Elizabeth Warren abandona la carrera demócrata a la Casa Blanca: ¿A quién beneficia?

Por el momento, se desconoce si la senadora decidirá apoyar a alguno de los dos candidatos que siguen en liza, el también senador Bernie Sanders o el exvicepresidente Joe Biden

FILE PHOTO: Democratic U.S. presidential candidate Senator Elizabeth Warren speaks at her Super Tuesday night rally in Detroit, Michigan, U.S.
Elizabeth WarrenREBECCA COOKReuters

Elizabeth Warren abandona la carrera demócrata. La noticia, adelantada por el New York Times, parecía cuestión de horas toda vez que el Supermartes sepultó las aspiraciones de la senadora por Massachusetts. Un Estado, el suyo, donde ni siquiera logró ser segunda, con 299.733 votos por los 373,173 de Barnie Sanders y, suprema humillación, los 470.294 de Joe Biden. Que en su territorio, supuestamente volcado con sus propuestas, arrasara el candidato centrista, supuso una humillación de la que uno ya sólo puede zafarse entregando la cuchara.

El rotativo neoyorquino recuerda que Warren llegó a asomar como favorita, hace apenas tres meses. Pero después llegaron las urnas, y los resultados fueron más y más deprimentes. Acabó tercera en ese desastre logístico de proporciones cósmicas que fueron los caucus de Iowa, cuarta en New Hampshire, quinta en Nevada, donde Sanders arrasó, y de nuevo quinta en Carolina del Sur. Los resultados del Supermartes confirmaron un entierro político sin remisión posible.

En una conversación con sus colaboradores, difundida por la CNN, explica que «sé que cuando empezamos este no es el mensaje que hubieran querido escuchar. No es la clase de llamada que hubiera querido hacer. Pero me niego a dejar que la decepción nos ciegue respecto a lo que lo hemos logrado. No alcanzamos nuestro objetivo, pero lo que hemos hecho juntos, lo que ustedes han conseguido, marcará una diferencia duradera. No tan grande como hubiéramos querido, pero es importante, y estos cambios provocarán ondas en los próximos años».

La cuestión ahora es dilucidar para quién irá su apoyo. Teóricamente Bernie Sanders es su candidato más afín. Pero les separa una creciente animadversión personal, multiplicada después de que ella lo acusara de haber dudado, en una conversación informal de hace años, de las posibilidades de una mujer para llegar a la Casa Blanca. Unas afirmaciones que Sanders negó y que no enmascaran la tensión entre un progresista que pelea por el voto de la clase trabajadora, en competencia, por ejemplo con Trump, frente a otra más valorada por las clases educadas de la Costa Este.

La otra posibilidad es que Warren apueste por Biden: tendría sentido, si tenemos en cuenta que hay quien opina que el ex vicepresidente con Barack Obama podría proponerle ir de vicepresidente en su candidatura. Por supuesto el movimiento sería considerado como una traición suprema desde el bando de Sanders, que tiene a Warren por una aliada más o menos lejana, y que vive crecientemente convencido de que el establishment político, cultural y financiero pelea y conspira para evitar que el senador por Vermont sea el candidato.

En un contexto donde los fantasmas de 2016 son cada vez más visibles, las alusiones a lo sucedido entre Sanders y Hillary Clinton serán cada vez más abundantes. Una cosa es que Amy Klobuchar, Pete Buttigieg o Michael Bloomberg apoyen a Biden y otra distinta que lo haga Warren.

Quedan para el recuerdo unos primeros debates dignos de olvido y unas intervenciones apoteósicas en los dos últimos, que le sirvieron para recibir una lluvia de millones de dólares en donaciones pero llegaron ya muy tarde para consolidar su posición como alternativa progresista. Además, los mejores golpes de Warren los recibió el citado Bloomberg, al que Warren desarboló por completo y del que no olvidó ni cartografiar las brutales contradicciones de su pasado ni las reclamaciones por sus políticas sociales ni sus impresentables declaraciones a cuenta de las detenciones policiales de los negros y latinos.

De paso, como es habitual en ella, atizó el fantasma de la casta, personificada en el multimillonario dispuesto a comprarse unas elecciones. Olvidó añadir, eso sí, que Bloomberg, su dinero, jugó un papel importante en las últimas elecciones legislativas, donde financió de manera masiva a los candidatos demócratas y contribuyó a la reconquista del Congreso por parte de los demócratas.

Que la salida del ex alcalde de Nueva York, noqueado por la indiscutible máquina dialéctica que esta ex profesora de Harvard, suponga la definitiva entronización de Joe Biden, esto es, de la facción demócrata que supuestamente ella venía a redimir, supone la penúltima y contradictoria hazaña de una senadora a la que el presidente Trump, siempre galante, había apodado Pocahontas.