la ciudad más anti Morales del país, finalizó el paro de 21 días liderado por el activista conservador Luis Fernando Camacho.

Los partidarios de Evo no aceptan a Áñez. Juan Cala, diputado de MAS, cuestionó que se convocara a sesiones sin contar con quórum, dado que el partido domina dos tercios de la Asamblea. También se quejó de faltas de garantías y seguridad a sus parlamentarios en el Congreso.

Morales, presionado por los militares, policías y sindicatos, dejó el poder después de que se publicara un informe de la Organización de Estados Americanos en el que se denunciaban graves irregularidades en los comicios del 20 de octubre, en los que fue reelegido para un cuarto mandato. La proclamación de Áñez ha sido reconocida por Estados Unidos, Brasil y el gobierno de Juan Guaidó de Venezuela, mientras que el presidente electo de Argentina, México y Uruguay han calificado lo sucedido de golpe de Estado y no aceptan a la senadora como nueva jefa de Estado.

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En las calles del Alto en la Paz, aún se pueden ver mujeres con poncho, bombines e incluso llamas en el mercado que ordeñan «las cholitas» para dar leche. Es uno de los últimos reductos que otrora defendieron a Evo. Sin embargo, parecen desencantados: «Sin duda hubo grandes avances, somos indigenistas y él nos devolvió el orgullo, pero ya es su hora. El poder a largo plazo no es bueno», asegura. Aunque tampoco ve con bueno ojos esta transición a la fuerza.